CAPÍTULO 27
CHASTITY
No puedo creer que lo haya dicho. Le dije que sí y traicioné todo lo que siempre había querido.
Cuando llegó el momento, no pude soportar la idea de alejarme, y mientras me quita las joyas con cuidado y después desliza el vestido por mis hombros, no aparto la mirada de sus ojos para no perderme ni un instante.
Le devuelvo el favor: le quito la camisa y dejo su arma a un lado con cuidado mientras deslizo las manos por su pecho musculoso, deleitándome en la fuerza de mi hombre.
Porque es mi hombre. Supongo que lo supe desde el momento en que lo conocí, pero esta noche sellamos nuestro pacto de la única manera posible.
Sus labios buscan los míos en un gesto dulce y delicado, como si temiera que fuera a romperme. Mientras saboreamos la dulzura de una promesa, mi corazón se eleva con la certeza de haber tomado la decisión correcta.
Me empuja hacia atrás sobre la cama y va dejando un rastro de besos suaves por mi cuerpo tembloroso, como si el mundo dejara de girar para darnos más tiempo.
Me hace sentir débil y, sin embargo, soy más fuerte a su lado.
Es el planeta alrededor del cual orbito, la atracción magnética que me mantiene en mi sitio, que me mantiene a salvo.
Su cabeza se acomoda entre mis muslos separados y, cuando atrapa mi clítoris palpitante con la boca, jadeo ante las sensaciones que recorren todo mi cuerpo.
Es tan intenso... Anhelo más, y mientras él extrae mi placer con suavidad desde lo más profundo, pronuncio su nombre, recordándome quién se ha instalado en mi alma.
Arqueo la espalda, extasiada por cómo me besa por dentro.
Posee la parte de mí que nunca había encontrado dueño.
Me rindo ante él porque es el indicado. El hombre con el que he soñado toda mi vida, y eso me sorprende.
Nunca quise a un hombre como él, pero no sabía cuánto necesito a un hombre como él.
Dominante, sexy, un guerrero, pero también tierno y amable, protector cuando de verdad importa.
Ya sé que mataría por mí, y yo me interpondría ante una bala por él.
No hace falta hablarlo, es una verdad tácita que ninguno de los dos necesita expresar con palabras.
Tiemblo mientras recorre mi cuerpo, mordisqueando y besando mi piel a su paso. Su polla dura descansa entre mis piernas, expectante, como si aguardara permiso para entrar. Con la voz ahogada por la desesperación, le suplico:
—Fóllame, Leo. Por favor, te necesito.
No necesita que se lo digan dos veces. Cuando entra en mí de una sola embestida, grito, deleitándome en la sensación de sentirlo llegar hasta el fondo.
Mis piernas se enroscan en su cintura mientras se hunde más y más, y en todo momento me mira a los ojos con una dominancia que me hace desfallecer de deseo.
—Me encanta estar dentro de ti.
Gruñe mientras empuja más fuerte, más profundo, anunciándole a mi cuerpo que ha llegado y que nada volverá a ser igual.
Nunca había entendido de verdad las emociones que el sexo podía desatar.
Las chicas en lo de Cindy nunca hablaron de nada parecido.
Mis escasas experiencias anteriores fueron decepcionantes, y bien podría haber prescindido del lío que conllevaban.
Pero esto... Esto es otra cosa, y lo haría todo el día si mi cuerpo aguantara.
—Leo.
Jadeo mientras la presión aumenta y no puedo concentrarme en nada más que en el hombre que está dentro de mí, del que nunca quiero que se vaya.
Me asusta amar, porque encontrarlo ha sido un deleite inesperado para el que no estaba preparada.
Una especie de asalto, pero uno que recibo con los brazos abiertos y ruego que sea el primero de muchos.
Que tengamos un futuro que disfrutar juntos.
Se hunde más profundo y gruñe:
—Me encanta estar dentro de ti, Chastity.
Sus palabras ásperas hacen que se me corte la respiración.
A pesar de esforzarme tanto por prolongar el momento, no puedo, y con un grito intenso me entrego a la sensación que me destroza el alma mientras mi cuerpo se lanza desde el acantilado más hermoso y floto de vuelta a la tierra como si fuera invencible.
Como si hubiera estado esperando a que yo alcanzara el placer antes de entregarse al suyo, Leo ruge y embiste profundamente mientras se corre con tanta fuerza que juro que la cama se va a romper.
Creo que hasta a él lo sorprende un poco, porque su torturado:
—¡Joder!
Me hace reír. Luego gruñe contra mi oído:
—Para que lo sepas, nena, eso ha sido jodidamente increíble.
Me hace soltar una risita y, cuando se retira, me mira a los ojos y sonríe, lo que me sorprende un poco.
No es propio de Leonardo sonreír. Siempre parece tan sombrío, como si cargara con los problemas del mundo entero, pero justo en este momento su sonrisa lo transforma.
Es como si hubiera abierto una ventana a su alma y me dejara atisbar las maravillas que guarda dentro, descubriendo a un hombre con tanto corazón que me deja atónita.
Susurra:
—Solo quiero recordarte que ahora eres mía.
—Ni de coña.
Sonrío con dulzura y noto cómo me brillan los ojos mientras sus palabras ablandan mi corazón endurecido.
Él está en lo cierto. Soy suya. Supongo que era inevitable, porque el destino ha decidido que no podemos librarnos el uno del otro.
Esto es lo máximo a lo que podemos aspirar y, resulta que, estoy más que feliz con ello.