Chapter 1 #36
Al salir por la puerta del edificio, en frente justo hay una farola en la acera y había una cinta roja atada a la farola y «1D» escrito con tiza encima.
Me llamaréis loca, pero, de repente, me ha dado un vuelco al corazón, porque ese tipo de cosas son los códigos que utilizaría Isaac (bueno, el Isaac veinteañero que yo conocí).
«1d», ¿qué significa eso? Primero d: un día, primer día, día uno…
Se me va un poco la cabeza, ¿no? Quizás es una simple pintada en la farola que, posiblemente, ya estaba y nunca había visto y la cinta roja seguramente la haya colgado ahí alguien que la ha encontrado tirada en la calle por si su dueña la va buscando.
Mi cabeza, que no para de discurrir misterios.
Me he ido a la oficina un poco aturdida por ese flash .
Que igual es una chorrada, pero que me ha traído a la cabeza a ese chico que me dejó tan loca hace años.
Yo creo que son los nervios por mi nueva situación sentimental.
He pasado de ser libre como el viento a, de repente, pasar a tener que planificarlo todo por dos.
Quizás mi mente no deje de buscar impedimentos a algo que no los tiene. Debe de ser eso.
Como estaba tan nerviosa, he decidido irme a tomar una copa al local de Chus.
Tampoco queda bien desaparecer del mapa de repente (eso sí, con la cabecita centrada).
Me he sentado en un taburete y he pedido una crema de orujo con hielo.
Hoy no quiero ron-cola, que luego no duermo, solo algo que me temple la mente.
Al verme Chus tan instalada en modo tranquilo, con ropa de trabajo y con esa copa, se ha venido a sentar conmigo para ver qué me pasaba y he aprovechado para ponerle al día de mi futura nueva vida.
Por supuesto, otro que no se lo creía. Me ha dicho que, en lugar de estar feliz, parecía preocupada, pero ya le he dicho que se trataba de estrés de trabajo y de todos los cambios que se avecinaban, pero que estaba muy feliz.
Y es cierto, ¿no? Qué más se puede pedir: un chico maravilloso, totalmente compatibles sanguíneamente hablando y, quizás, hasta un posible bebé en camino (ahora que lo pienso, quizás la copa no era lo más recomendable, pero la necesitaba).
Estaba rayada por la cinta roja y no me la podía quitar de la cabeza.
Visto mi extraño estado de esa noche, Chus fue, como en nuestros primeros momentos, un amigo supercariñoso y que entendía a las mujeres a la perfección.
Me estuvo animando sin intentar nada turbio en su «reservado» y la verdad es que me hizo sentir muy a gusto y acompañada.
No sé por qué a veces te sientes sola cuando estás rodeada de gente.
Nos despedimos y le prometí que volvería antes de que James se instalase en la ciudad. Aunque después seguro que también, porque creo que hasta se caerán bien.
¡Por fin es viernes! Mi día favorito de la semana.
Saber que ya solo quedan unas horas de locura en el trabajo (últimamente, los viernes son casi peores que los lunes y recibes mil mails y llamadas.
Parece que todo el mundo se quiere ir a casa con los deberes hechos que no ha hecho durante el resto de la semana) y que luego tengo todo el fin de semana para disfrutar ¡me encanta!
Al salir por la puerta, otra cinta roja. Ya no sé si es la misma de ayer u otra, porque, al volver, no me acordé de mirar si estaba. Entré por el garaje y una pintada que ponía DD. Esto si que ya no sé qué puede significar, pero bueno, no le voy a dar muchas más vueltas, que es mi día favorito.
Acabo de volver a casa y me merezco una hamburguesa completa con Coca Cola light (siento mucho si hay veganas entre nosotras, pero hoy me lo merezco).
Después del atracón, cuando ya me disponía a ponerme el pijama (me encanta estar en casa en pijama y con mis supercalcetines gordísimos) para echarme una siesta de esas que no se planifican mientras ves una peli, de repente llaman a la puerta (eran las seis en punto de la tarde y no esperaba visitas).
En otros momentos hubiera pensado que era James, porque es muy dado a las sorpresas, pero este finde no puede, tiene una cena hoy de despedida con sus compañeros y el sábado con la familia y le era del todo imposible venir el fin de semana.
Abro la puerta con mis pintas de pelo recogido en lo alto (así como caiga, al azar) y no os vais a creer lo que me encuentro… Todavía lo intento asimilar y, lo peor de todo, me ha dado por llorar.
Abro la puerta y… ¡Oh, Dios! Un tío moreno, tipazo, abrigo de paño azul marino y una visera y bufanda roja plantado delante de mi puerta (y no era el chico de Telepizza, os hablo de un pedazo de tío).
Digo:
—¿Hola? —Y el chico se quita la visera y me hace una reverencia.
—¿Recuerdas que teníamos una cita? ¿Hoy hace un mes y trece días de tu cuarenta cumpleaños, ¿correcto? A las seis de la tarde.
Lo miro con los ojos abiertos como platos y se sonríe. Esa sonrisa y esos ojos eran inconfundibles… ¡¡¡Era ISAAC!!! ¿Qué hacía en mi casa? ¿Cómo había dado conmigo? Estaba claro que me superaba como detective privado.
Por supuesto, le dije que pasase, y ni un beso le di, porque estaba descolocada. No sabía qué hacer y aquello se salía de cualquier plan establecido, aunque, según él, lo habíamos planificado hacía veinte años.
—¿No recibiste mi postal el día de tu cumpleaños? Creía que habías entendido el mensaje.
¿Postal? ¡Claro, la postal desde Miami! ¿Me estáis diciendo que el que me había mandado la postal que puso en marcha la «Operación Femme Fatale » había sido Isaac? Estaba fibrilando.
Efectivamente, la postal era suya, y me había hecho ver que ya había cumplido cuarenta años y estaba libre como el viento y sin hijos, pero yo me pensaba que la postal me la había enviado mi tía Marga la viajera, que cada mes está en un rincón del mundo y siempre ha tenido la ilusión de que su única sobrina chica le diese un sobrinito en algún momento.
Para nada había pasado por mi mente, en aquel triste día, que la postal me la había enviado Isaac.
Rápidamente, voy a buscar la postal a mi cajón de correspondencia y allí estaba.
¿En serio pensáis que el día de mi cumpleaños, con el bajón que tenía por cumplir cuarenta años, me podía parar a fijar en la postal y sus códigos secretos de una promesa de hace veinte años? Pues ya os digo yo que no estaba para tales menesteres aquel día.
Me acabo de quedar a cuadros.
Yo pensando que mi tía me echaba la bronca por seguir soltera y sin hijos a mi edad y resulta que era Isaac recordándome que, si todo seguía igual en mi cuarenta cumpleaños, como prometimos, nos reencontraríamos un mes y trece días después (lo del trece era por el número de su habitación en aquel internado suizo y el mes era para darnos tiempo tanto a celebrarlo como a poder encontrarnos, aunque, visto lo visto, él ya me tenía localizada.
Ah, y el seis era la hora de la cita). 1+13/6, efectivamente.
Estoy ahora mismo en shock . No me lo esperaba. Me parece precioso. Llevo un mes buscándolo, ¡qué casualidad! Pero no para esto, sino para tirármelo a lo loco y poder engendrar… y resulta que él se había acordado estos veinte años y ha venido a buscarme.
Me siento una mala persona por no haberme acordado de nuestra promesa y no darme cuenta de las señales que me dejaba.
Y ahora, ¿qué hacemos?
Os dais cuenta de que el universo la ha tomado conmigo y no parece querer que siente la cabeza o que mi vida sea normal de ninguna de las maneras…
Os dais cuenta de que el universo la ha tomado conmigo y no parece querer que siente la cabeza o que mi vida sea normal de ninguna de las maneras…
Tengo varias alternativas.
Contarle que estoy casi comprometida con un chico maravilloso y que probablemente mi situación personal y social (quizás lleve el hijo de alguno dentro) va a cambiar pronto, por lo que, sintiéndolo mucho, me alegro de verlo y no puedo intimar más con él.
Esto sería lo más lógico, pero me quedaría con las ganas de volver a estar con Isaac, aunque sea el fin de semana y saber qué ha hecho en todo este tiempo…
Contarle la locura de plan que me he montado, mi nuevo romance con James, consecuencia del plan (que, en cierto modo, él tiene parte de culpa por la postalita enviada) y ver su reacción:
- Si es positiva, tendré que pensar qué hago y con quién me quedo.
- Si es negativa y no quiere saber nada de una loca como yo, me quedo con James.
No decir nada, dejar a James y lanzarme a la aventura con Isaac, que tengo idealizado y que siempre fue el chico perfecto. Eso sería horrible para James, no se lo merece y prometí a Juanma que no le haría daño. Esto me traería que mis amigos de carrera me tachen de la lista para siempre.
Abrir la caja de Pandora, contárselo a los dos y que se peleen por mí. Por supuesto, estoy bromeando, esto no lo contemplo, porque me quedaría sin ninguno.
Tome la decisión que tome alguien va a salir mal parado.
Esto es una M_ _ _ _ A con mayúsculas.
¿Qué hago? Es tan mono y lleva veinte años esperándome.
Creo que, al menos, tengo que contarle lo que ha pasado con el plan Femme Fatale , ver qué opina y también que me cuente qué ha sido de su vida en estos veinte años.
Quizás ya no me atraiga lo más mínimo (espiritualmente, porque físicamente os aseguro que muchísimo) o quizás solo viene a verme, pero no a cumplir su promesa…
Chicas, muchas de vosotras me vais a matar.
He decidido contarle a medias lo sucedido y pasar el fin de semana con él.
Lo sé. Soy lo peor, una indecisa, inconsciente y una golfa, pero no me puedo quedar con el famoso «y si» toda mi vida.
Hemos tomado un café tranquilamente en mi casa y me ha dicho que se quedaba en el ¡Four Seasons! Hello? ¿Quién es este tío? Alojarse en ese hotel cuesta más de 1500€ la noche, me he quedado muerta.
Me ha invitado a pasar allí el fin de semana y, como os podréis imaginar… Solo por verlo he dicho que sí (lo siento, no lo he podido evitar).