Peligrosa Obsesión (Sangre y Lealtad 2) CAPÍTULO 10
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CAPÍTULO 10

LORENZO

Un día antes…

La reunión de emergencia se convoca en el despacho de Leonardo a las once de la noche.

Treinta minutos después de la llamada de El Patrón. Treinta minutos en los que he tenido que mantener la compostura delante de los trescientos invitados a la boda de Tessa y Viktor mientras por dentro rugía la necesidad de hacer algo, lo que fuera, para neutralizar la amenaza.

Cuando entro, Romeo ya está ahí. De pie junto a la ventana con esa inmovilidad absoluta que lo caracteriza. Massimo revisa algo en su portátil, tecleando con la eficiencia de siempre. Salvatore comprueba el perímetro del despacho, aunque estamos en territorio seguro.

Leonardo está detrás de su escritorio. Tiene la mandíbula tan apretada que se le marcan los músculos. Las cicatrices en su rostro están más pronunciadas bajo la luz de la lámpara.

Es una furia que reconozco. Fría. Calculada. Letal.

—Cerrad la puerta —ordena cuando Salvatore es el último en entrar.

El sonido de la puerta al cerrarse resuena en el silencio tenso.

Leonardo se recuesta en su silla y cruza las manos sobre el escritorio con esa calma que solo muestra cuando está a punto de declarar la guerra.

—El Patrón acaba de llamarme —dice, y su voz sale como hielo—. Sabe lo de Mexicali. Tiene testigos que me vieron matar a sus hombres.

Me tenso entero.

Sabíamos que esto llegaría. Llevamos dos semanas preparándonos para este momento exacto. Pero escucharlo en voz alta lo vuelve real del todo.

—¿Qué ha dicho exactamente? —pregunta Massimo, con los dedos ya moviéndose sobre el teclado.

—Que esto es una declaración de guerra. —Leonardo se inclina hacia delante—. Que cuando termine conmigo, voy a desear haber ido a negociar cuando tuve la oportunidad.

Romeo se remueve apenas junto a la ventana. Es el único indicio de que la información le afecta.

—¿Ha dado algún plazo? ¿Alguna demanda específica? —pregunto. Necesito saber a qué nos enfrentamos.

—No. —Leonardo niega con la cabeza—. Pero ha dejado claro que no va a limitarse a mí. Ha nombrado a Arianna, a Tessa y a Olivia.

La rabia me explota en el pecho.

Se me nubla la vista durante un segundo. Todo se vuelve rojo mientras proceso lo que acaba de decir.

Ha mencionado a Arianna.

El hijo de puta se ha atrevido a pronunciar su nombre.

A amenazarla.

Me pongo de pie de golpe y la silla se desliza hacia atrás con un chirrido.

—¿Qué ha dicho exactamente sobre ellas? —Las palabras salen como un gruñido que apenas reconozco como mi propia voz.

Leonardo me mira con una expresión que no le he visto nunca.

—Que cuando termine, no quedará nada de lo que amo. Que va a destruir todo lo que me importa. Familia incluida.

La necesidad de salir de este despacho, de coger un avión a México ahora mismo y encontrar a ese hijo de puta es tan intensa que tengo que cerrar los puños hasta clavarme las uñas en las palmas.

—Lorenzo. —La voz de Leonardo corta el aire—. Siéntate.

No es una sugerencia. Es una orden.

Me obligo a sentarme, a respirar, a pensar con claridad en lugar de dejarme arrastrar por la furia que amenaza con consumirme.

—Romeo, Salvatore. —Leonardo se gira hacia ellos—. Desde este momento, vuestra única prioridad es Olivia. Protección constante. Rotación de turnos. No la quiero ni un segundo sin vigilancia.

Ambos asienten.

—Massimo, Lorenzo. —Ahora me mira a mí—. Quiero información sobre El Patrón. Todo. Sus rutas, sus aliados, sus puntos débiles. Y quiero saber si podemos conseguir alianzas que nos ayuden a acabar con el Cártel del Desierto.

—Sí, Don —responde Massimo al instante.

Yo solo asiento; no me fío de mi propia voz.

—Tenemos trabajo que hacer. Massimo, empieza con los contactos en México. Quiero nombres de gente dispuesta a hablar sobre El Patrón. Lorenzo, tú busca alianzas potenciales. Familias que puedan estar interesadas en compensar la pérdida del Cártel.

—Entendido —dice Massimo sin levantar la vista del teclado.

—Podéis iros. —Leonardo hace un gesto de despedida. Está fuera de sí.

Al igual que yo.

Salgo del despacho con la mandíbula apretada y las manos cerradas en puños.

Tengo una misión vital:

Proteger a Arianna del Cártel del Desierto.

Nada me importa salvo su seguridad.