Para siempre contigo (Colección Mediterráneo 1) EPÍLOGO
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EPÍLOGO

Un mes después del examen, Tomás entró en el pequeño piso que compartían él y su novia.

—¡He conseguido plaza, Amanda!, ¡he conseguido plaza! —gritó nada más traspasar el umbral—. ¿Te lo puedes creer?

La cogió en brazos y la elevó en el aire. Estaba exultante, la felicidad que sentía era casi palpable y no podía parar de reír.

Amanda le besó con dulzura en los labios y le dijo:

—No sé de qué te extrañas, yo no lo dudé ni por un segundo.

—Pues yo no las tenía todas conmigo.

La bajó despacio y la dejó en el suelo sin dejar de mirarla a los ojos.

—El puesto en el que he quedado no garantiza que pueda hacer la residencia en Madrid.

—¿Y eso te molesta?

—A mí no, pero pensaba que tú querrías quedarte aquí.

—Es verdad que en Madrid tengo trabajo, pero supongo que podré encontrar otro donde sea que vayamos. La tía Monja tiene contactos.

La risa de Tomás reverberó en su pecho y Amanda se estremeció entre sus brazos.

—¿A dónde te gustaría ir si no puedo quedarme en Madrid?

—Me es indiferente, siempre que podamos estar juntos.

—De eso no tienes que preocuparte, porque tengo claro que quiero estar para siempre contigo.