TODOS LOS HOMBRES DEL PRESIDENTE
Dos periodistas con flequillo y pantalones acampanados que trabajan en The Washington Post se dedican a investigar el asunto de unos cacos que robaron documentos de una máquina de café en la sala del Comité Nacional del Partido Demócrata estadounidense, por encargo expreso del Partido Republicano estadounidense, que estaba integrado por unos sinvergüenzas estadounidenses.
Robert Redford (al que aún no le habían salido las otoñales arrugas en el rostro con las que sedujo a la Streep en Memorias de África ) y Dustin Hoffman (que en aquellos días era joven y se hacía la ilusión de que todavía podría crecer) fueron los actores que desempeñaron los papeles de Bob Woodward y Carl Bernstein, los reporteros que fueron galardonados pulitzéricamente por contar aquellas porquerías de aquellos políticos.
Sobornando a un confidente con bocadillos de panceta de cerdo de Oklahoma, los dos periodistas consiguen destapar el sucio asunto y le dan a la opinión pública tema de cotilleo federal para algunos meses.
El mismo presidente está implicado directamente, por no haber aprendido la lección primera que se recoge en el Manual del político corrupto , que aconseja que no grabes cintas magnetofónicas confesando tus delitos, porque las cintas magnetofónicas son para ser escuchadas y alguien acabará por escucharlas más pronto o más tarde.
Durante la película, los periodistas investigativos tienen que discutir con sus jefes, pero todo es de mentirijillas: ya sabemos que les van a permitir publicar el escándalo, porque eso vende muchos periódicos.
Los que ven la cinta se quedan un poco chafados al comprobar que se cuenta el desenlace deprisa y corriendo, pero como ya han pagado la entrada, tienen otro remedio que aguantarse con lo que hay.
Aun así, este Film está considerado como morrocotudo e incluido en la lista de las cien películas que el American Film Institute recomienda que no se quemen.