CAPÍTULO 38
LEO
Nuestra reunión de esta mañana es diferente, porque esta vez no soy el único Ortega en la sala.
Miro a mi hermano Dom y me invade una extraña emoción al verlo sentado en la esquina de mi despacho, inclinado hacia delante con vivo interés mientras Ryan expone los planes para la reunión de esta tarde.
Cuando termina, miro a mi hermano y arqueo las cejas.
—¿Qué opinas?
Niega con la cabeza.
—Es demasiado arriesgado. Estará esperando una emboscada.
—Posiblemente después, pero no antes —digo pensativo, y Dom niega con la cabeza—. ¿Y si tiene el mismo plan? Ya intentó acabar con Matteo. Sin duda seremos los siguientes.
—Por eso debemos llegar a él primero.
Ryan escucha nuestra discusión con interés y comenta:
—Mis fuentes me dicen que sigue el mismo procedimiento en cada reunión. Primero envía un señuelo. Para cualquiera que esté observando, es él en persona con su esposa a su lado saliendo a almorzar.
—¿Un señuelo? —Dom arquea las cejas y yo asiento.
—Siempre ha preferido este método. Por eso ha sobrevivido tanto tiempo. Sus señuelos han recibido muchas balas destinadas a él, y simplemente los reemplaza cuando pasan a mejor vida.
Dom silba.
—Menudo cabrón.
Ryan asiente.
—Algunos lo llamarían ingenioso; todos sabemos que es la mente de un criminal sin escrúpulos.
—¿Y su esposa lo acepta? —dice Dom incrédulo, y Ryan asiente—. Probablemente prefiere la compañía de ellos.
Sonríe.
—Así que, mientras su esposa y su doble disfrutan del almuerzo, Carlos disfruta de un almuerzo de otro tipo.
—No entiendo —dice Dom irritado, y yo añado—: Putas, hermano. Se las envían a domicilio, y se dedica a su pasatiempo mientras su esposa está fuera. Por eso nuestro plan no puede fallar.
—Porque no esperará una emboscada cuando salga en el segundo coche.
Dom exhala bruscamente.
—Aún no me convence. Habrá pensado en esto y tomado medidas. Si tú conoces sus planes, probablemente sean de dominio público. Los soldados tienen la lengua suelta y pierden la lealtad si alguien les ofrece más.
—¿O alguien con interés en librar al mundo de un monstruo les pasó la información?
—¿Quién? —Dom se inclina hacia delante y Ryan ríe por lo bajo—. Giselle.
—¿Qué pasa con ella?
Intervengo:
—Uno de los soldados de Matasso se puso en contacto con Eduardo. Se conocían del barrio donde crecieron, así que había confianza entre ellos.
—¿Eduardo?
—Uno de mis capitanes en los límites de nuestro territorio. Matasso se folló a su esposa mientras él miraba porque el soldado dejó escapar a un tipo al que estaban siguiendo y que les debía dinero. Como era de esperar, el soldado estaba que trinaba y le soltó la información a Ed por venganza.
—¿Confías en él?
Ryan asiente.
—Lo comprobamos. Pusimos a uno de nuestros fantasmas a vigilar la fortaleza de Matasso, y vio los coches que salían y quién iba en ellos. Vio lo que parecía ser Matasso y Giselle salir en un coche, y dos horas después salió otro coche con Matasso también dentro. Eso respalda su historia.
—Descuidado —Dom niega con la cabeza mientras me recuesto en el asiento y me encojo de hombros—. Le ha funcionado y ha evitado tres intentos contra su vida que yo sepa. A veces el enemigo está a la vista de todos y aun así pasa desapercibido.
Ryan interviene:
—Así que hoy no será la excepción. Matasso esperará un ataque y enviará a su esposa por delante con su doble.
Almorzarán en Farado's, que es el mejor restaurante cerca de la oficina de Bagway.
Luego se irán, esperando que cualquier golpe ocurra allí.
Mientras tanto, Matasso habrá terminado su propio «almuerzo» y habrá llegado al destino por la parte trasera del edificio.
Suele entrar por la entrada de servicio disfrazado de operario y luego se cambia en el baño antes de subir a la reunión.
Sale de la misma manera mientras su doble usa la entrada principal.
—Entonces, tu plan es acabar con él en la entrada de servicio —Dom parece preocupado—. ¿Puedes confiar en el informante?
—No nos ha fallado todavía, y el hecho de que su esposa esté embarazada de un hijo de Matasso haría flaquear la lealtad hasta del soldado más fiel.
Dom se recuesta y dice en voz baja:
—Joder. Yo lo mataría.
—Pues adelante. Mi francotirador ya está en posición, pero si falla, o Matasso logra esquivar la bala, más vale tener un Plan B.
Dom asiente.
—¿Qué tienes en mente?
—Esperarlo dentro. Hay mucho personal en el edificio, y sería fácil que te ocultaras con algunos soldados disfrazados de trabajadores. Un seguro, por así decirlo, para evitar que asista a esa lectura del testamento.
—Y Diana, ¿qué planes tienes para ella? —Dom parece asqueado con solo pronunciar su nombre, y yo gruño—: Vendrá a casa con nosotros, y esta vez pagará por sus pecados.
Ryan sonríe, disfrutando claramente de toda la trama siniestra, y Dom se ríe.
—Eso tengo que verlo.
Mi móvil suena y veo el nombre de mi hermano en la pantalla. Contesto enseguida:
—Matteo.
—Me he dado de alta. Envía un coche y estaré ahí en treinta.
Río por lo bajo, sabiendo que nada de lo que diga lo hará cambiar de opinión.
—Considéralo hecho.
Al cortar la llamada, me vuelvo hacia Ryan.
—Envía un coche para mi hermano con protección. No me fío de Matasso, y el lugar más seguro para Matteo es con nosotros. Que haya un equipo médico preparado para atenderlo aquí.
Ryan asiente y se pone a teclear frenéticamente. Dom también asiente.
—Lo necesitamos con nosotros. No me gusta que esté en peligro en el hospital, por muchos guardias que tengamos allí.
—Siento lo mismo, hermano.
Me estiro y digo con un profundo suspiro.
—Ahora tenemos que repasar qué haremos si fracasamos y qué haremos si lo conseguimos. Va a ser una mañana larga.
Dom asiente.
—Es importante que lo hagamos bien.
Le mando un mensaje rápido a la señora English porque vamos a necesitar café, y mucho, para aguantar.