Capítulo 7
Capítulo Siete
Séptimo encuentro
— ¡Madre mía, es mi hermano! —siseó ella, entrando en pánico mientras la puerta principal se cerraba de un portazo.
— ¡¿Qué?!
— Tiene llaves, Lucas. ¡Me trae la compra una vez a la semana! Joder, escóndete.
— ¡¿Qué?!
— En el armario. ¡Métete en el armario!
L legada la tarde del lunes, seguía sin poder pensar en otra cosa; del mismo modo que no había olvidado la mirada de desprecio de Anna.
Le gustaría afirmar que la ansiedad que ambas cosas le provocaban no estaba afectando a su entrenamiento…
si no fuera porque las miradas de sus compañeros y los gritos de Fox de «¡Moreau, ¿dónde demonios tienes la cabeza?
¡Dímelo para que pueda pegarte un puñetazo y que te centres de una vez! » lo decían todo.
Mierda. Solo había dos lugares donde se sentía completamente concentrado y tranquilo: cenando con Melody mientras ella le contaba, con la cara iluminada, qué letras ya se sabía.
En esos momentos, y entre los postes de su portería.
Por mucho drama que hubiera existido en su vida anterior con su familia, en el hielo, cualquier pensamiento se borraba de su mente.
Su calma exterior reflejaba una profunda paz interior, y lo único que veía era el disco.
Ahora, sin embargo, por el rabillo del ojo, veía a Anna discutiendo con Dax al borde de la pista, con las cejas fruncidas y gesticulando salvajemente con las manos… mientras el disco pasaba rozando su oreja izquierda y terminaba en la red.
Joder.
—¡Moreau! —espetó el entrenador Gray, patinando hacia él y sacudiendo la cabeza—. ¡El primer partido de las eliminatorias es mañana y estás cometiendo más errores de los que comete León en todo un fin de semana! ¿Tengo que poner a Ford en tu lugar o qué?
Lucas le lanzó una mirada fulminante.
—Pues demuéstramelo —dijo Gray, molesto—. ¡Y Temple! ¿Qué demonios puede ser tan importante para que no estés en tu maldita posición?
Dax patinó hacia ellos, malhumorado.
—¿Quién usa Tinder hoy en día? ¿Alguien me lo puede decir, por favor?
Gray lo miró con incredulidad.
—¿Qué narices tiene que ver eso con el hockey?
—Bueno, en Tinder también se trata de meter el disco —dijo Álvarez con una sonrisa, patinando en círculos alrededor de la portería—. Así que, ¿quién está en Tinder? ¿Anna? Joder, yo también debería registrarme.
—Te voy a meter un puñetazo en toda la cara, León —advirtió Dax, con un tono deliberadamente amable.
—¡Hey! —gritó el entrenador—. Contrólense.
No quiero oír ninguna de esas chorradas.
Y nadie se va a meter en una pelea antes de que ganemos la maldita Stanley Cup, ¿entendido?
—Miró con furia a Álvarez y a Temple—. Madre de Dios.
Les doy cinco minutos para que solucionen sus mierdas personales, ¡y Fox!
—le gritó al capitán—. ¡Pon orden en tu equipo!
—Patinó hacia la salida, dejando a Fox suspirando.
—Muy bien. León, tú te vienes conmigo —anunció el capitán—. Te explicaré de nuevo las reglas del juego del silencio, que realmente deberías practicar más a menudo. Dax, quédate aquí y averigua por qué Moreau está jugando tan mal.
Dax resopló y le dedicó una seña a la espalda de Fox mientras este se alejaba.
—¡Lo mismo digo, Dax! —gritó el capitán—. Preferiría que pudieras comunicar tus emociones con palabras en lugar de con gestos groseros.
Dax hizo una mueca y se rascó la nuca.
—Dios, ¿cómo lo hace? Tiene ojos en el cogote. Ahora me siento culpable por haberle dedicado el maldito dedo.
Sí. Fox tenía ese maldito aire de abuelo que hacía que no quisieras decepcionarlo. Era horrible.
—Así que, Moreau, solo para cumplir con mi deber y dejar de cabrear más a nuestro estimado capitán: ¿por qué estás tan descentrado?
Lucas resopló, agarró su botella de agua y se echó un chorro en la boca a través de la rejilla de su casco.
«Tu hermana me vuelve loco y me pongo duro solo con oírla reír», probablemente no era una buena respuesta.
—Genial —dijo Dax de manera tajante—. Eso pensaba. Entonces hablemos de mi problema: estás soltero, ¿verdad?
Viejo, preferiría que no hablaran de ningún problema en absoluto.
—¿Usas Tinder?
—No.
—¿Por qué no?
—No me interesa.
—¿Tinder? ¿No te interesan las mujeres de Tinder? ¿O una relación?
—Ambas cosas.
Dax se río.
—¡Es una actitud sensata, porque todo el mundo en Tinder es un grupo de bichos raros que solo quieren una cosa! Sobre todo los hombres. Así que, ¿en qué narices está pensando Anna, enviando mensajes a tipos al azar? ¿Y luego atacándome por leer por encima de su hombro?
Ah, de eso había tratado su discusión.
Moreau se echó más agua en la boca, que de repente se le había quedado extrañamente seca.
«Lo que tú me diste, me lo puede dar cualquier otro hombre. Así que quizá sea hora de encontrar a uno».
—Quizá Anna solo quiera una cosa —murmuró. Durante el tiempo que pasaron juntos, nunca tuvo la sensación de que ella estuviera interesada en nada más. Lo que hacía que su acuerdo fuera tan perfecto. Y era bueno que hubiera encontrado a otro porque así ella no volvería a molestarlo y...
Moreau hizo girar el cuello.
Sí, esto era bueno. Que se follara a tantos tipos de Tinder como quisiera. No le importaba.
Aunque a Dax obviamente sí lo hacía.
—Joder, creo que tienes razón —dijo, dolido—. ¡Ese es el puto problema! Lleva años haciendo esto. Me gusta fingir que no me doy cuenta porque, Dios, el solo pensamiento… —Hizo una mueca—. Pero te lo juro, cuando estuve en su casa hace unos meses, tenía a un puto hombre escondido en su armario.
Lucas desvió la mirada mientras se le enrojecía la cara.
Dax entrecerró los ojos y se frotó la barbilla.
—Se mete en la cama con imbéciles que no le convienen en absoluto solo para que no haya ni el más mínimo atisbo de posibilidad de algo serio.
Joder, de todas formas, ni siquiera tendría tiempo para eso porque se mata trabajando solo para demostrar lo independiente que es y que no necesita la ayuda de nadie.
—Tú hiciste lo mismo, Dax —le recordó Lucas con dureza. No le gustaba el doble rasero que Dax aplicaba cuando se trataba de Anna.
—¡Lo sé! Y por Dios, no la juzgo por no creer en los finales felices en lo que a relaciones se refiere y por querer…
vivir la vida o lo que sea. Pero tenía esa estúpida regla de que no empezaría a vivir de verdad hasta que se graduara como la primera de su clase en el instituto.
Y luego que empezaría a vivir de verdad cuando terminara de cuidar de mamá.
Después quiso empezar a vivir de verdad cuando terminara la facultad de medicina y fuera una doctora de verdad.
Y ahora ya tiene todo eso… y sigue como antes.
Y no es feliz. Y… mierda. —Se pasó la mano por la cara—.
¡Si hay una sola persona en el mundo que merezca ser feliz, es ella!
Pero no puedo protegerla de cada pequeña cosa. No puedo forzar su felicidad.
Lucas bajó la mirada. Él también había tenido una hermana. Sabía a qué se refería Dax. No había podido proteger a Laney; ella también estaba más interesada en la emoción que en la felicidad.
—Oye, ¿podrías tú decirle algo sobre Tinder, que es una idea de mierda?
Lucas levantó la cabeza de golpe.
—¿Qué?
—Bueno, yo no puedo hacerlo y Jack tampoco. Lucy y Penny nos mandaron a la mierda y Fox se comenzó a reír. Tú eres el único que nunca le ha tirado los perros y que sabe lo que es tener una hermana.
Joder.
Bueno, al menos ahora sabía que él y Anna habían sido discretos. Si Dax sospechara algo, jamás le habría sugerido esto.
—No —dijo de todos modos, porque era el candidato menos indicado para el trabajo.
—Venga. ¿Por favor? Anna es condenadamente testaruda. Se metería en la cama con cualquier idiota solo para cabrearnos a Jack y a mí.
El rostro de Lucas permaneció inexpresivo; por dentro, sin embargo, empezaba a enfadarse. Dax se lo estaba tomando demasiado en serio, maldita sea.
—Dax, tu hermana es una adulta con criterio propio. Déjala que haga lo que quiera.
Pero, joder, ¿qué demonios hacía en Tinder?
En fin, tenía problemas mayores. ¡Necesitaba encontrar a una dichosa cuidadora!
—No, Luc, no es posible. No quisiste darnos la custodia, así que ahora tienes que lidiar con el hecho de tener una hija.
—Laney me nombró específicamente a mí como tutor en su testamento, mamá —respondió con calma. Y le parecía bien. Solo que... era difícil, joder. Dios, amaba a Melody con locura, pero era tan difícil.
—Sí, y ahora ves lo que pasa porque tu hermana confió más en ti que en nosotros. Aunque ella no era conocida por tomar buenas decisiones. De lo contrario, no se habría ido a la cama con ese vagabundo para acabar concibiendo a Melody por accidente.
Él cerró los ojos y respiró hondo.
—Mamá, tengo una cita toda la tarde y noche que no puedo cancelar.
—Yo también. Tengo mi grupo de yoga y tu padre no quiere perderse ese partido de fútbol tan importante…
—No es un partido cualquiera. —La voz tronante y enfadada de su padre llegó desde el fondo—. ¡Por el amor de Dios, Bridget, no hagas que parezca que pongo el fútbol por delante de mi nieta!
—¡Bueno, eso es lo que estás haciendo, Fred! —replicó su madre en tono caustico.
—¡He invitado a todo el mundo, Bridget! Van a venir seis tipos. ¿Debería echarlos a todos?
—¡Sí! Eso sería de gran ayuda.
—Ay, Jesús, como si tus tonterías del yoga fueran más importantes, yo…
—Bien. Hasta luego, mamá —contestó Lucas con brusquedad y colgó. No podía seguir escuchando el drama de sus padres. Se había pasado toda la infancia haciéndolo. Quizá era mejor que no tuvieran tiempo. Aún tenía esperanza de que Hazel…
Su teléfono vibró y se quedó mirando la pantalla.
¡No puedo, Moreau, lo siento! Tengo que tomar un vuelo a Phoenix, así que salgo a las tres.
Miró su reloj. Eran poco más de las dos.
—Joder.
—Un «hola» sería más tradicional, pero bueno. Un buen «joder» para ti también.
Levantó la cabeza de golpe. Por supuesto, Anna estaba allí de pie frente a él, con los brazos cruzados y unos rayos de sol perdidos atrapados en su maraña de rizos oscuros.