Para cuando vuelvas 70
87%

70

Ona

La campanilla suena.

Es un sonido normal.

Pasa mil veces al día.

Pero esta vez no.

Esta vez el sonido atraviesa algo.

Levanto la vista casi por reflejo.

Y lo veo.

No es imaginación.

No es recuerdo.

Está ahí.

En la puerta.

Marc.

Durante un segundo mi cerebro no procesa la información.

Es como cuando ves algo imposible y necesitas parpadear dos veces.

Parpadeo.

Sigue ahí.

Mochila colgada del hombro.

Pelo un poco más corto.

Más delgado.

Más… serio.

Mi corazón hace algo raro.

No es alegría inmediata.

No es rabia.

Es un golpe seco.

Como si alguien hubiera abierto una ventana de golpe en mitad de la habitación.

Todo el ruido del local desaparece.

O quizá sigue, pero no lo escucho.

Harry deja de hablar.

Joel se queda quieto.

Clara es la única que reacciona medio segundo antes que nadie.

Yo no me levanto.

No puedo.

Me quedo sentada en el suelo frente al piano.

Con la última nota todavía vibrando en el aire.

Marc me mira.

No sonríe.

No habla.

Solo me mira.

Y en su mirada hay algo que no sé descifrar.

No es reproche.

No es orgullo.

Es vértigo.

El mismo que siento yo ahora mismo.

Harry se mueve primero.

Se levanta despacio.

No de forma agresiva.

No protector exagerado.

Solo… presente.

—Hola —dice Joel rompiendo el silencio.

Marc asiente.

—Hola.

Su voz suena igual.

Y completamente distinta.

Me obligo a ponerme de pie.

Las piernas me tiemblan un poco.

Ridículo.

Soy capaz de cantar delante de desconocidos, pero esto me deja sin equilibrio.

Camino hacia él.

No demasiado cerca.

No demasiado lejos.

—¿Qué haces aquí? —pregunto.

No suena enfadado.

Suena descolocado.

—Vine a verte.

La frase cae directa.

Sin adornos.

Sin excusas.

Mi estómago se aprieta.

Miro a Clara un segundo.

Ella no interviene.

Me devuelve una mirada que dice “esto ya no lo puedo arreglar yo”.

Harry está a mi lado.

No me toca.

Pero está ahí.

Y soy consciente de eso.

De los dos espacios.

De las dos presencias.

—Pensé que… —empieza Marc, pero se queda a medias.

Pensó que qué.

Que estaría igual.

Que estaría esperando.

Que no habría cambiado nada.

No lo dice.

Pero lo pienso.

—Estoy en Londres —añade al final, como si fuera explicación suficiente.

El silencio se hace incómodo.

Olivia mira de uno a otro como si estuviera viendo una escena de serie.

Joel carraspea.

—¿Quieres… sentarte?

Marc niega con la cabeza.

—No quiero interrumpir.

Demasiado tarde.

Ya interrumpió.

No el ensayo.

El equilibrio.

Mi corazón late tan fuerte que me cuesta pensar.

No estoy enfadada.

Pero tampoco estoy feliz de verlo.

Estoy… removida.

Eso es peor.

Porque significa que algo sigue vivo.

Y no sé si quiero que lo esté.

—¿Podemos hablar? —dice mirándome solo a mí.

Esa frase corta el aire.

Harry se tensa un poco.

Lo noto sin mirarlo.

Y ahí es cuando tengo que elegir algo.

No el final.

Pero sí el siguiente paso.

—Ahora no —digo antes de pensar demasiado.

No porque no quiera.

Porque no puedo.

No con todos mirando.

No con Harry al lado.

No con la canción todavía vibrando en el aire.

Marc asiente.

Un gesto pequeño.

Aceptando el límite.

—Vale.

Y por primera vez desde que entró,

veo algo en su expresión que no esperaba.

No seguridad.

No estrategia.

Miedo.

Y eso me descoloca más que cualquier otra cosa.

Porque yo también tengo miedo.

No de él.

De lo que esto significa.

El pasado no está tan cerrado como creía.

Y el presente acaba de volverse inestable.

Y lo peor es que, aunque debería estar enfadada por aparecer así…

una parte muy pequeña de mí se alegra de que haya vuelto.

Y esa parte es la que más me asusta.