Pack El Origen de la puerta de los tres cerrojos 4. DESAPARECIDA
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4. DESAPARECIDA

DESAPARECIDA

Volvió a cerrar los ojos, deslumbrada por la luz que se filtraba a través de las cortinas de la enfermería.

Se llevó instintivamente la mano a la cabeza y sintió la aspereza de las vendas.

Intentó de nuevo abrir los párpados, esta vez poco a poco, hasta distinguir con claridad el rostro de la pequeña que le había estado leyendo.

—Estaba muy asustada —le susurró—. Resulta tan raro verte así de quieta y silenciosa…

—Valentina, ¡lo has conseguido! —dijo Ada con entusiasmo—. Ya lees sola. Estoy muy orgullosa de ti.

—No cambies de tema.

¿CÓMO SE TE OCURRIÓ SEMEJANTE LOCURA?

¿VOLAR?

La hermana Urraca echaba chispas… Por suerte, la hermana Soledad se apresuró a traerte a la enfermería. De no haberlo hecho, la Bulldog te habría encerrado en el Agujero, ¡inconsciente y todo!

Mientras se levantaba de la cama, la joven paciente desveló sus planes en voz alta:

—He de aplicar algunos cambios a mi diseño original. Me voy al taller inmediatamente, creo saber lo que ha fallado.

—Pero… ¿estás loca? ¿En serio piensas que te dejarán volver a pisar la carpintería?

—exclamó la pequeña—. Esta mañana escuché a hurtadillas una conversación entre Soledad y Urraca.

Mientras pensaban en tu castigo, la primera convenció a la segunda de que te obligase a aceptar un empleo de sirvienta en una casa respetable.

Ada se quedó de piedra.

—Y yo que pensaba que Soledad estaba de mi parte… Bueno, conseguiré que me despidan en menos de lo que tarda un pajarillo en alzar el vuelo.

Valentina la agarró suavemente del brazo derecho, pues el izquierdo lo tenía inmovilizado en un cabestrillo, y le suplicó:

—Por favor, Ada, no te metas en más líos. Creo que la hermana Urraca ha llegado al límite… y temo que te dará un buen picotazo.

La joven piloto echaba fuego por los ojos. Es complicado apaciguar una fuerza de la naturaleza. Pero Valentina lo consiguió:

—POR CIERTO, TENGO LA RESPUESTA.

EL MONJE VESTIDO DE BLANCO RESPONDE AL PADRE MARRÓN, POR LO TANTO, NO PUEDE SER ÉL, Y TAMPOCO EL PADRE BLANCO. ASÍ PUES, EL PADRE NEGRO ES EL QUE VA DE BLANCO. EL PADRE MARRÓN IRÁ DE NEGRO. Y FINALMENTE, EL PADRE BLANCO IRÁ DE COLOR MARRÓN.

Desconcertada, a la joven le tomó unos segundos reconocer la solución al enigma que ella misma había planteado unas noches atrás.

—¡Eres brillante! De acuerdo, te haré caso, pequeña sabia. Intentaré comportarme…, te lo prometo.

La niña aún no le había soltado el brazo cuando su cara se ensombreció.

—Hay algo más, ¿verdad? —suspiró Ada—. Eres como un libro abierto. Suéltalo.

Con un gesto, Valentina hizo que su amiga se sentase sobre la cama.

—SOFÍA HA DESAPARECIDO. ANOCHE NOS LLEGÓ UN TELEGRAMA, YO MISMA SE LO LLEVÉ A LAS HERMANAS.

La joven palideció. Se levantó de un brinco y, todavía en shock , volvió a sentarse para pedirle a Valentina:

—Reprodúceme con todo detalle el contenido de ese mensaje.

—No me dejaron leerlo… La hermana Soledad tan solo me contó que no había vuelto a la misión. Creen que se perdió en la selva, pero no me dio más detalles.

Valentina permaneció unos segundos en silencio para que su amiga asimilase la noticia. Luego prosiguió:

—NO CREEN QUE HAYA SIDO UN ACCIDENTE, ADA. POR LO QUE PUEDE ESCUCHAR, LA POLICÍA YA LA ESTABA BUSCANDO. SOFÍA PLANEABA ALGO… DE HECHO, DEJÓ INSTRUCCIONES PARA QUE TE LLEGARA UN MENSAJE SI ELLA NO VOLVÍA.

Una chispa de esperanza se prendió en el interior de Ada.

Suspiró aliviada al darse cuenta de que a su antigua tutora no le había ocurrido nada malo, sino que andaba metida en alguna de sus aventuras.

Sofía tenía un modo peculiar de hacer las cosas, pero siempre había un motivo tras sus excentricidades.

Y si contaba con ella, sin duda alguna estaba dispuesta a formar parte de su plan, fuera el que fuese.

Un temor asomó por su mente.

—Por favor, Valentina, dime que la Bulldog no ha interceptado el mensaje que Sofía me escribió.

—¡No! Por suerte fue Soledad quien lo recibió —respondió, entregándole un trozo de papel—. Urraca no lo sabe, pero no te confíes. Está más pendiente de ti de lo normal…, algo sospecha.

Ada ya no escuchaba las palabras de su amiga. Todos sus sentidos estaban puestos en el críptico mensaje de Sofía.

Valentina esperó ansiosa mientras Ada releía la nota. Finalmente preguntó:

—¿Sabes lo que significa?

Ada negó con la cabeza.

— HERSCHEL FUE UN ASTRÓNOMO. DESCUbrIÓ URANO, ASÍ QUE ESE DEBE DE SER EL MUNDO OCULTO AL QUE SE REFIERE SOFÍA.

—Eso respecto a la llave, pero ¿quién es el científico al que debes ayudar?

Demasiadas preguntas sin respuesta.

Ada estaba tan perdida como Valentina, pero no pararía hasta descubrirlo. Era el único modo de encontrar a Sofía.

Sin embargo, los planes de Urraca no concordaban con los suyos. Tal como le había advertido Valentina, la obligaría a aceptar un trabajo de sirvienta.

A la mañana siguiente, Ada se montó en una de las destartaladas bicicletas del orfanato para dirigirse al caserón donde la habían contratado.

Le abrió la puerta el ama de llaves, que la repasó de arriba abajo.

—¿Dónde está tu cofia? —preguntó con visible desaprobación—, ¿y tus guantes?

Desafiante, la jovencita imitó al ama de llaves, observándola de pies a cabeza.

—No tengo guantes —replicó, y mientras sacaba la cofia del bolsillo de su delantal y se la colocaba, explicó—: El gorro me picaba y no quería que saliese disparado. Vine en bicicleta, ¿sabe?

Antes de que la mujer la reprendiese, el hombre que la había socorrido apareció tras ella.

—¡Por fin has llegado! Te esperaba, Gertrudis.

—Por favor, mejor llámeme Ada —suplicó—. Gertrudis es un nombre horrible,

¿no le parece?

El científico sonrió y la invitó a pasar.

—De acuerdo, Ada te encaja mejor. Creo que el otro día no llegamos a presentarnos. Me llamo Max Planck . Acompáñame, por favor —le pidió mientras le estrechaba la mano, un gesto que sorprendió a las dos damas.

El ama de llaves lanzó un suspiro de resignación y desapareció por el corredor.

La expectación de Ada aumentaba debido al insólito rumbo que estaban tomando los acontecimientos. Mientras seguía al científico por los pasillos de aquella laberíntica mansión, tuvo la certeza de que la hermana Soledad se la había jugado a Urraca.

Esa idea le arrancó una sonrisa.

—Por cierto —dijo la muchacha—, no tuve tiempo de agradecerle su ayuda el otro día, en la academia.

—Lo sé —sonrió él—. Estabas demasiado ocupada perdiendo el conocimiento. Pero... resulta que al final fue un choque afortunado.

De repente, una lucecita se encendió en la cabeza de Ada. ¿Sería su nuevo jefe el científico al que había hecho referencia Sofía en su críptica nota? Aunque era imposible que, desde otro continente, supiera que acabaría sirviendo en aquella casa.

Imposible…

—He pensado —dijo Max— que me vendría bien tener un ayudante. Pero no necesito a alguien que se limite a hacer lo que le pido, quiero que sepa pensar por sí mismo. Y me parece, jovencita, que ha quedado demostrado que tienes iniciativa suficiente.

A la chiquilla le hicieron falta un par de segundos para volver a tocar con los pies en el suelo. Aquello era, sin duda, lo mejor que le había ocurrido desde el triste día que Sofía se había marchado del orfanato.

—Este es el estudio donde trabajo —mientras abría la puerta, Planck añadió—, y he preparado un sitio para ti.

La decepción se hizo explícita en el rostro de Ada.