Oscuro linaje. Libro 2: La esfera de Emet Capítulo 26
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Capítulo 26

Nell

Me despierto antes que ninguna. Como siempre.

Es una vieja costumbre de ladrona: la primera en abrir los ojos es la que controla la salida. Toda mi vida me he despertado antes que nadie. Cuando duermes en casa ajena, madrugas para huir antes de que te echen.

Solo que esta mañana no miro la puerta.

Las miro a ellas.

Sabina, con el pelo desparramado y una pierna sobre las mías. Althea boca arriba, el ceño fruncido incluso dormida. Sylara tan quieta y serena que parece una de las estatuas que adornan el palacio.

Y en mi mente, la carta de mi madre.

Kaelisar no es tu enemigo. Es tu…

Toda la vida he odiado los finales a medias. Las preguntas sin respuesta me sacan de quicio. Y mi madre me dejó la más grande de todas y se murió antes de poder explicarla.

Lasara. La reina que cocinaba fatal, la que se reía de los chistes malos, la que gastó hasta la última gota de su magia para esconderme del mundo y mantenerme con vida.

Estoy en su tierra. Respiro el mismo aire raro que un día respiró.

Cuando era pequeña, a veces la odiaba por dejarme sola en este mundo.

Ahora sé que me dio una oportunidad, que murió para que yo pudiese estar justo aquí, esta mañana, viva.

Y voy a averiguar cómo termina esa frase. Aunque tenga que arrancarle la verdad a Kaelisar con mis propias manos. Lo voy a saber.

Toda mi vida he sobrevivido huyendo. De la policía, de los hogares de acogida.

De cualquiera que se acercase a mí lo suficiente como para que doliese al marchar.

Aprendí a correr antes que a confiar, a saltar tejados antes que a pedir ayuda.

La huérfana. La ladrona. La chica rara de los ojos aún más raros que nunca se quedaba el tiempo suficiente como para que la echaran.

Toda mi vida me he despertado la primera para poder ser la primera en marcharme.

Esta mañana me despierto la primera para poder quedarme mirándolas un rato más.

Mañana iremos a por las piedras. Y sé lo que nos espera.

Un kraken, un dragón, una montaña que está viva.

Un destino desconocido que se revelará si no morimos antes.

Y por si fuese poco, un rey loco que quiere matarnos, una princesa con un demonio dentro, un velo que se muere y una frase sin terminar.

Mil maneras de que todo salga mal.

Pero por primera vez en toda mi vida, el miedo no me da ganas de huir. Me da ganas de quedarme. De luchar. Y, sobre todo, de volver.

Porque la huérfana que nunca tuvo nada, por fin tiene algo que perder.

Y resulta que tener algo que perder era lo único que me faltaba para dejar de escapar.