Otoño en Cold Spring
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Prólogo
—E n tu destino veo un hombre —predijo la pitonisa que leía la buenaventura en el festival de otoño que se celebraba en Cold Spring y al que Imogen había acudido con Kendall.
—¡¿De verdad?! —Estaba entusiasmada, el vaticinio tenía un atisbo de verdad para ella.
—Sí, has conocido a tu alma gemela en la noche de la luna llena fría —refirió más concretamente la pitonisa.
—¿Qué luna es esa? —Aquello a Imogen le comenzaba a sonar extraño y soltaba un tufillo a «la patraña de las más grandes», además le picaba la nariz por culpa del incienso; no solo eso, sino que el chico que tenía en mente se lo habían presentado de día, no de noche.
—La luna de diciembre, cuando las noches se vuelven más largas y oscuras, con la que se marca la llegada del invierno. Siempre sucede cuando se acerca el solsticio —le explicó aquella mujer, que conocía los diferentes nombres que recibía la luna.
—¿Lo conoceré bajo esa luna? —¡Hasta le sonó raro!
—Sí, vuestros destinos están marcados y está en la línea de tu mano —señaló una que llegaba a la base del dedo anular de la mano derecha—, es profunda. Él es para ti —confirmó ella—, y estoy segura de que si viésemos la de él, sería gemela a la tuya.
—¿Lo conozco? —formuló la pregunta de un modo más concreto.
Detrás de ella, a su espalda, Kendall se rio por lo bajo, lo cual la molestó. Imogen frunció el ceño y despegó los labios como para decir algo, pero decidió no hacerlo para no interferir en la respuesta que estaba esperando.
—Sí, os conocéis, aunque —la mujer estiró la mano de Imogen echando los dedos hacia atrás, con lo que la palma se blanqueó y las líneas cobraron un color rojizo— tendréis que esperar un tiempo, porque veo algo que os separa, un impedimento que no os permite en el presente estar juntos, aunque en un futuro sí lo estaréis y os encantará.
—Creo que ya sé de quién se trata —confirmó Imogen—. Lo que no sé es qué problema podremos tener, los dos estamos solteros.
—A lo mejor no es quien tú piensas. —Aquello la dejó descolocada, si no era él, ¿quién?—. No te preocupes por nada, él te encontrará a ti. Y por cierto, no hagas el amor —le advirtió con cierta oscuridad en el rostro.
—¡¿QUÉ?! —Por detrás, Kendall volvía a reírse, a ella no le gustó para nada cómo había sonado.
—Evita hacerle el amor o las consecuencias serán terribles.