Otras aguas Una mujer
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Una mujer

En mis momentos de ocio hay cosas que recuerdo: cómo pasaba los dedos por la tierra de mis materas, sacaba la lengua para resaltar un comentario pícaro y dormía con el pelo tapándole los ojos, para sentirse en la oscuridad profunda de la finca.

Dijo que ella y su hermana vieron un gato gris mirándolas desde un matorral. Entonces, de repente, se transformó en un búho, ululó y echó a volar.

Su hermana la miró con ojos tan grandes como lulos. «Nunca vimos eso», dijo.