Perdida CAPÍTULO 126 — Volver a lo cotidiano
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CAPÍTULO 126 — Volver a lo cotidiano

Volver a lo cotidiano

Habían pasado varios días desde el funeral.

La vida había vuelto poco a poco a su ritmo habitual.

Julián había retomado sus clases y Milena sus consultas. Los días continuaban con sus horarios, sus responsabilidades y esas pequeñas cosas que antes parecían pasar desapercibidas.

Una tarde, Julián salió de la universidad y encontró a Milena esperándolo cerca de la entrada.

—¿Terminaste?

—Por fin.

—Entonces podemos irnos.

Julián sonrió.

—¿A dónde?

—A cualquier lugar donde no tenga que escuchar a nadie hablar de filosofía durante las próximas horas.

Él soltó una risa.

—Eso suena como una excelente idea.

Caminaron juntos hasta el auto.

Durante el trayecto hablaron de cosas sencillas.

Milena le contó algo que había ocurrido durante una consulta y Julián le habló de uno de sus estudiantes.

No había nada extraordinario en aquella conversación.

Y quizá precisamente por eso se sentía tan bien.

Después de varios días en los que todo había girado alrededor de despedidas, recuerdos y momentos difíciles, volver a hablar de cualquier cosa les resultaba casi necesario.

Al llegar a casa de Milena, ella dejó sus cosas sobre una silla y se dirigió a la cocina.

—¿Quieres café?

—Sí.

—¿Con azúcar?

—Sabes perfectamente cómo me gusta.

Milena lo miró desde la cocina.

—Solo quería comprobar si todavía te acuerdas de cómo pedirlo.

—Después de todo este tiempo, creo que ya pasé esa prueba.

Ella sonrió.

Prepararon el café y terminaron sentados en la sala.

Julián observó a Milena durante unos segundos.

—¿Qué?

—Nada.

—Me estás mirando.

—Solo estaba pensando.

—Eso siempre es peligroso contigo.

Julián se rio.

—Estaba pensando que me gusta esto.

—¿El café?

—Esto.

Milena lo miró.

—¿Qué cosa?

Julián señaló alrededor.

—Estar aquí. Hablar contigo. Que un día pueda ser simplemente un día.

Milena sonrió.

—A mí también me gusta.

Julián tomó su mano.

No necesitaban hablar más.

Después de todo lo que habían vivido, también habían aprendido a disfrutar de aquello que no necesitaba convertirse en algo extraordinario.

A veces bastaba con estar juntos.

Y aquella tarde, sin haberlo planeado, hicieron exactamente eso.