CAPÍTULO 3
CHASTITY
Ruby es un encanto. En cuanto nos quedamos a solas, una amplia sonrisa ilumina su rostro, y me encanta cómo le brillan los ojos.
—No te dejes intimidar por los hombres de esta casa, cariño. La mayoría de las veces ladran mucho pero no muerden.
Sabiendo que sin duda está subestimando lo peligrosos que son en realidad, me limito a sonreír agradecida.
—¿Cuánto tiempo llevas trabajando aquí? —pregunto en tono desenfadado, disimulando mi verdadero propósito: obtener toda la información posible sobre mi presa.
Los llamo presa porque no los considero otra cosa.
Puede que tenga que defenderme y, como asesina entrenada, usaré todas las armas de mi arsenal.
—Tres años. —Su rostro se ensombrece y suspira—. Aunque es más una vocación que un trabajo.
—¿Por qué? —Sacude la cabeza con tristeza.
—El jefe me acogió cuando asesinaron a mi marido. No tenía ningún lugar seguro adonde ir, y esta casa... —hace un gesto con la mano—. Es más segura que la mayoría, pero peligrosa a la vez.
Ya sé a qué se refiere: un movimiento en falso o un paso en la dirección equivocada y tu estancia aquí termina... junto con tu vida.
—En su mayor parte es una fortaleza bien custodiada, no un hogar, y bueno... espero que algún día todo cambie.
Llegamos a lo alto de la gran escalera y suelta un profundo suspiro.
—El jefe es un buen hombre controlado por uno malo.
—¿Qué te hace decir eso?
Sacude la cabeza como decepcionada.
—Bajo todo ese dolor hay un buen hombre. Deja que el dolor lo domine y ahoga al hombre bueno que lleva dentro.
—Un buen hombre, dices. —Esta vez soy yo quien sacude la cabeza—.
Los hombres buenos no tienen cabida en una fortaleza, Ruby, porque esto es así por algo. Supongo que el señor Ortega tiene muchos enemigos, y si fuera un buen hombre, no viviría de esta manera.
Los ojos de Ruby se entrecierran; está claro que he tocado una fibra sensible.
—Lo es. —Me mira fijamente—. Hay que escarbar más hondo para ver su interior.
Los momentos en que baja la guardia. Cuando está solo y parece melancólico.
Cuando cree que nadie lo observa, y cómo trata a su personal.
Esas no son las acciones de un hombre duro y sin alma.
Son las de alguien que se esfuerza por ocultarla.
—¿Por qué me cuentas esto? —Me encojo de hombros como si nada de eso fuera conmigo, y ella susurra:
—Porque siempre guardo la esperanza de que algún día encuentre a alguien que sane sus heridas.
No necesito preguntarle más. Es evidente que es una romántica empedernida, y la compadezco por ello.
El romance tiene su lugar en el mundo, pero no en este mundo.
No en uno lleno de terror y manos ensangrentadas.
No en uno donde las almas lloran y los demonios danzan.
Aquí no hay espacio para la felicidad, y debería saberlo.
Llevo demasiado tiempo siendo habitante de este mundo.
No hay luz cuando vives en la oscuridad, y sé mucho más de eso que la mayoría, así que descarto los comentarios de la ilusionada ama de llaves y observo con interés mientras me muestra una habitación que me hace salivar.
—Creo que encontrarás todo lo que necesitas aquí, eh...
—Chastity. —Sonrío y ella me devuelve una sonrisa radiante.
—Es un nombre precioso, querida —dice con generosidad, y me encojo de hombros—. Es un oxímoron, porque soy cualquier cosa menos casta.
Parece sorprendida por mi franqueza. Mientras me muevo por la habitación como una pantera al acecho, paso los dedos por las cortinas de seda y observo cómo mis pasos dejan huella en la gruesa alfombra blanca.
—Una cosa que deberías saber sobre mí, Ruby —digo casi de pasada, y ella me observa expectante mientras añado con frialdad—: Al igual que tu jefe, no muestro emociones.
Para ser sincera, renuncié a ellas hace años por considerarlas una pérdida de tiempo.
Si esperas algún tipo de romance entre nosotros, te llevarás una decepción, porque esa no soy yo y probablemente nunca lo seré.
Me sorprende el brillo en sus ojos cuando murmura:
—Eso suena a grito de guerra.
Echo la cabeza hacia atrás y me río. Esta sorprendente ama de llaves me cae mejor cuanto más habla.
—Quizás, o simplemente estoy diciendo la verdad. Verás, mi razón para estar aquí no tiene nada que ver con el señor Ortega, sino con conseguir lo que quiero.
—¿Qué quieres? Satisface mi curiosidad —dice con una sonrisa. Me siento en el borde de la cama y le dedico una sonrisa deslumbrante que hace que abra los ojos como platos y se le desencaje la mandíbula.
—Quiero paz, Ruby. Paz interior, y poner fin a la locura con la que convivo.
No recuerdo cuándo dejó de ir pegada a mi hombro, y busco la manera de librarme de ella para siempre.
Tengo la sensación de que estar aquí puede ser justo lo que necesito para conseguirlo, así que, como puedes ver, estoy aquí por dinero y por razones puramente egoístas.
Puede que el señor Ortega esté perdido, pero yo también, y no busco más lastre que cargar.
Asiente como si entendiera, pero lo dudo. Ni siquiera estoy segura de entenderlo yo, y su respuesta es una amplia sonrisa y un suave:
—Te dejo para que te instales. Debes de estar cansada. Esta habitación es tu santuario mientras estés aquí, eh... Chastity, y si necesitas algo, mi extensión es el cero en el teléfono de la mesilla.
—¿Servicio de habitaciones?
Arqueo una ceja y ella suelta una risita.
—Ni mucho menos. El Señor Ortega ha dado instrucciones precisas de que debes comer con él en el comedor formal a las dos. Un consejo: no llegues tarde, porque es un hombre impaciente al que le encanta aplicar su propia forma de justicia.
—Pues le deseo suerte con eso.
Me examino las uñas y bostezo ruidosamente. Ruby sale de la habitación con un breve asentimiento.
—Descansa bien y llámame si necesitas algo.
En cuanto la puerta se cierra tras ella, salto de la cama y comienzo un registro más exhaustivo de mi prisión.
Tardo veinte minutos en memorizar cada salida, cada posible arma y una ruta de escape por si la necesito.
Tomo nota de la posición de las cámaras de seguridad fuera de mi ventana y calculo la caída desde el alféizar hasta el suave césped del exterior.
Observo las posiciones de los guardias que patrullan y trazo un plan de ataque en mi mente.
Sí, puede que esté aquí para hacer un trabajo, pero la situación podría cambiar en cualquier momento, y como soy alguien que siempre espera lo inesperado, casi deseo que ocurra algo que ponga a prueba mis habilidades.