CAPÍTULO 22
LEO
Cuando escuché la historia de Chastity, algo se rompió dentro de mí.
Creía que mi infancia había sido difícil, pero diablos, la suya supera la mía con creces.
Me gusta pensar que habría sido tan fuerte como ella, pero ahora entiendo que hace falta un tipo especial de persona para aguantar esa mierda, y eso me hace darme cuenta del tesoro que he encontrado.
Chastity nunca me ha parecido tan hermosa como cuando abrió su corazón, y lo que empezó como lujuria se está convirtiendo en mucho más.
Quiero protegerla y mantenerla a salvo, pero más que nada, quiero tenerla a mi lado.
Quiero ser a quien recurra, quiero ser su protector.
Ya no está sola, lo que automáticamente significa que yo tampoco.
Tomé mi decisión en un instante, y si ella cree que este anillo es solo para aparentar, está muy equivocada.
Hoy le compraré a Chastity un anillo de compromiso, con la condición de que pronto lo siga una alianza de boda.
No pienso dejarla ir ni ponerla frente a ese bastardo que mató a sus padres por calderilla.
Ese honor lo aceptaré yo mismo con mucho gusto.
Cuando regresé a la habitación anoche, era obvio que estaba sufriendo, y me sorprendió lo que eso me hizo sentir.
Quería despertarla y exigirle una explicación.
Verla sufrir me dolía a mí también, y tuve que hacer acopio de todas mis fuerzas para dejarla dormir.
Ella no lo sabe, pero la abracé anoche mientras se retorcía y gritaba, demasiado profundamente dormida para darse cuenta.
Cuando se calmó y pasó la pesadilla, la dejé descansar, y mis pensamientos volvieron a la amenaza a la que nos enfrentamos.
La historia de Diana no cuadraba, y en cuanto lleguen Dom y Flora, pienso comparar la versión de Flora con la de su hermana.
Luego está la razón por la que descubrí quién es realmente Chastity.
¿Fue una coincidencia, un golpe de suerte, o alguien tendió una trampa en la que caí de lleno?
Ryan vino a mí con la información, así que necesito retroceder y encontrar dónde empezó el rastro.
Nunca lo cuestioné en su momento, pero ahora sí, y mientras Chastity se ducha y se cambia, salgo a buscarlo.
—Jefe. Está sentado en la terraza bajo el sol de primera hora, y mientras tomo asiento a su lado, no pierdo el tiempo.
—¿Quién te dijo que Chastity tenía una agenda con Matasso?
Parece pensativo.
—Uno de los soldados. Creo que fue Grady.
—Encuéntralo.
Ryan me lanza una mirada inquisitiva, pero se marcha y enseguida vuelve con Grady, que parece algo nervioso.
—Jefe. —Se queda de pie, incómodo, y señalo el asiento a mi otro lado.
—Siéntate.
Obedece, pero noto que está nervioso.
—¿Cómo te enteraste de Chastity y su, eh, conexión con Carlos Matasso?
Grady parece preocupado. —Uno de los soldados de tu hermano me lo dijo cuando te reuniste con ellos hace poco.
Hago memoria del día en que nos reunimos todos después de que Matteo asesinara a Mario, y pregunto rápidamente: —¿Cuál?
—Creo que se llamaba Jonny.
—¿Qué te dijo y por qué te lo dijo?
Necesito respuestas, y rápido, porque Diana y Chastity podrían llegar en cualquier momento.
Grady responde preocupado: —Estábamos comentando lo que había pasado, y los tipos hablaban de que Mario era hijo de Carlos Matasso.
Temían represalias y se hablaba mucho, y este tipo nos dijo que había una mujer perfecta para cargárselo.
Nos habló de la Señorita Blake y dijo que probablemente lo haría gratis porque Matasso había asesinado a sus padres y ella quería venganza.
Los tipos se rieron y lo descartaron, pero yo se lo conté a Ryan por si servía de algo.
Ryan me lanza una mirada y asiento, leyéndole el pensamiento como siempre, y le digo a Grady: —Gracias. Hiciste bien.
Ryan se levanta y Grady lo sigue justo cuando Diana viene hacia nosotros, espectacular con un vestido veraniego rosa pálido. Mientras los hombres se van, ella se desliza a mi lado y sonríe como si fuera la princesa más inocente del mundo.
—Buenos días, cariño. Espero que hayas dormido bien en tu antigua habitación. Qué agradable debe de ser volver a casa después de tanto tiempo.
La ignoro por completo porque Chastity sale de la casa. Sonrío mientras se acerca y me levanto para apartarle la silla a mi otro lado. Rozo mis labios contra los suyos y susurro: —Estás para comerte. —Ella se sonroja mientras toma asiento y coge la jarra de zumo.
—Buenos días. —Saluda a Diana con un gesto, y esta entrecierra los ojos antes de decir alegremente: —¿Le dijiste a Leo que hoy íbamos de compras?
Antes de que pueda responder, digo rápidamente: —Cambio de planes. Chastity viene conmigo. Tenemos asuntos importantes que atender.
Observo a Diana de cerca en busca de una reacción, y mi recompensa es una expresión de sorpresa antes de que la disimule rápidamente, lo que me confirma que tenía un motivo oculto para la invitación desde el principio.
—Oh, qué lástima. Tenía tantas ganas de tener compañía femenina por una vez.
—Quizás tu hermana te haga compañía. —Suelto la bomba y Diana exclama conmocionada: —¡Flora! ¿De qué estás hablando?
—Oh, ¿no te lo dije? Mis hermanos regresan hoy con sus parejas. Seremos una gran familia feliz otra vez. ¿No es así como te gusta, madrastra?
Si el pánico tuviera forma humana, estaría sentado a mi lado ahora mismo. Me interesa observar su reacción, pero ella simplemente asiente y aparta la silla. —Encantador. Iré a avisar a la señora English para que prepare las habitaciones.
Mientras se escabulle, me da que la señora English es la última persona a la que va a avisar, y me pregunto a qué estará jugando.
—¿Es esto prudente? —interrumpe Chastity y me encojo de hombros. —¿Tú qué crees?
—Esto podría ser nuestra oportunidad —susurra—. Me lo pidió por algo, y puede que nos venga bien.
—¡No! —digo con rotundidad, lo que hace que levante la mirada.
—¿Por qué no?
—Porque las cosas han cambiado.
—¿Qué cosas?
La frustración me invade al intentar explicar algo que ni yo mismo entiendo, y suelto con irritación:
—No me discutas y come algo. Tenemos un día largo por delante y no puedo darte respuestas ahora mismo.
—¿Por qué no? —insiste, y golpeo la mesa con el puño y grito:
—¡Porque no puedo funcionar con normalidad contigo metida en mi cabeza!
Me mira horrorizada mientras susurro:
—Deberías haberme dejado follarte ayer, porque es lo único en lo que puedo pensar. Me estás volviendo loco y eso me está trastornando. En un momento creo que te tengo calada, y al siguiente haces algo que me hace cuestionar mi propia cordura.
—¿Quieres follarme? —Parece divertida, y suelto—: ¿Qué tiene tanta gracia?
—Tú.
—No soy ningún puto comediante.
—En eso tienes razón. —Desliza la mano en la mía y se inclina, susurrando—: Entonces, ¿qué estás esperando?
La miro confundido y ella señala hacia la playa con la cabeza.
—¿Qué tal ahora? Me atrae la idea de tontear en el mar. ¿Te apuntas?
Ni siquiera espera respuesta y sale corriendo por la terraza, bajando los escalones hacia la playa privada.
La sigo a toda prisa porque este es el tipo de locura al que desde luego no estoy acostumbrado, y voy siguiendo un rastro de ropa que lleva hasta la orilla. La observo zambullirse en el oleaje y emerger como una diosa del mar mientras me hace señas:
—¡Vamos, está increíble!
Ni siquiera lo dudo y me arranco la ropa con urgencia porque, que Dios me oiga, quiero esto más que nada, y hasta que no la saque de mi cabeza, no podré pensar con claridad. Un polvo es todo lo que hace falta para volver a la normalidad, y cuando salgamos de este mar, volveré a tener el control.