Capítulo 1 #3
―He dicho en esposa, no en tu esposa. Ella no sabe ni quién eres ―al menos, cuando ambos se veían Brenda parecía no recordarlo―, pero el ultimátum de mi padre ha sido claro: o toma un marido o él le agenciará uno. No tendrá elección.
―Entonces, ¿lo aprobará?
―Dejémoslo en que se lo presentaré de tal forma, que no tendrá objeción.
A Nicky no le pasó desapercibida la mueca de su amigo.
―¿Qué estás ocultando?
―Ella tiene una serie de demandas, más bien sueños, que…
―¿Alguna de ellas incluye la fidelidad o que no pueda disponer de mi dinero?
―No, pero…
―Entonces tenemos un trato. ―Nicky lo volvió a interrumpir. No le interesaba nada más que eso.
―¿Lo tenemos?
La esperanza y ansiedad que vio en Gordon lo hizo retroceder cautamente.
―¿Tu hermana tiene alguna tara de la que no me estés advirtiendo? ―Mentiría si dijese que no se había fijado en ella, porque todas las mujeres le parecían dignas de admiración… Ella le pareció normal.
―No, en absoluto, creo que estaréis bien. ―La relación entre ese futuro matrimonio sería cosa de hombre y mujer. Ellos decidirían―. Lo que me preocupa es la reacción de tu hermana.
Una sonora carcajada rompió el silencio de la lujosa habitación. Esta vez fue Gordon quien se pasó una mano por la cara y lanzó un suspiro.
El duque salió de la cama mostrando su desnudez sin reparo y riendo sin control. Se encaminó hacia el baño para asearse. Tenía un acuerdo que rubricar y lo haría antes de que su amigo se echase atrás.
Nicky no era ningún iluso. Todo lo contrario.
El futuro duque se jactaba de tener los pies en el suelo.
Aun así, debía admitir que no había pensado en cómo tomaría la noticia la dama, pues quería el dinero, pero eso de estar casado…
Todo lo que veía era cómo conseguirla para obtener los fondos.
Y en honor a la verdad, no estaba preparado para plantearse nada más.
―¡Gordon! ―lo llamó desde la puerta del excusado.
―Dime, Nicky ―pidió Gordon sin volverse, para no ver su hombría.
―¿Tu hermana está al tanto de mi reputación? ―Él no se avergonzaba de cómo estaba viviendo su vida, pero…
―Todo Londres conoce tus movimientos, amigo mío.
―Eso es a causa de la maldita arpía que escribe en ese periodicucho de tres al cuarto.
― The Daily es el mayor periódico de toda Inglaterra y no creo que B. Brown sea una mujer―lo corrigió Gordon, quien se negaba a girarse para mirarlo.
―¡Por Dios del infierno que lo es! Por supuesto que es una mujer.
―Se rumorea que es un apuesto noble.
―No. Estoy seguro de que es una mujer gorda, con lentes, y una fea verruga en la barbilla.
―¿No en la nariz?
―No, demasiado obvio para tenerla en la nariz, es una bruja que tiene una enorme y velluda verruga en su barbilla. Es muy bajita y escupe truenos por los ojos y rayos por la boca.
―A ti no te disgustan las mujeres entradas en carnes, tampoco las que tienen verrugas, tampoco las bajitas…
―No, no hago ascos a nada porque para lo que las quiero, cualquiera me viene bien. Dar otro uso a una mujer es un error. Y estoy convencido de que esa chismosa arpía, esposa de Satanás, que escribe a cada rato sobre mí, es alguien a la que he rechazado.
―¡Tú no rechazas a ninguna!
―Eso amigo mío, debería darte buena pista de lo horrenda que será esa chismosa cuya pluma carga el diablo.
―Nicky, tal vez si te comportases con decoro, ese reportero, porque estoy convencido de que es un hombre, no cargaría contra ti. Es más, te recomiendo encarecidamente que lo hagas para que mi padre permita el casamiento y puedas convertirte en un hombre muy, muy, muy, pero que muy rico.
―Antes se congelará el infierno, amigo mío.
Gordon suspiró.
―Algún día, mi querido Nicky, te tragarás tus palabras.
―Ese momento nunca llegará, te lo garantizo.
―El día que te enamores perdidamente, todo en tu interior te llamará a ponerte de rodillas ante la mujer que descubras.
―¿Antes he dicho que el infierno se congelará?
―Lo has dicho.
―Pues el día que algo así suceda, yo mismo me pegaré un tiro. No acabaré como mi padre o mi madre. Me niego.
―Entonces, espero que tu hermana pueda perdonarme llegado el caso.
―¿Por qué?
―Porque yo seré quien te llevaré la pistola. ―Y, sin más que añadir, el barón Latimer se marchó sin girarse. Su amigo no estaba en su mejor momento físico, pero su hombría era de un tamaño que a él le ponía nervioso…
Media hora después, los dos hombres entraron en el despacho del Latimer’s Bank y sellaron el trato.
Gordon supo que en el momento en que le dijese que Brenda había aceptado a un duque, su padre no pondría ningún impedimento, pese a que era conocedor de la reputación de Nicky.
Así pues, Gordon obviaría ese detalle por el momento.
Lo complicado sería darle la agradable noticia a la joven, y eso sí implicaba serios problemas.
Una vez que firmaron el acuerdo matrimonial, Nicky decidió celebrarlo por todo lo alto.
Regresó al fino burdel que se había convertido en su cuartel de mando y se emborrachó hasta perder el sentido…
sin olvidar a las mujeres que tuvo a su cuidado mientras pudo hacerlo, puesto que cuando llegó a la tercera botella su hombría ya no fue capaz de rendir más .