ISABELLA
22 Años.
La música retumba en mis oídos mientras avanzo entre el mar de cuerpos que bailan. Las luces de neón parpadean en tonos púrpura y azul, dándole a todo un aire de irrealidad. Estoy emocionada, quizá demasiado.
No suelo venir a discotecas, pero esta noche es especial: Elena ha logrado reunirnos a las cuatro, algo que no ocurre desde hace más de un año.
Miranda y Olivia llegaron esta tarde, y después de muchas risas, tapas y vino, nos convencieron de seguir la fiesta.
Bueno, no necesitaron mucho esfuerzo conmigo. En cambio, Elena tuvo que amenazar con dejar de hablarles si no venían.
–¡Isa! –grita Elena, agarrándome del brazo mientras me abro paso hacia la barra–. ¡Santi está aquí con su hermano y unos amigos!
–¿Santi? ¿Tu Santi? –pregunto, riendo.
–Mi Santi. Y espera, porque Adrián también está.
Elena lo menciona de vez en cuando, pero hasta ahora, para mí, él no era más que una sombra en las historias de Santi.
–¡Por fin voy a conocerlo! –exclamo emocionada, aunque en realidad no tengo ninguna razón concreta para estarlo.
Elena me lleva de la mano, sorteando grupos de gente que bailan al ritmo de un remix de reggaetón.
Cuando llegamos a una esquina menos concurrida de la discoteca, lo veo: Santi, de pie junto a otros chicos, con su sonrisa despreocupada de siempre.
A su lado el que supongo que es Adrián, y de inmediato siento un extraño escalofrío.
Es diferente a lo que imaginaba. Mientras Santi parece cómodo y relajado, Adrián está de pie con los brazos cruzados, como si quisiera desaparecer.
Lleva una chaqueta de cuero que lo hace destacar aún más, pero lo que realmente me atrapa son sus ojos.
Oscuros, intensos, como si pudieran ver a través de mí.
–¡Santi! –saluda Elena, corriendo hacia él.
–¡Amor, por fin llegáis! –responde Santi, abrazándola.
Luego me mira y sonríe–. ¿Y esta quién es?
–Muy gracioso –digo mientras me acerco y le doy un abrazo–. La persona que Elena más ama del mundo –le digo seria.
–Lo dudo, la persona que más ama Elena y que más ama a Elena soy yo. Bienvenida al segundo puesto –me dice con cara de malcriado.
Entonces, Elena me da un codazo y señala a Adrián.
–Y él es Adrián.
–Hola –digo, tratando de sonar natural mientras extiendo la mano hacia él.
Adrián duda antes de aceptarla, pero no sonríe.
–Hola.
–Vaya, qué entusiasta –bromeo, soltando su mano. Santi suelta una carcajada y le da un golpe en el hombro.
–Adri es así. Le cuesta socializar.
–No es verdad –protesta Adrián, aunque su tono es más cansado que molesto.
Elena me empuja hacia la pista de baile antes de que pueda responder.
–¡No pierdas el tiempo intentando hacerlo bailar! –grita.
–¿Por qué no? ¡Yo puedo con cualquiera! –le respondo moviéndome al ritmo de la música.
Se ríe y desaparece entre la multitud, dejándome sola. No puedo evitar mirar hacia él, que sigue en la misma esquina, observando todo con cara de aburrimiento. Hay algo en él que me intriga, que me atrae.
Tomo una copa de vino de la barra y me acerco.
–¿Qué haces aquí si no te gusta la gente? –le pregunto entregándole la copa.
Adrián me mira sorprendido, pero acepta la bebida.
–Santiago. Me obligó a venir.
–¿Siempre haces lo que te dicen? Él sonríe, aunque apenas.
–No, pero a veces es más fácil.
–Pues yo creo que deberías bailar.
–No bailo.
–¿Nunca?
–Nunca.
–Perfecto, yo bailo por los dos. –Sonrío ampliamente y doy un paso hacia atrás, moviéndome al ritmo de la música mientras él me observa.
–Eres… intensa.
–Y tú un aguafiestas –respondo, riendo.
Elena aparece de nuevo, interrumpiéndonos con una botella en la mano.
–¡Ven a bailar conmigo! –insiste, tirando de mi brazo.
–¡Espera! –protesto, pero ella ya me lleva de vuelta a la pista.
Pasados unos minutos, llegan todas las chicas. Pasamos un buen rato bailando, riendo y cantando a gritos. Sin embargo, no puedo evitar mirar de reojo hacia Adrián, que sigue en su esquina, inmóvil. Algo en mí quiere volver allí, pero no sé por qué.
Finalmente, cuando la música baja un poco y necesito descansar, salgo a la terraza. El aire fresco de la noche me calma, y me apoyo en la barandilla, mirando las luces de la ciudad.
–¿Ya te cansaste?
Su voz me sorprende. Me giro y lo veo detrás de mí, con las manos en los bolsillos.
–¡No me canso nunca! –miento.
–Eso parece. –Se apoya a mi lado, mirando hacia la ciudad.
–¿Qué haces aquí?
–Demasiada gente dentro.
–Eres todo un misterio, ¿sabes?
Él me mira y, por un segundo, creo que va a decir algo importante, pero en lugar de eso, simplemente dibuja una sonrisa pequeña y reservada que me desarma.
–Y tú eres demasiado ruidosa.
–¡Gracias! Lo tomaré como un cumplido.
Nos quedamos en silencio mirando la ciudad. Es extraño, pero curiosamente no se siente incómodo.
Adrián rompe el silencio primero.
–Nueva York, ¿verdad? Elena lo mencionó.
–Sí. Estoy estudiando para ser directora cinematográfica.
¿Y tú?
–Barcelona. También cine, pero quiero ser guionista. Lo miro sorprendida.
–¿Es una coincidencia o el destino?
–Eso depende de ti.
¿Qué decir?, Elena y Santi me pidieron a gritos esta novela de horror erótico y no me pude resistir.
En el libro anterior agradecí a todas las personas importantes en este proyecto, a todas y todos, gracias, en serio por haber influido de alguna manera para que la Vanessah escritora finalmente saliera a flote.