Ordeñada por Daddy Epílogo
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Epílogo

Habían pasado once meses desde el primer parto.

Elena yacía en la cama grande de la habitación principal, el cuerpo todavía sudoroso y tembloroso.

Acababa de dar a luz a su segundo hijo apenas una hora antes.

La comadrona ya se había retirado. El bebé dormía profundamente en el moisés al lado de la cama.

El primero, de solo diez meses, también dormía en la habitación contigua.

Marcus entró en silencio. Se quitó la camisa y subió a la cama con ella. La miró con esa intensidad oscura y posesiva que nunca había desaparecido.

—Mira cómo estás… —murmuró, pasando la mano grande por su vientre todavía hinchado y blando—. Acabas de parir y ya te veo otra vez lista para que te llene. Qué buena chica.

Elena soltó un quejido débil, medio lloroso, medio excitado.

Los pechos le pesaban enormes, duros, goteando leche sin control.

Marcus se inclinó y capturó un pezón hinchado entre los labios, chupando con fuerza.

Un chorro caliente le llenó la boca de inmediato.

Tragó despacio, gimiendo contra su piel.

—Sabe más dulce cuando acabas de dar a luz —dijo contra su pecho, pasando a lamer y beber del otro—. Mi buena niña… siempre tan llena de leche para Daddy.

Le separó las piernas con cuidado. Ella estaba sensible, abierta, todavía resbaladiza de los fluidos del parto. Marcus no esperó. Se acomodó entre sus muslos y empujó dentro de ella de un solo movimiento lento y profundo. Elena arqueó la espalda y soltó un gemido largo.

—Joder… —gruñó él, hundiendo la cara en su cuello mientras empezaba a moverse—. Mira cómo me recibes. Acabas de parir y ya estás otra vez tan abierta y perfecta para mí. Tan bonita llena de mí…

Le agarró las caderas con firmeza y la folló con embestidas profundas y posesivas. Cada vez que se enterraba hasta el fondo, le recordaba en voz baja:

—Así te quiero. Hinchada. Llena. Goteando leche y semen. Mi buena chica que siempre está lista para otro bebé…

Elena lloriqueaba y se aferraba a sus hombros, los pechos rebotando y derramando leche con cada embestida. Marcus bajaba la cabeza una y otra vez para beber de ellos mientras la tomaba, lamiendo, chupando, tragando.

Cuando sintió que estaba cerca, se incorporó un poco, la miró a los ojos y le habló con voz ronca:

—Voy a llenarte otra vez. Ahora mismo. Y dentro de unos meses vas a volver a parir… y yo voy a volver a follarte exactamente así, mientras bebo de estos pechos tan generosos. ¿Entiendes, nena?

Ella solo pudo asentir, rota y excitada, mientras él se corría profundo dentro de ella, gruñendo su nombre y apretándole el vientre todavía blando como si ya estuviera imaginando el siguiente bulto.

Después se quedó dentro, sin salir, lamiendo la leche que seguía brotando de sus pezones y murmurándole al oído:

—Tan bonita… tan mía… tan perfecta cuando estás llena de mí.

Elena cerró los ojos, exhausta, sensible, completamente suya. Sabía que en cuanto su cuerpo se recuperara lo suficiente, Daddy volvería a dejarla embarazada.

Otra vez.

Y otra.

Exactamente como le había prometido.