Chapter 1 #4
Alberto – Nunca os liéis con el primo de una amiga, la cosa se complica y puedes tardar en quitártelo de encima.
Una de mis amigas más simpáticas del máster a la que quiero un montón, Elena, se trajo un fin de semana a su primo Alberto, y claro, una cosa llevó a la otra, «a mi primo le haces tilín»…
Y claro, siempre he sido una buena anfitriona, y tilín tilín, que el tío no paraba de venir a ver a su prima, la familia ya se estaba pensando algo raro con eso de «cuanto más primo, más me arrimo».
Figúrate las malas lenguas. Total, que yo tenía claro que no era el hombre de mi vida y prefería correrme las juergas con su prima, la cual se empezaba a hartar de su primo-sombra, y no nos podíamos explayar como de costumbre.
Utilicé la técnica de la discusión exagerada con su prima delante de él (por su puesto, todo pactado entre nosotras), para que se indignase y no quisiera saber nada más de mí, que ponía verde a su prima e insultaba a su familia.
Elena le dijo que había roto toda relación conmigo después de eso, lo que era falso total, pero así Alberto dejó de molestar.
Tuvimos hasta que bloquearlo de Facebook para que no nos volviera a ver juntas, ¡qué locas!
Creo que se ha hecho un hombre de provecho, ha montado una empresa de exportación de vinos y la va muy bien.
Pero está casado con, según me dijo su prima, una estirada repelente, por lo que no será difícil de tentar.
Lo más difícil será crear la trama de reconciliación entre primas, pero bueno, ya somos mayores, ¿no?
Genéticamente, lo bueno de Alberto eran sus ojos, color agua cristalina, pero del resto, SERIO, LEAL y OJOS BONITOS. Lo voy a poner con los FORMALES y TAJANTES.
Álex – Solo de pensarlo se me pone la carne de gallina.
¡Cómo me he podido olvidar de este ejemplar!
Álex fue de esas conquistas que ni tú misma te lo crees.
Pues bien, estaba yo con mi amiga Julia, la cabrona pibón (por aquel entonces era la guapa, porque era la rubia del grupo y todos le hablaban a ella de primeras, aunque eso nos venía bien al resto, que, mientras ella abría el terreno, las demás hacíamos la selección).
Pues estábamos en una discoteca de moda (no era nuestra habitual, pero ese día decidimos explorar otros territorios) y vemos a dos chicarrones en el centro de la pista que llamaban la atención por su porte.
Vamos, que estaban buenísimos. Ni corta ni perezosa, a Julia le faltó tiempo, pero cuál fue mi sorpresa, que el guapo, morenazo, que era Álex, no le hizo ni caso a mi amiga y ¡se vino directo hacia mí!
Y fue visto y no visto. No me lo esperaba, era rollo modelo de revista, os lo juro, pelo larguillo desenfadado un poco surfer , moreno, ojos color caramelo, bronceado de piel, cuerpazo, y una sonrisa que encandilaba hasta al segurata de la puerta, de estas sonrisas « profident » blanca y perfecta.
Era como un imán para las chicas. ¡¡¡Y había optado por mí!
!! Esa noche fue memorable. Y bueno, no os he contado lo mejor, resulta que los chicos eran pilotos, figúrate.
Acababa de tachar de mi lista lo de ligarse a un piloto.
Bueno, mi cara cuando entré por la puerta de casa era para verla.
No había pasado de un lío en la discoteca, porque, además, era un domingo, y no es muy normal salir el domingo.
Pero había una fiesta especial en esta discoteca que os comento y las únicas osadas, y que no tenían clase del día siguiente, éramos nosotras dos.
Como digo, no pasó de un rollo, pero menudo rollo, pasión total, y el tío encima besaba de película.
.. Y me gustó un montón que no forzase llevarnos a su casa ni nada.
Ellos madrugaban, por lo que no pasó de ahí, pero me dio su teléfono y quiso quedar esa misma semana.
Por aquel entonces, yo compartía piso con varios amigos, casa mixta: chicas y chicos, y claro, el cachondeo estaba servido.
Llegamos las dos (bueno, yo más, lo de Julia no había cuajado, y el rubio estuvo dando conversación a la rubia, porque Álex quería estar conmigo esa noche).
Llegamos con la sonrisa permanente puesta, repito, yo más, contando la historia de lo bien que nos lo habíamos pasado al resto, ¡y que encima me había ligado a un piloto! Los chicos de la casa no se lo creían_
—¡Ese te ha tomado el pelo para llevarte al huerto!
Pero NO, era de verdad, me había contado un montón de cosas de su trabajo, estaba en prácticas y vivía aquí, en casa de sus tíos.
Él era de una isla, ya me parecía a mí que ese físico no era normal.
Total, que, para callar las bocas de mis trogloditas compañeros de piso, Álex, después de un montón de mensajes al móvil, me pidió mi dirección y el martes siguiente se presentó en mi casa, ojo al dato, vestido de uniforme, rollo oficial y caballero.
Touché! Queridos ignorantes, el chico era piloto.
En fin, que, tras pasearlo un poco para asegurarme de que aquellos cafres vieran que era de verdad, nos encerramos en mi habitación.
Y chicas, el día se me hizo corto, ¿qué fue eso?
¡Era el David de Miguel Ángel en guapo! No os digo más.
Y sexualmente una máquina de matar. Lo pienso y todavía me pongo nerviosa. Menuda conquista.
Desgraciadamente, aunque nos vimos varias veces más, él siempre que hacía escala en la ciudad me llamaba y esa noche se ahorraba el hotel (aunque es un decir, porque tenía la casa de sus tíos).
No podía considerarlo como un posible candidato a nada.
Él siempre me venía a ver, y eso me ponía todavía más tonta.
Lo malo es que yo, seguramente, era su amor de aquel puerto, pero podía esperar que tuviese otros puertos a los que arribar seguro, por no hablar de que no me imagino yo a las azafatas, vamos.
O eran lesbianas o resistirse a algo así era muy complicado.
Total, que nunca me hice más ilusiones que las de tener un amigo con derecho, que además estaba tremendo y era un amor.
Álex está dentro de los muy buenos candidatos, genéticamente si sale a su padre. Imaginaos el bebé de revista. GUAPO, PIBÓN, AMABLE, BUENO, LIGÓN, POLÍGLOTA.
Tengo que cotillear sus redes sociales, la última vez lo vi en muchas fotos con la misma azafata, Dios los cría…
Vamos a incluirlo dentro de los PIBONES-BUENOS.
Andrew – Este ni lo voy a considerar, aunque era muy mono e interesante, pero os cuento la historia para que flipéis un poco.
Andrew era mi profesor de inglés en la universidad.
Eran clases, por así, decirlo extraescolares, y el profe estaba cañón.
Típico americano californiano, con sus greñas, su aspecto de guitarrista de grupo y su actitud de rey del mambo que vivía muy pero que muy bien, con un halo de misterio grunge que le daba mucho morbo.
Todas nos anotábamos a sus clases por lo que os comento, nos tenía a todas loquitas.
Y, ahora que lo pienso, a ellos también, porque a los pocos chicos que había se les notaba que también los ponía tontorrones.
Pues bien, no sé por qué empecé a hacerle gracia, no sé si desde el día en el que me vio saliendo de la clase de francés.
Siempre me tiraba las míticas pullitas de que por qué perdía mi tiempo con el francés, que no me serviría de nada, y tonterías que se veía que lo hacía un poco para ponerme nerviosa.
Y un día lo consiguió, me dijo que me quedase para revisar mi proyecto.
Teníamos que entregar el proyecto final de marketing tanto en castellano como en inglés y él nos corregía las traducciones.
Estábamos solos en su despacho, era ya muy tarde, nueve de la noche y como que se le fue la pinza.
Yo llevaba una falda muy mona con botas altas.
Es cierto que para sus clases siempre me arreglaba más de la cuenta, y de pronto empiezo a notar cómo un pie empezaba a meterse por debajo de mi falda.
Se había quitado la zapatilla y, de repente, empecé a notar cómo su calcetín, y por tanto sus dedos, se movían entre mis muslos.
Claro, no me lo esperaba, ¡no sabía cómo reaccionar a eso!
Vale que él estaba buenísimo y todas soñábamos con que nos hiciera caso, pero, una vez allí, las formas tan descaradas y directas al grano (estaba claro que no buscaba un romance, sino un polvo loco en el despacho) me descolocaron.
Me dijo «si te portas bien, tu carrera puede llegar al estrellato».
¿Perdona? Pero qué me estaba contando. Por supuesto que no me interesaba ese trato viniera de quien viniera, pero lo mejor de todo es que no era nadie.
Estaba allí porque a la directora y a la jefa de estudios les encantaba como a todas, pero vamos, de proyección profesional o lobby estratégico os aseguro que no era.
Total, que me levanté de un salto y le dije que se me hacía tarde y me estaban esperando.
Me quedé traumatizada un tiempo y me salté un par de clases hasta que me di cuenta de que lo mejor era no hacerle ver que me había afectado, no quería que, además, me pudiese perjudicar a nivel académico y, siendo sinceros, lo que me hizo volver de verdad fue que, pasados unos días de mi fatídico encuentro privado, pillé saliendo de su despacho a uno de los chicos de clase abrochándose el cinturón y subiéndose la bragueta y con una cara de lujuria…
No me lo podía creer, el tío era bi , le daba igual carne que pescado.
¡Qué decepción! Y, por otro lado, menos mal que no cedí a sus insinuaciones.
Qué asco, ¡se estaba cepillando a media facultad!
Os lo quería contar por si alguna vez os cruzáis con un Andrew profesor de inglés muy mono. ¡LEJOS! Hacedme caso.
Esta A de mi lista la tachamos. Solo de recordarlo, me dan arcadas.
Estaría en el grupo de los CERDOS, GUAPOS, BILINGÜES, JETAS.
B
Bruno – Creo que es la única B que tengo, pero esta B se merece un buen capítulo. ¡Qué historia!