Capítulo Seis
Gray
Me despierto con la sensación de que falta algo. Al principio no logro identificar qué. El corazón me da un vuelco y me giro.
V.
Mi cuerpo lo había recordado antes que mi mente. Supongo que con él siempre es así. Mi cuerpo sabe más que mi cabeza. Como correrme tan fuerte que casi pierdo el conocimiento.
Me quedo tumbada un rato, mirando la marca en la almohada.
Debe de haberse quedado casi toda la noche para dejar esa huella.
Nunca he compartido cama con un hombre, pero dormí de maravilla, probablemente mejor que nunca desde que empezó esta pesadilla de huir de quien quiere hacerme daño.
La cuestión es que me sentí protegida y querida por primera vez en mucho tiempo.
Vamos, que Danny sabe protegerme, pero su forma de hacerlo es asustar a todo el que se me acerca.
Cierro los ojos y revivo la noche anterior.
Su polla, tan grande y masculina. Sus muslos fuertes y peludos mientras se arrodillaba sobre mí, masturbándose.
Nunca había visto nada igual y me entraron ganas de correrme otra vez.
Después me arropó y me estrechó contra él.
Me hizo sentir pequeña y preciosa. Especial.
En los brazos de V, sentí que nada ni nadie podía hacerme daño. Me sentí invencible.
Salgo de la cama y me estiro antes de ir a la ducha.
Me llega el olor a comida. Es curioso, nunca me lo habría imaginado cocinando, pero le pega.
Me ducho rápido, deseando ver a V. ¿Volverá a apartarme?
¿Fingirá que no pasó nada? No soy tonta, entiendo por qué no quiere ceder.
Soy mucho más joven que él y me conoce desde hace años.
En cierto modo, soy como una hermana pequeña.
Pero después de anoche, ¿cómo puede siquiera fingir que es capaz de mantenerme a distancia?
Quiero más de él. Lo quiero todo. Tengo que convencerlo de que merece la pena dejarse llevar.
Me seco con la toalla, me la enrollo al cuerpo y vuelvo al dormitorio a cambiarme.
Si fuera mayor, quizás, y más experimentada, saldría a la cocina sin más, dejaría caer la toalla y le exigiría que me hiciera suya.
Pero no lo soy. No tengo ni idea de lo que hago.
V ha despertado algo en mí que nunca había sentido.
Ojalá supiera cómo convencerlo de que llegue hasta el final.
Hace un día soleado y cálido, con los rayos del sol centelleando sobre el lago.
Me fastidia estar encerrada aquí dentro con un día tan bonito.
Me pongo un vestido blanco con botoncitos en la parte delantera y me calzo unas sandalias antes de pasarme el cepillo por el pelo y dejármelo suelto.
Mi hermano lo tenía todo preparado para que viniera aquí y me dejó algo de maquillaje y artículos de aseo.
Odia que me maquille mucho, pero me alegro de que al menos me dejara crema hidratante y rímel.
Me extiendo la crema por la cara, me pongo un poco de bálsamo labial y me aplico el rímel antes de echarme perfume.
Miro la colección de cosas que Danny me dejó y niego con la cabeza.
Pensar que llevaba tiempo preparándose para el día en que alguien intentara hacernos daño...
Ojalá no hubiera sido tan ingenua e ignorante.
Ni siquiera sé qué haré cuando vuelva a casa.
V está de espaldas cuando entro en el salón. Está junto a los fogones y oigo algo chisporroteando. El estómago me ruge en respuesta y él se gira.
—Lo siento.
Noto cómo me arden las mejillas.
Me dedica una sonrisa. No es una de esas sonrisas amplias, encantadoras y pícaras, sino una cautelosa, de esas que le arrugan las comisuras de los ojos pero sin comprometerse del todo.
Me encantaría conseguir que sonriera de verdad, pero V sigue siendo un misterio para mí.
Una locura, ¿no? Teniendo en cuenta lo que hicimos anoche.
Joder, ni siquiera sé qué significa la V.
Solo puedo esperar que tengamos más tiempo.
Dijo que contactaría con mi hermano en unos días, ¿y luego qué?
¿Se habrá acabado todo? No sé si podré soportarlo.
—Me alegro de que tengas hambre —dice, señalando la encimera con la cabeza—. Siéntate. La comida estará lista enseguida.
Miro el reloj de pared de la cocina.
—No quería dormir hasta tan tarde. ¿Cómo sabías que no me levantaría hasta ahora?
—Lo intuí. Sabía que necesitarías descansar.
Después de ese orgasmo explosivo, quiere decir.
Se me eriza la piel al recordarlo. Quiero decírselo, pero las palabras no me salen, así que me siento y clavo la vista en la encimera de mármol.
Ojalá tuviera más experiencia con los hombres.
Ojalá supiera cómo hacer que me deseen. Debo de estar haciendo algo mal si él no cede.
Pone en la encimera lo que resulta ser un plato de tortitas con beicon y me pasa una jarrita de sirope.
—Esto es demasiado —digo, mirando la montaña de comida.
—Come, pequeña. Tienes que mantener las fuerzas. No pienso dejar que adelgaces.
Quizás sea eso. Soy demasiado delgada. No soy lo bastante deseable. Si pareciera más mujer, no podría resistirse.
V me pone un dedo bajo la barbilla y me obliga a mirarlo.
—¿Qué te pasa?
—Sé que estoy demasiado flaca —murmuro.
Su expresión pasa de suave a furiosa en cuestión de segundos. Rodea la encimera, agarra la silla en la que estoy sentada y la gira para que quede frente a él. Apoya las manos a cada lado, dejándome atrapada. Abro los ojos de par en par mientras observo este despliegue.
—No vuelvas a decir eso jamás.
—Pero...
—Tú nunca eres demasiado nada, Gray. Nunca demasiado flaca ni demasiado dulce ni demasiado lista. Nunca. Si alguien te dice eso alguna vez, lo mato, ¿me oyes? Si alguien no te aprecia tal como eres, no merece vivir.
—No creo que...
—Eres perfecta.
Se echa hacia atrás y me acaricia la cara con un dedo.
—Jodidamente perfecta.
Señala la comida con la cabeza.
—Solo quiero que no vuelvas con Danny habiendo perdido peso. Quiero cuidar de ti, pequeña, y esto es estresante para ti. Seguramente no estés comiendo lo suficiente. Eso es todo.
V se encoge de hombros.
—Y me gusta cocinar para ti —añade.
Esa mirada ligeramente tímida me atraviesa el corazón. Por eso necesito más tiempo con él. Estoy descubriendo tantas cosas, como que le gusta cocinar para los demás o que no le importa ver pelis románticas cursis. Que anoche no me soltó mientras dormíamos y cómo suena cuando se corre.
Quiero saber más.
V se sienta a mi lado y me pasa los cubiertos. Espera a que eche el sirope y empiece a comer antes de servirse él. Es una combinación increíble de caballero y hombre rudo y atractivo. Su mujer tenía que estar loca para dejarlo.
—V, ¿estás divorciado?
La pregunta se me escapa antes de poder contenerla. Ni siquiera sé por qué me importa.
—Es que lo has dicho como si…
Hace una pausa, cuchillo en mano.
—Sí, estamos divorciados. Ella pidió el divorcio unos años después de marcharse.
—No pretendía—
—Tienes curiosidad, lo entiendo. No te sientas mal por preguntar. Pero, créeme, no tengo nada interesante que contar. Y a veces es mejor no saber.
¿Lo dice porque cree que no me gustará lo que descubra sobre él, o quizás se refiere a las actividades de mi hermano?
—No me hace gracia haber estado a oscuras sobre mi hermano.
—Danny quería protegerte. No tiene nada de malo querer mantener a salvo a tu hermana pequeña.
Miro la tortita perfectamente esponjosa y siento que el hambre empieza a desvanecerse.
—Pero mi vida… está financiada por… lo que sea que él haga. O sea, siempre supe que no era precisamente un hombre de negocios honrado, pero nunca me imaginé que fuera así. Es como de la mafia o algo, ¿no?
—De la mafia no, no.
—¿Pero trafica con cosas que no debería? ¿Cosas por las que la gente quiere matarlo?
—Pequeña…
—Quiero saberlo, V. No es justo. Si alguien intenta hacerme daño para llegar a Danny, merezco saberlo todo.
Respira hondo y lo oigo soltar el aire despacio.
—Eso debería contártelo Danny.
—Bueno, Danny no está aquí, ¿no?
Dejo el tenedor.
—Dímelo, V. Quiero saberlo todo.
Se frota la cara y gira en la silla para mirarme.
—Vale, ¿quieres saber? ¿De verdad quieres saber lo oscuro y sucio que es nuestro mundo? Porque no lo olvides, Gray, yo también formo parte de ese mundo. Si no te gusta lo que descubras, mala suerte. Estás atrapada conmigo, te guste o no.
—No tengo miedo.
Aunque el corazón me late desbocado en los oídos.
—Danny empezó robando coches. Era bueno.
Muy bueno. Conseguía los coches más caros de la zona.
Fue subiendo. El taller en el que estabas cuando pasó todo solía ser de un tipo llamado Marcus Whittal.
Un día le pegaron un tiro a Marcus y acabó en el hospital.
Le pidió a Danny que se encargara de todo.
Pero Marcus nunca salió de ese hospital.
—¿Murió?
—Sí, y no creo que fuera por las heridas.
—No entiendo.
—Alguien se aseguró de que no se recuperara.
Se me cae la mandíbula y la cierro. ¿Cómo no me di cuenta de lo metido que estaba Danny?
—Todo esto pasó cuando eras pequeña. Solo estabais él y tú, y no teníais dinero. Danny quería asegurarse de que nunca tuvieras que recurrir a robar coches. Seguramente no te acuerdes de mucho.
Asiento. Nos llevamos quince años. Yo tenía tres cuando murió nuestra madre, pero Danny tenía dieciocho y se quedó con mi custodia.
Tengo vagos recuerdos de un piso pequeño del que Danny nos sacó unos años después.
Y un par de años más tarde, nos mudamos a una casa aún más grande.
Danny decía que el trabajo le iba bien, pero nunca hablaba de ello.
Sabía que había algo raro con tantos coches caros, y luego todo el mundo empezó a decir que estaba metido en la mafia.
Nunca les creí, pero Danny daba el suficiente miedo como para mantener a todos alejados de mí.
Eso significaba que algo turbio estaba pasando.
Supongo que simplemente nunca quise darle muchas vueltas.
—Si hay gente intentando matarnos, significa que es poderoso, ¿no?
V asiente y continúa:
—Después de los coches, pasó a las armas. Y alguna que otra cosa más.
Dejo caer la cabeza entre las manos.
—¿Armas? Ay, Danny.
Me da unas palmaditas torpes en la cabeza.
—Querías saberlo.
Levanto la barbilla y asiento.
—Sí, yo lo pedí. Pero, Dios, V… ¿cuánta gente ha muerto por culpa de Danny? ¿Por mi culpa?
—No es culpa tuya, Gray.
—Dijiste que Danny quería asegurarse de que no me faltara de nada, y así es. He recibido una educación excelente, tengo una casa preciosa, todo lo que podría desear…
Bueno, excepto una cosa.
V, por supuesto.
—No eres responsable de las decisiones de Danny.
—Debes de pensar que soy tonta de remate.
—No. Danny hizo lo que pudo para protegerte.
Recoge mi tenedor, me lo pone en la mano y señala las tortitas.
—No eres responsable de las decisiones de los demás. A veces hay que aceptarlo y punto. Venga, come antes de que se enfríe.
Termino la tortita y el beicon, pero tengo la cabeza hecha un lío.
Por fin he reunido el valor para preguntar por Danny y no consigo quitármelo de la cabeza.
Estos últimos días apenas he podido pensar con claridad.
Es una tontería, pero nunca se me ocurrió tener miedo. Supongo que V tiene ese efecto en mí.
—¿Debería tener miedo?
Niega con la cabeza mientras recoge los platos. Me levanto de un salto para ayudar, pero me hace un gesto para que vuelva a sentarme.
—Danny lo solucionará, y no pienso permitir que te pase nada.
Deja los platos en el fregadero y me mira.
—Pequeña, no te va a pasar nada, te lo juro. Tendrían que matarme primero.
Asiento. Debe de haber algo mal en mí porque nunca llegué a sentir miedo, al menos no después de volver al apartamento de V. Su sola compañía basta para hacerme olvidar todo lo que está pasando en el mundo.
Se apoya en la encimera, obligándome a levantar la barbilla y mirarlo.
—Tu hermano tomó decisiones para que pudieras tener una buena vida. Ha hecho cosas de las que se arrepiente, joder, ¿quién no?, pero lo hizo para que tú llegaras más lejos que él. No dejes que todo haya sido en vano.
—¿Aunque yo haya ganado mientras otros perdían?
—Eres una buena chica, Pequeña. No dejes que el mundo te corrompa. Aprovecha lo que te han dado y úsalo para hacer el bien. No te hundas en este mundo en el que vivimos.
Ladeo la cabeza y lo observo.
—¿Alguna vez quieres dejarlo todo?
—Todos los días —dice, dándose la vuelta para meter los platos en el lavavajillas—. Todos los puñeteros días.