Perdida CAPÍTULO 135 — Una posibilidad
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CAPÍTULO 135 — Una posibilidad

Una posibilidad

Habían pasado algunos días desde que se mudaron.

La casa empezaba a sentirse diferente.

Ya no parecía una casa recién estrenada, sino el lugar donde vivían.

Había tazas en la cocina, libros sobre la mesa, algunas plantas ocupando sus rincones y pequeñas cosas que habían ido dejando sin darse cuenta.

Ese fin de semana decidieron invitar a la familia para que conocieran finalmente su nuevo hogar.

La tarde transcurrió entre conversaciones, risas y comentarios sobre cada espacio.

—La cocina quedó preciosa —dijo la madre de Julián.

—Milena fue la responsable de la mayoría de las decisiones —respondió él.

—¿La mayoría?

—Bueno… de las importantes.

Milena lo miró.

—No empieces.

Todos rieron.

Habían preparado varias cosas para comer y, en medio de la conversación, Milena tomó un plato.

Probó un poco.

Y lo dejó.

Julián, que estaba sentado a su lado, lo notó.

—¿No vas a comer?

—No sé… hoy no me provoca.

Él miró el plato y después a ella.

—Pero si a ti esto siempre te ha gustado.

Milena volvió a mirar la comida.

Frunció ligeramente el ceño.

—Sí.

Guardó silencio unos segundos.

—A mí esto siempre me ha gustado.

No parecía encontrarle una explicación.

Continuó conversando como si nada hubiera pasado.

Un rato después, mientras todos hablaban en la sala, alguien mencionó el postre.

—Hay fruta también —dijo Milena.

Se levantó y fue hasta la cocina.

Abrió el refrigerador.

Miró varias cosas.

—¿Qué buscas? —preguntó Julián desde la puerta.

—No sé.

Ella tomó una fruta que casi nunca escogía.

—Esto.

Julián levantó las cejas.

—¿Eso?

—Sí.

—Tú casi nunca comes eso.

Milena lo miró.

—Ya sé.

Sonrió, como restándole importancia.

Pero esta vez no dejó de pensar en ello.

Cuando llegó la noche y la familia finalmente se despidió, la casa quedó en silencio.

Julián comenzó a recoger algunos vasos.

Milena permaneció sentada unos segundos en el sofá.

Estaba pensando.

Repasó mentalmente los últimos días.

Había estado comiendo menos de lo habitual.

Algunas cosas que normalmente disfrutaba ya no le provocaban lo mismo.

Y ahora aquel antojo tan extraño.

Entonces apareció otra idea.

Su periodo.

Milena se quedó quieta.

Su ciclo siempre había sido irregular, así que no podía tomar el retraso como una señal definitiva.

Pero ahora…

Las piezas parecían encajar de una manera que no había considerado antes.

Julián regresó a la sala.

—¿Estás bien?

Ella levantó la mirada.

—Sí.

Él se sentó a su lado.

—Estás muy callada.

Milena respiró lentamente.

—Julián…

—¿Sí?

Ella dudó.

—Creo que existe una posibilidad de que esté embarazada.

Él se quedó completamente quieto.

—¿Embarazada?

Milena asintió.

—No estoy segura.

—¿Por qué lo piensas?

—Por varias cosas.

Bajó la mirada hacia sus manos.

—Pero mi periodo es irregular, así que no quiero sacar conclusiones todavía.

Julián la observó en silencio.

—Entonces…

—Quiero estar segura primero.

Él asintió despacio.

No dijo nada más.

Solo tomó su mano.

Milena entrelazó sus dedos con los de él.

Todavía no sabían si aquella posibilidad era realmente una nueva vida comenzando.

Pero por primera vez, ambos la estaban contemplando.

Juntos.