Otro lugar
Vengo de una familia de estabilidad inmutable. Mi abuelo dirigía una empresa fundada por su padre. La precaución corre por la sangre. Alarmas de alta tecnología, acciones altamente cotizadas, creencia en un escudo de defensa impenetrable.
En la casa de mi abuelo, con una escalera de caracol sacada de Lo que el viento se llevó, los niños lanzábamos cartas a la lámpara de araña.
Luego de una cena servida por empleadas «de color» que eran llamadas con un timbre debajo del tapete, los hombres se retiraban a la sala para ver golf.
Mi abuelo tenía un carrito de golf azul pálido y un férreo apretón de manos.
A sus noventa años, con una sonrisa bondadosa, podía doblarte las rodillas.
Apenas pronunció una palabra.