CAPÍTULO 123 — Lo que daba por hecho
Lo que daba por hecho
Los días pasaron y Elena no volvió a escribirle a Julián.
No había decidido dejar de hacerlo.
Simplemente no encontró una razón para volver a buscarlo.
Su madre seguía ocupándose de la casa, los días comenzaban a recuperar cierta rutina y poco a poco Elena también iba encontrando momentos en los que podía pensar en otras cosas.
Sin embargo, de vez en cuando, recordaba aquel mensaje que Julián nunca respondió.
No le molestaba.
Tampoco se sentía herida.
Solo le resultaba extraño.
Durante tantos años había dado por hecho que, si le escribía a Julián, él terminaría respondiendo.
Quizá no inmediatamente.
Pero lo haría.
Siempre había sido así.
Elena se quedó pensando en eso una tarde mientras organizaba algunas cosas de su padre.
Recordó las conversaciones que habían tenido años atrás.
Algunas comenzaban por una razón concreta y terminaban hablando durante horas.
Otras simplemente surgían porque alguno de los dos tenía algo que contar.
También recordó las veces que lo había llamado cuando necesitaba hablar.
Julián escuchaba.
A veces durante toda la noche.
Y si ella estaba pasando por un momento difícil, no era extraño que apareciera.
Nunca había tenido que preguntarse si podía contar con él.
Simplemente lo sabía.
Para Elena, todo aquello siempre había formado parte de su amistad.
Una amistad cercana.
De esas que se construyen después de tantos años y que terminan sintiéndose como una parte natural de la vida.
Nunca había pensado demasiado en la cantidad de espacio que Julián ocupaba en la suya.
Porque para ella era sencillo.
Era Julián.
Su amigo.
El amigo que conocía desde hacía tantos años.
El que sabía cosas que pocas personas sabían de ella.
El que había estado presente en momentos importantes.
Y quizá por eso nunca se había detenido a mirar aquella relación desde otro lugar.
Elena dejó sobre la mesa lo que tenía en las manos.
Por unos segundos pensó en la mañana en casa de los padres de Julián.
En cómo él había estado con ella durante el funeral.
En cómo había permanecido a su lado después.
En la manera en que había escuchado sus recuerdos.
Nada de eso había cambiado.
Julián seguía siendo el mismo amigo que ella conocía.
Lo diferente era que ahora podía ver que también tenía una vida que no giraba alrededor de ella.
Una vida que había construido durante los años en que estuvieron distanciados.
Una vida en la que había espacio para otras personas, otros planes y otras prioridades.
Y eso era completamente normal.
Elena lo entendía.
Pero, al pensar en el pasado, algo comenzó a parecerle curioso.
Ella había recibido durante mucho tiempo una atención que nunca había considerado extraordinaria.
Las llamadas.
La disponibilidad.
La preocupación.
La cercanía.
Todo había estado ahí.
Y ella simplemente lo había aceptado como parte de lo que significaba ser amigos.
Nunca había necesitado preguntarse qué significaba para Julián.
Elena se quedó unos segundos en silencio.
Tal vez porque nunca había pensado que fuera necesario hacerlo.
Hasta ahora.
Miró hacia la ventana.
No tenía una respuesta.
Tampoco estaba intentando encontrar una.
Solo empezaba a mirar hacia atrás desde un lugar diferente.
Y comprendió que, a veces, dos personas podían compartir exactamente los mismos momentos y aun así guardar una historia distinta de ellos.
Quizá eso era lo que había ocurrido entre Julián y ella.
Pero todavía no sabía qué parte de aquella historia había visto cada uno.