Pasión Desatada. Cuando el deseo no conoce límites Capítulo 8 El trío, el final y las tres novias
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Capítulo 8 El trío, el final y las tres novias

La luz de la tarde entraba suave por las ventanas del salón.

Frank se sentó en el suelo con el bloc abierto sobre las rodillas, el lápiz listo.

Frente a él, Mónica, Ana y Lena estaban completamente desnudas.

Se habían colocado en el centro de la habitación, una al lado de la otra, y empezaron a tocarse sin prisas.

Mónica se pasó los dedos por los pechos y bajó hasta su coño, abriéndose para que Frank dibujara cada pliegue.

Ana se arrodilló detrás de Lena y le metió dos dedos mientras le lamía el cuello.

Lena, a su vez, se inclinó y chupó un pezón de Mónica.

Las tres se masturbaban en grupo: manos que entraban y salían, lenguas que se encontraban, gemidos bajos que llenaban el espacio.

Frank dibujaba con la mano temblando de excitación.

Captaba la curva de una espalda, el brillo de un coño mojado, la forma de tres bocas que se besaban.

Su pene ya estaba completamente duro dentro del pantalón.

Cuando el dibujo estuvo casi terminado, las tres se miraron y luego miraron a Frank. Mónica habló primero:

—Ahora te toca a ti.

Se acercaron. Lo desnudaron entre las tres.

Frank se quedó de pie, el pene erecto apuntando hacia ellas.

Empezó por Ana. La tumbó en el sofá, le abrió las piernas y entró de un solo empujón.

Mientras la follaba con ritmo profundo, Lena se arrodilló a un lado y le chupaba los testículos y lo que podía del tronco.

Mónica, al otro lado, le metía los dedos a Ana en el coño junto al pene de Frank y le lamía los pezones.

Ana se corría rápido, apretándolo con fuerza.

Después fue el turno de Lena. Frank la puso a cuatro patas en la alfombra y la penetró desde atrás.

Esta vez Ana se colocó debajo y le chupaba el clítoris a Lena mientras él entraba y salía.

Mónica se arrodilló frente a Frank y le chupaba la boca y el cuello, al mismo tiempo que le acariciaba el pecho.

Lena se vino gimiendo alto, el cuerpo temblando.

Por último quedó Mónica. Frank la levantó, la apoyó contra la pared y la folló de pie, levantándole una pierna.

Ana y Lena no se separaron: una le chupaba un pecho a Mónica, la otra le lamió el coño alrededor del pene de Frank, mezclando saliva y jugos.

Las tres manos tocaban, apretaban, acariciaban.

Frank empujaba más fuerte, más profundo, mirando a Mónica a los ojos azules.

Ella se corrió primero, gritando su nombre.

Él la siguió segundos después, llenándola por dentro mientras Ana y Lena seguían lamiendo y tocando para alargar el placer de ambos.

Cuando terminaron, los cuatro se dejaron caer en el sofá grande, sudados, respirando agitados, los cuerpos todavía rozándose. Nadie habló durante un rato. Solo se escuchaba la respiración calmándose poco a poco.

Al final Mónica se incorporó un poco, se pasó la mano por el pelo corto y miró a Frank con una sonrisa tranquila.

—A partir de ahora somos tus novias. Las tres. Sexualmente tuyas. Cuando quieras dibujar, cuando quieras follar, cuando quieras que te chupemos o que nos toquemos delante de ti… aquí estamos.

Ana y Lena asintieron, todavía con las piernas abiertas y los dedos perezosos acariciando sus propios cuerpos.

Frank las miró una a una. El tímido virgen de hacía pocas semanas ya no existía.

Ahora tenía a tres mujeres desnudas y dispuestas a su lado, suyas de la forma más clara y carnal posible. Sonrió, cansado y completamente feliz.

—Perfecto —dijo en voz baja—. Entonces esto no se acaba nunca.

Las tres se acercaron y lo besaron a la vez, labios y lenguas mezclándose. El salón olía otra vez a sexo, y el relato terminaba exactamente donde debía: con Frank rodeado de sus tres novias sexuales, dibujando, follando y disfrutando sin límites, para siempre.

FIN.