Pacto de Caballeros: Bilogía completa Segundo epílogo #2
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Segundo epílogo #2

Sabía que su esposo no se perdía detalle de su actuación aunque no lo veía. Lo sentía respirar con dificultad y apostaba cien libras a que él estaba tocando su miembro. Lo que no tenía tan claro era si lo hacía sobre el pantalón o lo habría liberado ya de su confinamiento.

―Brenda, he apostado doscientas libras con Gordon a que mi hija no se casaría tan pronto.

Ella siguió acariciándose sin prestar atención a lo que él había dicho, pero sí lo había oído.

―Uhm… es increíble el placer que puede dar una suave mano femenina… ¿Recuerdas lo que se siente cuando te acaricio, Nicky? Tu hombría palpitando mientras te aprieto…

―Confieso que anoche se sintió del todo perfecto, esposa. Pero hoy quiero más. Te necesito, Brenda.

Nicky se puso de pie. La duquesa oyó arrastrar las patas y lo miró. Los pantalones de él estaban ya desabrochados y su eje la miraba directamente.

Su esposo se puso delante de ella y se arrodilló. Ella lo miró a los ojos.

―Acepta lo que desea Callie, Nicky. La has tenido cuatro meses al borde del llanto. Es momento de que seas razonable.

―No hablemos de eso ahora. Deseo lamerte y comprobar si estás tan húmeda como se aprecia.

―Acepta y te dejaré hacer conmigo lo que desees.

―No juegas limpio.

―No me has dejado otra opción. ―Hasta que Issabella no le habló del modo en que consiguió hacer que Gordon claudicase, no había pensado en tentar a su esposo así. Nada parecía dar resultado, por lo que la seducción era el último recurso a utilizar con Nicky.

―Si pierdo la apuesta tú le pagarás a tu hermano.

―¿La apuesta es más importante que tu hija? ―inquirió mientras detenía sus propias caricias.

―Llevo dos semanas burlándome de Gordon por aceptar al pretendiente de mi sobrina. Creo que en este caso es importante considerar el modo en el que él se vengará.

Ella se tomó un momento para valorar lo que Nicky acababa de decir. Con el paso de los años se había vuelto un poco vanidoso y muy orgulloso. No le gustaba perder.

―Estoy dispuesta a aceptar… ser una especie de esclava en compensación por las molestias que te cause mi hermano cuando se entere de que aceptas que Callie se case.

―Serán muchas burlas ―la avisó.

―¿Tanto lo humillaste?

―No me pude resistir.

―¿Y qué pretendes hacer conmigo si accedo a ser tuya por completo durante una semana entera?

―Tres.

―Dos.

―Cuatro.

―¡No puedes subir!

―Lo he hecho. Cuatro semanas a mi disposición cumpliendo todos mis caprichos en la cama o fuera de ella, donde yo te lo pida, y Callie se casará con él.

―Uhm… ―Brenda frunció el ceño. Él había dado su brazo a torcer demasiado pronto―. ¿Qué ocultas, Nicky? ―preguntó con suspicacia.

―Nada. Es tu sugerencia.

―Tres semanas, esposo. Es mi trato.

―Yo acepto. ¿Lo haces tú, Brenda?

―Sí.

Nicky le ofreció la mano para sellar el trato. Viendo que ella la mantenía sobre su sexo todavía. Se acercó para darle un profundo beso.

―Tenemos un trato.

―Ha sido fácil. ―Se dijo a sí misma en alto la duquesa.

―Y que lo digas ―valoró Nicky con satisfacción―. En cuanto supe que mi hermana sedujo a su esposo para que él aceptase, supe que tú no tardarías demasiado en probar la misma táctica. Tres semanas haciendo de ti mi esclava es un precio muy justo.

―¡Eres un tramposo!

Él rodó los ojos.

―Me acusa la mujer que ha entrado en mi despacho con los senos al aire y el sexo expuesto. ¡Yo también sé jugar, mi amor!

―¿Qué piensas pedirme que haga estas tres semanas?

―¿Recuerdas cuando a veces me despierto juguetón en plena noche y te molesta que te excite para ocuparte de mi necesidad?

―¡Nicky! La noche es para descansar. No es como si yo te tuviese abandonado. ―Hacían el amor y él dos o tres horas después deseaba más. ¡Era insaciable!

―Te necesito demasiado y tú parece que no me deseas tanto.

―Eso no es cierto. Ocurre que no tengo tanta energía como antes.

―No. Lo que sucede es que me tienes desatendido.

―Hacemos el amor muchas noches. También algunas mañanas.

¡Parecemos jovencitos insaciables! ―Nicky era muy activo, pero ella consideraba que le daba lo que necesitaba.

Adoraba hacer el amor con él, pero el duque no parecía nunca satisfecho.

A medida que cumplía años era más libidinoso que cuando era más joven.

―No es suficiente. Necesito más de ti.

Ella se sonrió complacida. A sus años y todavía era capaz de hacer que su esposo la desease con intensidad. El modo con el que la miraba, con ese hambre tan voraz en sus ojos… Se sentía tan deseada y dichosa. Era plenamente feliz al lado de ese hombre tan maravilloso.

―Entonces toma todo lo que desees. Soy tuya para complacerte en lo que me pidas.

―Aprovecharé bien las tres semanas. Me habría conformado con una… ¿Lo sabes verdad?―dijo antes de bajar su boca para que su lengua probase su néctar.

―Lo sé y por eso te daré todo el tiempo que desees. Haz conmigo lo que quieras durante el resto de nuestras vidas. Te complaceré hasta mi último aliento.

―Eso lo dices porque sabes que hay otras dos muchachas que querrán casarse. Y los hombres que elijan tampoco me agradarán. ―Tener tres hijas era un infierno. Todos los hombres eran babosos que no las merecían.

―Eso lo digo porque te deseo, Nicky. Tanto o más que cuando nos casamos. ―Le aclaró ella con sinceridad―. No me había dado cuenta de que necesitabas más de mí y te lo daré.

Y él le sonrió desde su posición pensando en que no hubiese podido elegir una mujer mejor.

Fin.