Parker 7. Casa de Joel Parker, Glasgow
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7. Casa de Joel Parker, Glasgow

Casa de Joel Parker, Glasgow

Joel

Me despierta el sonido de una respiración acompasada a mi lado. Nicky yace enredada en mis sábanas, los rizos oscuros desparramados sobre la seda negra. Está perfecta aquí, en mi dormitorio, pero no sé nada de ella.

La presión y el estrés de mi padre estas últimas semanas me han vuelto loco, hasta el punto de ligarme a una mujer al azar en una reunión de apoyo, llevármela a casa y enamorarme de ella en doce horas.

La idea es tan ridícula como romántica. Pero aquí estoy, metido de lleno en ello, y disfrutando cada maldito momento.

Se mueve un poco mientras yo me quedo apoyado en un codo, mirándola dormir. No creo haber visto nunca a una mujer más hermosa. Cuando entré en la reunión tras salir del despacho de mi padre ayer, fue lo único en lo que pude fijarme. Necesité un instante para recuperar el aliento.

La mayoría de las mujeres de mi vida se visten para el poder o para el placer. Pero Nicky estaba radiante sentada en el círculo, con su camiseta blanca y sus vaqueros, natural y absolutamente hipnótica. Nunca nadie me había quitado el aliento de una sola mirada hasta que la vi.

Durante toda la reunión me esforcé por no mirarla, robándole miradas cuando podía.

Rhona me lo puso un poco más fácil con su charla interminable.

Mientras asentía, podía mantener a Nicky en mi campo de visión.

Sabía que tenía que hablar con ella antes de que saliéramos del pabellón.

Si no lo hacía, podría salir de mi vida y no volver jamás. No iba a permitirlo.

Me dejo caer de espaldas y las sábanas se me amontonan en la cintura mientras miro al techo. Nicky vuelve a removerse, se le escapan medias palabras de los labios, pero no se despierta. Que se vaya todavía no es una opción. No estoy listo para dejarla marchar .

Este romance de fantasía no tiene recorrido, no puede tenerlo.

Ella viene de un mundo muy distinto al mío, y no sería justo imponerle el mío.

A juzgar por su historia de anoche, lo ha pasado mal.

Necesita seguridad y estabilidad, no a un hombre como yo.

Incapaz de dormir, me levanto de la cama justo a tiempo de ver cómo se enciende mi móvil con una llamada.

Boyd . Siempre es Boyd quien me necesita a medianoche.

Con una última mirada a la chica en mi cama, cojo la llamada y salgo al pasillo.

—Siento llamar a estas horas —empieza.

—Supongo que es importante.

—Esta noche los de azul han hecho una visita a Guilty Secrets —continúa, pasando por alto mi sarcasmo—. Quieren hablar con alguien de la familia.

—Llama a mi padre —murmuro—. Es su club.

Boyd carraspea. La sospecha que me roe el alma cada vez que voy contra los deseos de mi padre, como hoy, asoma la cabeza. Él siempre se sale con la suya, de un modo u otro.

—El señor Parker ha indicado que los clubes quedan ahora a su cargo —dice Boyd—. Toda la correspondencia debe ser directamente con usted.

—Claro que sí. —Cierro los ojos mientras me quedo en lo alto de las escaleras, mirando hacia abajo.

Esos clubes no me interesan lo más mínimo.

Él lo sabe. Nunca voy y no me interesa sacar nada de ellos.

El cabrón me ha puesto ahora en primera línea del fiasco, y sabe que no hay nada que pueda hacer al respecto.

—Estaré allí en quince minutos —le digo a Boyd. No es culpa suya. Solo hace su trabajo—. ¿Qué ha pasado?

—Una redada. —Baja la voz hasta un susurro—. Supongo que alguien denunció consumo de drogas. No han encontrado nada, pero aun así quieren charlar.

—Bien. Estaré allí.

Cuando vuelvo al dormitorio, encuentro a Nicky aún profundamente dormida. Me pongo una camisa limpia y el traje, garabateo una nota diciéndole que volveré pronto y que, por favor, siga aquí cuando regrese. Luego me voy, rezando para que siga aquí por la mañana.

***

Cuando regreso a casa, el sol ya ha salido. La casa está en silencio, sin señales de vida. No hay manera de saber si Nicky sigue aquí. Una parte de mí no quiere entrar para averiguarlo. Si se ha ido, quizá anoche fue todo lo que habrá. No estoy seguro de poder aceptar eso.

El agente al mando cuando llegué a Guilty Secrets fue perfectamente educado. Me explicó que alguien les había chivado que dentro se podían comprar drogas, sexo y otras cosas por un precio. Tenían que investigar.

Tras lo que pareció una conversación profesional pero inútil, miré al puñado de agentes presentes y reconocí al menos a la mitad de nuestra lista de clientes.

Saben de sobra lo que pasa en el club. Les gusta.

Me sacaron de la cama a medianoche para una farsa, un gesto de cara a la galería, para que pareciera que estaban haciendo su trabajo.

Al final me dieron la mano, nos agradecieron la colaboración y se fueron con las manos vacías.

Boyd soltó un suspiro de alivio mientras los veíamos marcharse.

—Buen trabajo —dijo, apretándome el hombro—. Es usted mejor en esto de lo que cree.

Boyd no solo es el jefe de seguridad, sino también la mano derecha de mi padre. Con su traje impecable y su aspecto pulcro, parece un ejecutivo, pero su papel en Parker Industries es muy diverso. Sabe todo lo que ocurre y cada secreto. Como es insustituible, mi padre lo trata como tal.

No respondí a su cumplido. Ser capaz de capear redadas policiales no es algo que aspire a tener como habilidad; es solo una destreza necesaria.

Ahora, de vuelta a casa, regresando a la situación que me busqué anoche, me golpea lo complejo que es mi vida y lo poco sensato que es meter a alguien en ella, pero no puedo evitar desear que Nicky siga aquí .

Las piedras crujen bajo mis pies mientras me acerco a la casa. Encuentro la puerta cerrada con llave, así que saco la llave del bolsillo y la introduzco en la cerradura. Suena un clic cuando el pestillo cede y entonces abro la puerta de mi hogar.

Encuentro a Nicky donde la dejé, envuelta en mis sábanas de seda negra, profundamente dormida.

Está hecha un ovillo, como en un capullo, y parece increíblemente en paz.

Incapaz de resistirme, me quito la ropa y me deslizo detrás de ella, me pego a su calor y me agarro a él como a la vida.

Si se despierta, no me lo dice, y me duermo para unirme a ella en un plácido olvido.

El silbido de la tetera anuncia que el agua ha hervido.

En mi cocina, intento improvisar un desayuno romántico sin previo aviso.

El beicon chisporrotea en la sartén mientras tuesto unas rebanadas de pan.

Cuando levanto la vista, Nicky está de pie junto a la encimera mirándome, con una sonrisa pícara en los labios.

—¿A todos tus invitados en casa les das trato especial? —pregunta, acercándose descalza, perdida dentro de una de mis camisas, con los rizos oscuros desbordándose en todas direcciones.

—No tengo muchos invitados en casa. —La rodeo con los brazos y la atraigo hacia mí.

Mi polla se endurece al instante—. Solo a los excepcionales que merece la pena tratar bien.

—Nuestros labios se encuentran, y las chispas que intenté convencerme de que había imaginado vuelven a prender.

Esta mujer me llega de formas que nunca había sentido.

Se me escabulle de los brazos, luego se acerca y se sube a un taburete junto a la encimera. Su cara se abre en la sonrisa más deslumbrante mientras me ve terminar los preparativos del desayuno. Cuando acabo, le pongo el resultado delante.

—Espero que tengas hambre —le susurro al oído.

—Siempre.

Cuando voy a coger mi bocadillo, echo un vistazo a la chica en mi cocina. La escena al completo es tan jodidamente doméstica que casi me echo a reír.

Parecemos una pareja normal sentándose a desayunar tras una noche intensa.

Es todo con lo que siempre he soñado, pero algo que sé que nunca tendré.

Ese equilibrio entre vida doméstica y negocios es inalcanzable en mi mundo, y no debería fingir que podría serlo.

Pero aunque esto sea solo por hoy, voy a saborearlo. Y su sabor me durará toda la vida.

—¿Adónde fuiste? —pregunta Nicky con inocencia justo cuando doy el primer bocado.

—¿Te diste cuenta de que me había ido? —Asiente y me dedica una sonrisa leve.

—Encontré tu nota.

—Era algo de trabajo.

—No sabía que la moda fuera un negocio veinticuatro horas. —Sus ojos me recorren la cara como buscando la verdad. No digo nada—. Me alegro de que estuvieras en casa para el desayuno.

—Yo también —coincido—. Y la próxima vez, te haré tortitas.