Peaje a Los Ángeles (Dukeforth 2) EPÍLOGO
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EPÍLOGO

Savannah

Siete meses después...

E stamos a las afueras de Dukeforth, a un desvío de la carretera con conexión directa a Nashville. Es una ubicación estratégica perfecta.

Hoy es el gran día de Dylan y no puedo estar más emocionada.

Cuando me contó que Ewan iba a ser su socio, no lo vi claro, la verdad.

Siempre me ha dicho que no quería asociarse con nadie, que no quería perder la esencia de su marca…

No estaba entendiendo ese movimiento, pero él estaba tan ilusionado que no pude abrir la boca.

Y menos mal. Porque esto es algo totalmente distinto a todo lo que tenía en mente.

Juntos, con el conocimiento de mi chico y la inversión de mi amigo, han montado un taproom , un concepto que no había oído en mi vida.

Básicamente, es un espacio donde fabrican, almacenan y sirven la cerveza directamente desde los barriles a los grifos sin pasar por intermediarios.

Así consiguen que cada trago sepa tan puro, fresco y artesanal como Dylan quiere.

Es la mezcla perfecta entre fábrica y bar.

La inauguración de este sitio tiene que ser perfecta. Ahora mismo, los electricistas están acabando de poner el rótulo en la fachada: Taproom Dues solo que ya no es el mismo sitio que antes.

Hace un año les compré una propiedad mucho más acorde con todo lo que ellos me han dado.

—Savannah, cariño, o te quitas del medio o echas un cable.

Me giro y veo a Ewan arrastrar un enorme barril de cerveza por el camino de grava.

—¿A dónde vas con eso?

—Dentro. A ponerlo al lado de la mesa de ping-pong . Siento que falta algo para que la gente pueda dejar ahí sus mierdas. ¿Me consigues un trozo de madera para que lo use como tablero? La nueva fábrica es enorme.

La zona exterior está llena de barriles que hacen de mesas, rodeados de palmeras altas y sombrillas.

Menos mal que, en pleno noviembre, el sol de Tennessee nos da algo de tregua.

El espacio combina un estilo bohemio e industrial con estructuras de palés, un par de grafitis modernos y la antigua pick-up de Dylan.

Aunque está algo destartalada, preside el lateral de la entrada como una auténtica reliquia.

Dentro, el edificio de dos plantas tiene los techos altísimos, con las vigas y las tuberías a la vista.

La planta de abajo está reservada para las mesas, los sofás, los futbolines…

e incluso cuenta con un escenario. Conseguimos contratar a la misma diseñadora que se encarga de los escenarios y de la decoración del Stagecoach.

Así que todo está medido al milímetro para que la gente disfrute de buena música y una cerveza increíble al unísono.

Subo hasta la planta de arriba, donde está la zona de elaboración. Pese a tener mucho más espacio que antes, por ahora no han aumentado mucho la producción, solo unos tres barriles por lote. Ya sabemos cómo es Dylan con eso de perder la parte artesanal…

Saludo a Logan, un chico de la ciudad que han contratado para que supervise todo los días de taproom .

La cerveza la sigue haciendo Dylan y, de hecho, ni siquiera Ewan conoce la receta, un requisito en el que estuvo de acuerdo desde el principio.

Pero sí es cierto que Dylan ya necesitaba que alguien le echase un cable para cargar los sacos de lúpulo…

, en fin, tareas que son un poco más rudimentarias y en las que no se necesita ser ningún maestro cervecero para poder hacerlas.

—¿Sabes dónde puedo encontrar un tablero redondo de madera? —le pregunto a Logan, alzando la voz por encima del ruido de los tanques—. Ewan me ha dicho que estaría por aquí.

—Puede que en la zona de los despachos.

Voy hasta allí y, en efecto, encuentro un montón de listones amontonados de cualquier forma. Ewan se ha hecho un despacho al lado del de Dylan, pero no sé para qué, porque desde que son socios no ha venido mucho por aquí.

Cojo el tablero circular y bajo las escaleras a buen ritmo.

Para cuando pongo un pie en la planta baja, me doy cuenta de que el ambiente ha cambiado. El neón ya está brillando y la gente ha empezado a llegar.

A los primeros que distingo entre la multitud es a Devon y a Olivia. Están de pie en la terraza, hablando con Dylan. Me abro paso rápido, suelto el tablero encima de un barril y abrazo a Dylan por detrás para incorporarme a la conversación.

Al bajar la vista, se me derrite el corazón por completo.

Entre Olivia y Devon está el carrito rosa que les regalamos entre todos y, en el interior, descansa la pequeña, plácidamente repantigada.

Me separo un poco de Dylan y me inclino para mirarla, quedándome embobada con sus puñitos cerrados mientras duerme ajena a todo lo demás.

—Está preciosa, Olivia. De verdad. Es idéntica a ti —le susurro, sintiendo una calidez tremenda en el pecho.

—Por suerte para ella, sí —sonríe Devon.

—Aunque tiene el genio de su padre, te lo aseguro —añade Olivia—.

Solo queríamos pasarnos un momento antes de que esto se llene por completo para desearos la mejor de las suertes con la inauguración —nos confiesa, tocándose el collar con el nombre de su hija—.

Todo esto es una pasada, chicos. Pero no nos vamos a quedar mucho.

Todavía es pronto para meterla en estos saraos.

—Muchas gracias, chicos —agradece Dylan—. Cuidad mucho de mi sobrina. Mañana nos pasamos por vuestra casa y nos quedamos un rato con ella, por si os apetece hacer algún plan de pareja.

Devon y Olivia se despiden y, en menos de una hora, el ambiente tranquilo del atardecer se disuelve bajo una marea de gente.

Me parece increíble que, entre todos, hayamos podido hacer esto; haber traído aquí a toda esta gente y haber fusionado nuestros dos mundos.

Por un lado, tenemos a Nora hablando con algunos cantantes, a compañeros de Ewan de la NFL y a algunos jugadores de baloncesto que ocupan los sofás de cuero del fondo.

Por el otro, están los vaqueros de los pueblos cercanos, compartiendo las mesas de pícnic con ellos con total normalidad. Bueno, excepto Brooke y Knox.

Al pasar cerca de una de las barras, los veo observando el panorama.

Están flipando, aunque por motivos radicalmente distintos.

Brooke tiene los ojos como platos, escaneando la fila de atletas millonarios con una sonrisa depredadora que me hace aguantar la risa; Knox, en cambio, mira de reojo a un gigante de la NBA que mide más de dos metros con cara de pocos amigos, cruzado de brazos y con los ojos entrecerrados.

Ahora no es tan valiente. Mientras tanto, los nuevos camareros no paran de servir cervezas, moviéndose a toda velocidad mientras Danny —pese a que le hemos dicho que hoy no se trabaja— se pasea por los extremos de la barra, dándoles indicaciones rápidas y supervisando que la espuma quede perfecta.

—¿Me puedo mudar yo también aquí? —La voz de Jeremy me saca de mis pensamientos.

El director de mi nueva discográfica aparece a mi lado, luciendo un aspecto impecable, junto a su prometida.

Una chica que, pese a no haber coincidido todavía con ella y no conocerla de nada, siento que desprende una vibra tan cercana y real que ya sé que nos vamos a llevar bien.

Es una pena que no haya podido venir Claire, mi nueva mánager.

—Me dijiste lo mismo de mi casa de Los Ángeles. Tengo la impresión de que no tienes ni idea de dónde quieres vivir —me río.

—Me refería a la fábrica. Ni de coña me quedaría en medio de la nada.

Niego, riéndome, y me presento a su chica.

—Soy Savannah, encantada.

—Lo sé, yo soy Cassie —responde ella envolviéndome en un abrazo demasiado efusivo—. ¡Por fin nos conocemos! Tenía tantas ganas… Enhorabuena por todo esto. Os ha quedado genial.

—Gracias, aunque yo no he hecho mucho.

Aprovecho para buscar a Dylan entre la gente y hacerle un movimiento con la mano para que se acerque a nosotros.

Deja la jarra que estaba llenando, pese a que él también tiene prohibido trabajar, y camina hacia nuestra dirección.

Lleva una camisa de botones negra que le queda de miedo y se nota lo contento que está.

—Dylan, estos son Jeremy y Cassie —los presento de inmediato.

—Un placer —Dylan estrecha la mano de Jeremy y le sonríe a Cassie—. Espero que os lo estéis pasando bien. Gracias por cuidar de Sav en Los Ángeles, Jeremy.

—No hay de qué, de verdad. Savannah es de la familia ya. —Jeremy pasa un brazo por encima de Cassie y la acerca más a ella—. Además, viendo este local, creo que la que va a tener que cuidar de mis finanzas próximamente es ella.

Cassie se ríe, dándole un sutil toque en el hombro a su chico, y pronto los tres empiezan a divagar sobre temas sin importancia, como si se conocieran de toda la vida.

Me pego un poco más al costado de Dylan, disfrutando de la noche.

Él aprovecha la cercanía para depositar un beso rápido en la frente y entrelazar sus dedos con los míos.

—¿Estás lista para subir ahí arriba? —me pregunta en un susurro contra el pelo, a la vez que me aprieta la mano con suavidad.

Miro hacia el escenario de madera rústica al fondo del local y suelto un suspiro hondo, sintiendo una mezcla de adrenalina y paz.

Asiento y me despido de todos. A partir de hoy, y durante todos los fines de semana, voy a ser la residente oficial de este lugar.

Voy a cantar mis propias letras en el bar de mi chico, vistiendo todas mis botas favoritas y bajo mis propias reglas. No hay nada mejor.

En el escenario me paso la guitarra electroacústica a la espalda y hago unas pequeñas pruebas.

Una vez lo tengo todo listo, me coloco frente al micrófono, acaricio la primera cuerda y el sonido limpio inunda el espacio, acallando los murmullos de los deportistas, los cantantes y los vaqueros por igual.

Sonriendo, busco de nuevo la mirada de Dylan entre la gente. Cojo la cerveza que había dejado preparada sobre un amplificador y, antes de empezar a cantar, me aclaro la garganta frente al micrófono.

—Muchas gracias por compartir este día tan especial con nosotros. Durante mucho tiempo he visto a Dylan pelear por su cerveza y os puedo asegurar que es la mejor que probaréis en vuestra vida. O si no, que se lo digan a Ewan Brown.

La gente se ríe y el foco ilumina la sala en busca del jugador de la NFL. Ewan levanta su vaso gigante desde la barra con una sonrisa de oreja a oreja, encantado de ser el centro de atención, como siempre.

—Lo cierto, es que algunos podrán llegar a pensar que es rarísimo que el novio de Savannah Morgan se haya asociado con su anterior pareja, pero qué más nos da a nosotros. ¿Qué significado real tiene una relación de menos de dos meses en Hollywood?

Las carcajadas vuelven a resonar en el local y veo a Ewan chocarle los cinco a Dylan mientras Knox niega con la cabeza, divertido.

Para la prensa, acabamos poco después de la gala benéfica.

Nuestra excusa fue que éramos muy buenos amigos y eso nos forzó a intentar tener una relación, pero teníamos más conexión como amigos que como amantes.

Un discurso que a Ewan le ayudó a mejorar su imagen de cara a la prensa y las marcas.

Adiós al chico promiscuo que solo sale con modelos o chicas conflictivas en busca de fama.

¿Quién si no intentaría salir con su mejor amiga?

—Pero más allá de todo esto… Este sitio existe porque Dylan decidió no rendirse —continúo, y esta vez mi voz baja un tono, volviéndose mucho más suave.

El silencio se extiende por el taproom de forma inmediata—.

Y eso me ha llevado a componer una canción que habla de darte cuenta de que, a veces, el viaje no consiste en llegar a una gran ciudad para triunfar, sino en encontrar a la persona que te hace ver que lo puedes hacer desde cualquier sitio.

Incluso aquí… Y por eso quiero compartir con vosotros la primera canción que he compuesto para mi próximo disco, Carretera a Nashville.

Espero que os guste. El nombre de la cerveza, Dues y además es un término estadounidense que fusiona street (calle) y road (carretera).

Hace referencia a las típicas avenidas urbanas de Nashville, por ejemplo, que combinan el acceso comercial de una calle local con una autopista.