Para cuando vuelvas 80
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Ona

La ciudad no cambió.

Nosotros sí.

Esa es la diferencia.

Después del ensayo, salimos a caminar otra vez. Pero ya no estamos resolviendo nada.

Estamos simplemente estando.

—¿Te arrepientes? —pregunto.

—De irme, sí. De volver, no.

Sonrío.

—Yo también aprendí algo.

—¿Qué?

—Que puedo querer a alguien sin perderme. Pero solo si esa persona también quiere quedarse.

Me mira.

No con miedo.

Con certeza.

—No me voy.

Y esta vez no suena a promesa adolescente.

Suena a decisión repetida.

Nos sentamos en Primrose Hill.

El mismo lugar donde todo fue intenso la primera vez.

Pero ahora no hay urgencia.

No hay miedo a que se acabe mañana.

Hay calma que no apaga.

—¿Sabes lo que más miedo me daba? —le digo.

—¿Qué?

—Que volviera a ser como antes. Caótico. Impredecible.

—No somos los mismos.

—No.

—Y eso es bueno.

Me doy cuenta de algo importante.

La canción nunca fue sobre esperar.

Fue sobre si, cuando volviera el momento, seríamos capaces de elegir diferente.

Y lo fuimos.

Apoyo la cabeza en su hombro.

No siento vértigo.

No siento que algo pueda romperse en cualquier momento.

Siento que, aunque algo se rompa, esta vez no huiremos.

Y por primera vez desde que llegué a Londres,

no estoy esperando que alguien vuelva.

Estoy caminando al lado de alguien que decidió quedarse.

Y yo decidí quedarme también.