Peligrosa Obsesión (Sangre y Lealtad 2) PRÓLOGO
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Peligrosa Obsesión (Sangre y Lealtad 2)

Peligrosa Obsesión (Sangre y Lealtad 2)

Por Violeta Dark

© inepub.com

PRÓLOGO

LORENZO

El grito de Arianna atraviesa las paredes del despacho de Leonardo como un cuchillo.

—¡NO SOY UNA NIÑA!

Me detengo en seco en mitad del pasillo, con los informes sobre el Cártel del Desierto que venía a entregarle a Leonardo apretados entre las manos.

Llevo muchos años trabajando para este hombre. Muchos años siendo su mano derecha, su consejero, su hermano en todo excepto en sangre. Y en todo ese tiempo, nunca lo he oído gritar.

Hasta ahora.

—¡NO VOY A ARRIESGAR TU VIDA PORQUE SEAS TAN TESTARUDA! —La voz de Leonardo retumba por todo el tercer piso.

Mierda.

Debería dar media vuelta. Volver más tarde cuando los ánimos se hayan calmado. Esto no es asunto mío. Es un asunto familiar.

Ojalá pudiese meterme eso en la cabeza cuando se trata de Arianna.

Pero entonces la oigo hablar otra vez y sé que estoy perdido.

Mis pies siguen avanzando por voluntad propia.

—¡Me mandaste lejos cuando era una cría! ¡Para protegerme, lo entiendo! ¡Pero ya no soy una niña, Leonardo!

Me acerco a la puerta del despacho. Está entreabierta. Miro dentro.

Leonardo está de pie detrás del escritorio, con las manos apoyadas en la superficie de caoba, inclinado hacia delante. Se le tensan las cicatrices de la cara, retorcidas por la furia apenas contenida.

Y frente a él, con los brazos cruzados y la barbilla levantada en desafío puro, está Arianna.

Lleva vaqueros y una camiseta básica, con el pelo negro suelto sobre los hombros. No hay ni rastro de miedo en su cara. Solo determinación feroz.

Es jodidamente impresionante. Preciosa.

—Estamos en un momento muy peligroso, Arianna.

—Entonces enséñame a defenderme. —Da un paso adelante—. Enséñame a disparar. A pelear. A ser algo más que la hermana indefensa del Don.

—Por encima de mi cadáver.

—¿Por qué no? —Hay frustración real en su voz ahora—. ¿Porque soy una mujer? ¿Porque piensas que soy demasiado débil?

—Porque eres mi hermana. —Leonardo rodea el escritorio y se acerca a ella—. Y ya he perdido bastante. No voy a perderte a ti también.

—No vas a perderme. —Arianna no retrocede ni un centímetro cuando él se planta frente a ella—. Pero tampoco voy a esconderme. Voy a seguir viviendo mi vida. Voy a salir. Voy a trabajar en la organización. Y si eso te molesta, tendrás que acostumbrarte.

—No te voy a permitir hacer nada sin protección. —Leonardo levanta la mano bruscamente, gesticulando con frustración pura—. Ni de coña, Arianna. Ni de…

Y yo me muevo.

No lo pienso. No calculo. Solo cruzo el umbral del despacho y me coloco entre Leonardo y Arianna en dos zancadas.

El silencio que cae tras mi aparición es absoluto.

Leonardo me mira con los ojos muy abiertos, claramente sorprendido por mi reacción.

Tiene la mano todavía levantada en el aire, congelada en mitad del gesto.

Es evidente que no la iba a golpear, solo estaba a punto de pasarse la mano por el pelo.

Pero yo me he vuelto loco. Joder. Puedo sentir a Arianna detrás de mí. Tiene la respiración acelerada.

—Lorenzo. —Dice Leonardo, bajando la mano lentamente.

Y entonces veo cómo cambia su expresión. Cómo pasa de sorpresa a algo más. Comprensión. Como si acabara de ver algo de lo que no se había dado cuenta antes.

Se queda en silencio durante unos segundos, estudiándome. Luego mira a Arianna detrás de mí. Luego otra vez a mí.

Y asiente despacio, ya decidido.

—Mis mejores hombres están protegiendo a Olivia —dice por fin, rompiendo la tensión del momento, con la voz esta vez más calmada—.

Romeo y Salvatore. Los necesito con ella porque El Patrón la ha amenazado y no puedo soportar que le pase nada.

Al igual que tampoco puedo soportar que le pase a Arianna.

Lo escucho con atención intentando descubrir a dónde va con eso.

Leonardo me rodea y se dirige hacia Arianna.

—Si quieres quedarte, te lo permitiré. Pero solo con una condición: que tengas un guardaespaldas personal. Las veinticuatro horas del día. Sin excepciones.

—Leonardo, no quiero…

—No es negociable, Arianna. Es eso o te largas. —Me señala sin apartar los ojos de su hermana—. Lorenzo va a ser tu sombra. Adonde tú vayas, él va. Y si intentas escaparte, te juro que te mando lo más lejos posible de esta casa.

Arianna abre la boca para protestar, pero entonces se gira hacia mí.

Me sostiene la mirada, se le suaviza la cara y le asoma una pequeña sonrisa en los labios.

—Está bien. —Dice, sin apartar la mirada de mí—. Acepto tener un guardaespaldas, pero solo porque es Lorenzo.

El puto suelo se abre bajo mis pies.

Esto no puede estar pasando.

—Pues está decidido —Leonardo cruza los brazos—. Lorenzo empieza mañana. Y que te quede claro, Arianna: Lorenzo va contigo a todas partes. No hay excepciones. No hay escapatoria. ¿Entendido?

—Entendido. —Arianna sigue mirándome con una expresión que no consigo descifrar pero que me pone completamente alerta.

Leonardo me mira de repente, como si se hubiera dado cuenta en ese instante de que quizás yo tengo algo que decir.

—¿Tienes algún problema con esto?

Sí, mil. Tengo mil problemas con estar cerca de Arianna.

—No. —Respondo en su lugar.

—Pues entonces está todo decidido. Ahora podéis iros los dos. Tengo muchas cosas que hacer.

Y con esas palabras, Leonardo firma mi sentencia de muerte sin saberlo.

Arianna sale del despacho primero. Yo la sigo, y siento el peso de lo que acabo de aceptar caerme sobre los hombros como plomo.

En el pasillo, ella se gira hacia mí.

—Gracias —dice con la voz más suave ahora—. Por lo que has hecho ahí dentro.

—No tienes que agradecérmelo.

—Sí tengo. —Se acerca un paso, y su perfume me golpea como un puñetazo. Siempre ha olido demasiado bien—. Nadie me había defendido así antes. Y mucho menos de mi hermano.

—Ha sido solo un acto reflejo —miento.

Arianna me mira contrariada durante unos segundos, pero luego esboza una sonrisa.

—Aun así, me alegro de que tú vayas a ser mi guardaespaldas.

No sabe lo que está diciendo.

No sabe que cada segundo cerca de ella va a ser una tortura.

—Parece que ese es mi trabajo ahora. —Consigo decir—. Protegerte.

Hay un silencio incómodo. Ella me mira con esos ojos verde bosque idénticos a los de su hermano, pero mucho más cálidos.

—Bueno —dice por fin—. Entonces supongo que nos vemos mañana. A primera hora.

—A primera hora. —Confirmo.

Ella sonríe otra vez, con esa sonrisa dulce que hace que mi jodido corazón se dispare.

—Buenas noches, Lorenzo.

—Buenas noches, Arianna.

Se aleja por el pasillo hacia su habitación, y yo siento cómo cada paso suyo se lleva un pedazo de mi control.

Me obligo a quedarme quieto. A no seguirla con los ojos. A no hacer nada que pueda traicionar lo que siento.

Cuando desaparece al doblar la esquina, voy a mi habitación, cierro la puerta y me apoyo contra ella.

Y me permito reconocer la verdad.

Estoy jodido del todo.

Y me obligo a admitir lo que me he estado negando durante años.

Que cada día que pasa me resulta más difícil recordar por qué no puedo tenerla.

Que estoy enamorado de ella de una forma tan profunda y desesperada que me está destruyendo.

Y que ahora voy a tener que estar a su lado a todas horas, protegerla del mundo mientras me protejo a mí mismo de ella.

Leonardo me salvó la vida hace años. Le debo todo. Y no voy a traicionarlo tocando a su hermana.

Aunque resistirme me mate. Aunque cada día sea una tortura. Aunque sepa que tarde o temprano voy a explotar.

Y cuando lo haga… Todo mi mundo va a saltar por los aires.