Chapter 35
Elena
Hoy es el día. Uno que parece haber llegado demasiado rápido, y al mismo tiempo, después de todo lo que hemos pasado, parece que me ha costado una eternidad alcanzar.
Observo como el vestido blanco crudo me envuelve cubriendo cada rincón de mi piel, mi mente está a kilómetros de distancia, viajando a los recuerdos que nos trajeron hasta aquí.
Las puertas de la habitación se abren de golpe y, por un momento, soy consciente de lo que sucede.
—¡Elena! —La voz de Isa resuena en la habitación, a la que se le suman otras voces.
Risas y gritos de emoción llenan el aire.
Miro a mis amigas entrar en la habitación, todas son-riendo. Sé que están tan felices por mí.
—¡Qué guapa estás! —grita Miranda, avanzando hacia mí para abrazarme.
Me siento un poco abrumada, pero no puedo evitar sonreír.
—Gracias… Es raro verme así, ¿no?
—Te ves perfecta, no hay otra palabra para describirlo
—comenta Olivia mientras me ajusta el velo.
Me observo una vez más en el espejo. No soy gran fan de los vestidos de novia, pero este... Este me hace sentir que estoy en un sueño.
Es el vestido que elegí sin pensarlo, estaba destinado a ser el que me acompañará hoy. El escote sutil, el encaje que recorre los brazos y la falda que cae con elegancia sin ser demasiado voluminosa.
Perfecto para el día perfecto.
—¿Cómo está Santiago? —le pregunto a Isa mientras me ayuda a ajustar el peinado con el velo para que quede perfecto.
—Está fuera de sí. No puede dejar de sonreír. De hecho, hasta me dijo que estaba tan nervioso que pensaba que iba a desmayarse antes de entrar al altar —responde entre risas—. Creo que ha estado practicando sus votos durante toda la mañana.
Todas se ríen, cosa que calma mi ansiedad un poco.
—Yo también estoy nerviosa —confieso, sin poder evitarlo—. Creo que voy a vomitar.
—No me extraña, estás embarazada —revela Violeta.
Todas se acercan y me rodean, un círculo de apoyo que nunca me ha fallado. Ellas, a pesar de que vivimos en diferentes países, han estado en mis mejores y peores momentos, y hoy no es la excepción.
—No llores aún, que sino lloraremos todas y saldremos hechas un cuadro —me pide Olivia.
Me río, limpiándome una lágrima que ya ha comenzado a resbalar por mi mejilla.
—¿Listas? ya es la hora —anuncia la wedding planner.
El sonido del piano de la ceremonia comienza a sonar desde el pasillo.
—Es la hora —susurra Isa, mirándome con una mezcla de emoción y alegría—. Estás hermosa, amiga.
Siento que floto mientras camino hacia la puerta. Las chicas se colocan a mi alrededor, preparándome para dar el siguiente paso. Mientras las puertas se abren y mis amigas van caminando con los chicos al altar, mis piernas pierden consistencia.
Entra primero Isabella con Adrián, tras ellos van Olivia y Diego, luego Miranda con Damián y, por último, Violeta y Rodrigo. Mis amigas con los amigos y el hermano de Santi, nada podría ser más perfecto.
Segundos después, todos los ojos se clavan en mí.
Pero mi mirada solo está fija en él, de pie frente al altar, con esa sonrisa que solo él sabe brindar.
Cuando nuestros ojos se encuentran, todo lo demás se desvanece. Solo existimos él y yo.
Lo veo ahí, tan perfecto, tan real, que casi tengo miedo de que, si parpadeo, todo desaparezca.
Te amo , veo que susurran sus labios mientras camino hacia él.
Mis piernas parecen estar tan flojas, pero es su mano la que me da la fuerza para seguir. Me la extiende y, cuando llego a su lado, su toque me devuelve a la realidad.
Las palabras del oficiante suenan como un eco lejano en mis oídos, hasta que llega el momento crucial.
—¿Aceptas a Santiago Herrera como tu esposo? —pregunta, y no tengo que pensarlo ni un segundo.
—Sí y mil veces sí.
Un sí rotundo, un sí que significa todo lo que soy, todo lo que quiero ser a su lado.
Luego, su turno. Sus ojos me buscan con una intensidad que me deja sin aliento.
—Te amo, Elena, te amo en tu luz y en tu oscuridad.
Y sin más palabras, sin más barreras, se acerca a mí. Sus labios se encuentran con los míos, suaves, cálidos. Un beso lleno de promesas, de recuerdos y de todo lo que hemos compartido.
Cada paso que dimos juntos ha sido parte de un destino que solo nosotros podíamos entender.
Cada risa, cada lágrima, todo ha sido un lazo que nos ha unido de una forma tan profunda que no importa lo que el futuro nos depare. Lo único que sé es que estamos aquí, juntos, y eso es todo lo que siempre he querido.
Crecimos juntos como mejores amigos, y cada vez que caía, él estaba allí, sosteniéndome, protegiéndome, incluso cuando no podía verlo. Fue él quien me salvó, quien escondió mi verdad para mantenerme a salvo, quien nunca permitió-que me perdiera.
Nuestro amor no es perfecto, ninguno lo es. Ha estado lleno de desafíos, de momentos en los que tuvimos que reconstruir desde las ruinas nuestras inseguridades. Pero es nuestro amor, y ha sido forjado con cada pequeño gesto, con cada sacrificio, con cada día que hemos compartido.
Cuando estoy con él, siento que no necesito nada más. No importa qué tan inciertos sean los días por venir, porque mientras esté a su lado, sé que puedo enfrentar cualquier cosa. Este amor, tan firme y tan lleno de historia, siempre será mío, siempre será suyo.
El sonido de las puertas al abrirse de golpe corta la música. Un grupo de agentes uniformados entra con paso rápido, dividiéndose para rodear todo el espacio.
—Elena Santos, Santiago Herrera, quedan detenidos por sospecha de homicidio.
En un segundo, el caos explota. Escucho los gritos de mis amigas; Isa está histérica; Miranda no para de preguntar qué está pasando. Sus voces se mezclan con el ruido de las sillas volcadas.
—¡Manos atrás! —me ordena el agente que me sujeta con fuerza.
Siento el frío metal cerrándose en mis muñecas, Santiago busca mi mirada. Está pálido.
—Amor, mírame —me dice con urgencia, mientras un policía lo obliga a caminar—. Todo va a estar bien, te lo prometo, estamos juntos en esto. Te amo.
—Camine, Herrera —le corta el agente, empujándolo bruscamente hacia la salida.
—Tienen derecho a guardar silencio —continúa el oficial, impasible ante el caos del salón—. Cualquier cosa que digan puede y será usada en su contra...
FIN... ¿O no?