Perdida CAPÍTULO 137 — Una nueva noticia
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CAPÍTULO 137 — Una nueva noticia

Una nueva noticia

El camino de regreso a casa fue más silencioso de lo habitual.

Milena miraba por la ventana.

Julián conducía, pero de vez en cuando la miraba de reojo.

Los dos sonreían sin darse cuenta.

Era extraño.

La casa era la misma.

Las calles eran las mismas.

Todo parecía exactamente igual.

Y, sin embargo, ellos ya no eran los mismos que habían salido aquella mañana.

Al llegar, Milena abrió la puerta y entró despacio.

Miró alrededor.

La sala.

La cocina.

Las plantas.

Las fotografías que apenas unos días atrás habían comenzado a acomodar.

—Julián.

—¿Sí?

—Ahora esta casa se siente diferente.

Él sonrió.

—¿Por qué?

Milena lo miró.

—Porque ya no somos dos.

Julián permaneció en silencio unos segundos.

Después se acercó y la abrazó.

—Todavía me cuesta creerlo.

—A mí también.

Ella apoyó la cabeza sobre su pecho.

—¿Crees que seremos buenos padres?

Julián sonrió.

—No tengo idea.

Milena soltó una pequeña risa.

—Qué tranquilizador.

—Pero podemos aprender.

Ella levantó la mirada.

—Juntos.

—Juntos.

Se quedaron abrazados durante unos segundos.

Después Milena miró hacia la cocina.

—Tenemos que contárselo a nuestras familias.

—Sí.

—¿Hoy?

Julián negó con la cabeza.

—No.

—¿Por qué?

—Porque quiero que tengamos un poquito de tiempo para nosotros antes de que todos empiecen a llamarnos, felicitarnos y hacer preguntas.

Milena sonrió.

—Tienes razón.

—Podemos preparar algo.

—¿Una cena?

—Una cena.

—¿Y simplemente se los decimos?

—No.

Milena entrecerró los ojos.

—¿Qué estás pensando?

Julián sonrió.

—Todavía no lo sé.

—Eso significa que estás pensando en algo.

—Tal vez.

Ella negó con la cabeza.

—Ya veremos.

Milena caminó hasta el jardín.

Se sentó en una de las sillas y observó las plantas que habían ido colocando juntos.

Julián se sentó a su lado.

Por un momento ninguno dijo nada.

Solo miraron su casa.

La misma que habían elegido casi por casualidad.

La misma que habían comenzado a transformar poco a poco.

Y ahora, sin que ninguno lo hubiera planeado de aquella manera, estaba a punto de convertirse también en el lugar donde crecería su familia.

Milena tomó la mano de Julián.

—¿Te das cuenta?

—Sí.

—Vamos a ser papás.

Julián entrelazó sus dedos con los de ella.

—Sí.

Esta vez ninguno necesitó decir nada más.

La noticia todavía era pequeña.

Apenas comenzaba a existir entre ellos.

Pero ya había cambiado el futuro.

Y, por primera vez, imaginarlo no les daba miedo.

Les daba ilusión.