Pack El Origen de la puerta de los tres cerrojos 32. LA ESFERA DEL SABER
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32. LA ESFERA DEL SABER

LA ESFERA DEL SABER

Habían regresado a la oscura sala circular. Mientras Ada atendía a Don, Niels Bohr se dirigió al centro y contempló, hipnotizado, la estatua con el signo del ying y el yang. Con una mirada ausente, levantó la mano izquierda para alcanzar la esfera de mármol.

— ¡Mejor no toques nada! —sugirió Don al adivinar las intenciones del científico.

Pero el aviso no llegó a tiempo. Con el contacto de su mano, la sala empezó a girar.

En lugar de verse empujados hacia el exterior por la fuerza centrífuga, los tres amigos eran arrastrados hacia el ying y el yang.

El suelo se había convertido en un líquido viscoso y era absorbido en forma de remolino por el centro de la estancia, del mismo modo que el agua de la bañera cae por el desagüe en cuanto quitas el tapón.

Bohr fue el primero en desaparecer en aquel oscuro remolino, seguido por Don y Ada.

Aparecieron en la misma sala oscura y circular, con el monumento del ying y el yang en el centro. O eso parecía a simple vista.

—¿Estáis todos bien? —preguntó Don preocupado.

Los dos humanos asintieron.

—¿Dónde estamos? —dijo Bohr con miedo.

—No lo sé —respondió Ada—. Pero seguro que en el parque de atracciones no.

Parece la misma sala, pero no lo es. ¡Fijaos, las puertas, no tienen ningún letrero!

Así era. Había otras cuatro puertas, también distribuidas de manera irregular, pero algo siniestro se palpaba en el ambiente, y a Ada se le erizó la piel.

—Esto no me gusta. ¡Tenemos que salir de aquí! Abriremos las puertas una a una hasta encontrar la salida.

Dicho y hecho, la joven abrió con firmeza la puerta que tenía enfrente y la atravesó. Los otros dos la siguieron y, una vez dentro de la sala, la puerta se cerró tras ellos. Don reaccionó por instinto para evitar quedar encerrados, pero ya era demasiado tarde.

La estancia era pequeña y no tenía salida.

—¡HEMOS QUEDADO ATRAPADOS! —se lamentó Niels Bohr.

—MIRAD LA INSCRIPCIÓN DE LA PUERTA… —los avisó Don—. PARECE UNA CLAVE.

Al lado del picaporte había un candado con un código de tres dígitos.

Escritas en la puerta podían verse cinco pistas. Cada una constaba de tres números y unas indicaciones:

Ada fue la primera en encontrar la solución. Se dirigió al picaporte y puso los tres números apropiados en orden.

La puerta se abrió y ellos volvieron a encontrarse en la sala redonda.

—¡Fantástico, pequeña geniecilla! —la felicitó Bohr, dándole una palmada en la espalda.

Don observó las tres puertas restantes y propuso:

—¿Qué os parece si cada uno abre una? Así no nos quedaremos atrapados los tres. El que dé con la salida, que avise al resto.

—Si nos vamos a separar —le dijo Ada a su amigo elfo, ofreciéndole el reloj de Kronos—, será mejor que lleves

Don abrió los ojos como platos y le dijo:

—El eternizador… ¿Estás segura de que quieres separarte de él? Kronos te lo encomendó a ti.

En ese momento, Don pudo ver un resplandor en el reloj.

—Ahora entiendo a qué te referías, Ada… —dijo el elfo, sorprendido—. Puedo oír su zumbido, ¡y está brillando!

Ada sonrió.

—Pues yo no lo veo brillar ni oigo nada. Es una señal: el eternizador quiere ir contigo. ¿Recuerdas lo que dijo Peppo? Ellos eligen con quién quieren estar.

Don se lo guardó en el bolsillo con confianza renovada.

—¿Estáis seguros de que lo mejor es separarnos? —preguntó Bohr—. Creo que es más sensato seguir todos juntos.

Pero los otros dos ya estaban abriendo sus respectivas puertas. Niels se encogió de hombros y, resignado, se dirigió a la que quedaba.

En cuanto Ada abrió la suya, una fuerza invisible la succionó dentro.

De repente se encontraba en medio de la jungla, frente a unas ruinas antiguas, ¿quizá mayas, o incas?

De algún modo se había teleportado a aquel remoto lugar.

Cuando quiso inspeccionarlas con más detalle, reconoció una forma humana a las puertas del templo.

Se frotó los ojos tres veces para asegurarse de que su sentido de la vista no la engañaba.

¡Ahí estaba Sofía, de espaldas a ella!

Se acercó para abrazarla, pero sus manos la atravesaron. ¿Sería otra vez una proyección de su mentora?

—¡SOFÍA! —la llamó, pero tampoco parecía oírla.

La mujer contemplaba un grabado sobre la puerta del templo. Tenía la inconfundible marca del ying y el yang, como los que había en el centro de la sala que quedaba a sus espaldas.

Entonces se dio cuenta de que ella era la proyección, y no Sofía. Y, a diferencia de cuando se habían encontrado dentro del espectro negro, en esta ocasión no le sería posible hablar con ella.

Su mentora no podía verla, sentirla ni oírla.

Ada levantó el brazo y se dio cuenta de que tampoco la pared de rocas del templo suponía una barrera para ella. Llena de curiosidad por lo que había tras la puerta que tanto anhelaba cruzar, atravesó el muro.

El interior del templo era enorme. Las paredes estaban decoradas con grabados en la piedra y máscaras rituales. En el centro se alzaban unas estanterías enmarcadas por unas altas columnas de mármol. En la parte superior había un signo griego labrado en piedra:

Qué extraño, un grabado griego en un templo antiguo al otro lado del mundo…

Ada levantó la mano para tocar uno de los pilares de mármol, pero también lo atravesó.

No era más que un fantasma en un lugar ancestral.

Observó con curiosidad los papiros que se apilaban en aquellas estanterías. Le llamó la atención un alargado cilindro de madera, puesto que no era la primera vez que veía uno igual… Se acercó para inspeccionarlo con más detalle. ¿Cómo era posible?

¡Aquello era un críptex cuántico!

Pese a que era un gesto inútil, levantó el dedo para tocarlo. Sin embargo, ocurrió algo inesperado: esta vez sintió el tacto de la madera.

Ada lo agarró y, en ese instante, todo lo que la rodeaba desapareció. No quedaba rastro de la jungla, del templo ni de los demás papiros.

Frente a ella, la oscura puerta que había cruzado estaba abierta.

Todavía confundida y sin entender lo que acababa de ocurrir, salió en busca de sus amigos con aquel objeto de madera en las manos.

Al volver a la sala circular, pudo ver a Bohr y a Don emerger de sus respectivas puertas.

Sus dos amigos estaban en silencio. Sin duda, lo que habían visto los había dejado sin habla. Y también cada uno sostenía algo en sus manos.

Ella, el críptex;

Bohr, un colgante con el sello del ying y el yang,

y Don, un pequeño cubo plateado.

Ada fue la primera en reaccionar, y no pudo evitar atar cabos: el objeto que sostenía Bohr en sus manos era ni más ni menos que el amuleto que necesitaba Sofía. Había visto el mismo dibujo en el grabado de la puerta del templo. Encajaba a la perfección.

—¡ES EL AMULETO! —exclamó la joven emocionada—.

¡BOHR LO HA CONSEGUIDO!

El elfo seguía en silencio, sin apartar la vista del cubo que tenía en las manos.

—Don —insistió ella—, ¿no me has oído? ¡Lo tenemos!

Como si la llamada de Ada lo arrancase de un letargo, el elfo al fin reaccionó.

—Bien —dijo, todavía un poco desorientado—. Ahora solo necesitamos encontrar la salida de este extraño lugar.

Como si un geniecillo de una lámpara mágica cumpliese su deseo, las cuatro puertas que se distribuían en la oscura pared circular se convirtieron en un gran arco.

Del otro lado, podían ver el parque de atracciones donde habían estado unos momentos antes, pero la imagen no era nítida, como si una fina tela los separase.

—¿Creéis que será seguro cruzarlo? —preguntó Bohr.

—No tenemos otra opción, ¿no? —dijo Ada insegura.

—Es un portal…—reflexionó Don en voz alta—. Estamos en un universo de bolsillo. Y yo no lo he creado…

De repente, del otro lado del arco apareció la imagen de una anciana apoyada en un largo tronco que usaba como bastón.

Era menuda e iba vestida con una túnica marrón gastada por el tiempo, como los monjes de los monasterios.

Como sombrero llevaba algo parecido a un nido de pájaros, que cubría una melena blanca llena de rastas.

Su amplia sonrisa multiplicaba las arrugas en un rostro surcado por la edad.

—¿A QUÉ ESTÁIS ESPERANDO? —los apresuró—. ¡SALID YA DE AHÍ! LOS AGENTES DEL CIC OS HAN LOCALIZADO. SPIN-O SABE QUE ESTÁIS EN EL PARQUE DE ATRACCIONES, NO DISPONEMOS DE MUCHO TIEMPO.