Perdida CAPÍTULO 112 — La llamada
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CAPÍTULO 112 — La llamada

La llamada

Habían pasado algunos días desde el almuerzo en casa de los padres de Milena.

La rutina había vuelto a ocupar su lugar.

Trabajo, mensajes durante el día y algún encuentro cuando los horarios de ambos lo permitían.

Aquella tarde, Julián estaba en casa revisando unos apuntes de la universidad cuando su teléfono comenzó a sonar.

Miró la pantalla.

Elena.

Hacía tiempo que no hablaban.

Después de aquel encuentro en casa de sus padres, cada uno había seguido con su vida y no habían vuelto a comunicarse.

Julián tomó el teléfono y respondió.

—Hola, Elena.

—Hola, Julián.

Su voz sonaba diferente.

Más apagada.

—¿Cómo estás?

Hubo un pequeño silencio.

—No muy bien.

Julián dejó los apuntes sobre la mesa.

—¿Qué pasó?

Elena respiró profundamente antes de responder.

—Mi papá murió.

Julián se quedó quieto.

—¿Qué?

—Murió esta mañana.

La noticia lo golpeó de inmediato.

Durante unos segundos no encontró qué decir.

Aquel hombre había formado parte de muchos momentos de su vida. Lo había recibido en su casa, lo había aconsejado y lo había acompañado durante años.

Para Julián había sido como un segundo padre.

—Lo siento mucho, Elena.

—Gracias.

—¿Qué pasó?

—Estaba enfermo desde hacía algún tiempo. Al final todo fue muy rápido.

Julián bajó la mirada.

Recordó algunas conversaciones, reuniones familiares y momentos que ahora parecían pertenecer a otra época.

—Él siempre preguntaba por ti —dijo Elena.

Julián sonrió con tristeza.

—Yo también preguntaba por él.

Hubo un silencio entre ambos.

Esta vez no resultaba incómodo.

Solo había tristeza.

—El velorio es mañana —dijo Elena—. Quería avisarte.

—Voy a estar ahí.

Elena respiró profundamente.

—Sabía que irías.

—Lo siento mucho.

—Gracias por venir.

La llamada terminó unos minutos después.

Julián dejó el teléfono sobre la mesa y permaneció sentado.

No estaba pensando en Elena.

Estaba pensando en su padre.

En todo lo que aquel hombre había significado para él.

Tomó nuevamente el teléfono.

Buscó el nombre de Milena y la llamó.

Ella respondió después de unos segundos.

—Hola.

—Hola.

Milena reconoció de inmediato el tono de su voz.

—¿Qué pasó?

—Me llamó Elena.

Milena guardó silencio, esperando.

—Su papá murió.

—Ay, Julián…

—Era muy importante para mí. Para mí era como un segundo padre.

—Lo siento mucho.

—Mañana es el velorio.

—¿Quieres que vaya contigo?

Julián dudó apenas un instante.

—Sí.

—Entonces voy.

—No tienes que hacerlo si no quieres.

—Quiero hacerlo.

Él respiró profundamente.

—Gracias.

—¿Estás solo?

—Sí.

—Voy para allá.

—Está bien.

La llamada terminó.

No pasó mucho tiempo antes de que tocaran a la puerta.

Julián abrió.

Milena estaba allí.

No dijo nada al principio.

Solo se acercó y lo abrazó.

Julián correspondió al abrazo.

Por unos segundos permanecieron así.

—Lo quería mucho —murmuró él.

—Lo sé.

Milena se quedó a su lado.

No intentó llenar el silencio con palabras.

Simplemente estuvo allí.

Y esa noche, Julián agradeció no tener que enfrentar solo la tristeza de despedir a alguien que había sido tan importante para él.