Un amigo
Es domingo, el día que Lucho no soporta estar solo. Por supuesto, está su perro, de ciento cinco años de edad canina, su compañero en las aguas estancadas de la soledad, y los remolinos de una mujer llamada Leona.
«Durante meses, no me dejó tocarla. Entonces un día me agarró por debajo de la mesa».
Habla de ella en tonos reverentes. De su pelo rojo salvaje y su risa voluptuosa. De su piel pálida, suave y fría como el mármol. Hija precoz de un par de académicos, le gustaba citar a Nietzsche y tirar la noche entera.