Operación Femme Fatale Chapter 1 #2
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Chapter 1 #2

Mi otro portero favorito es el portero del trabajo.

Este es más acorde a mi edad, incluso puede que sea hasta algo menor, pero ni en broma me lo haría con Felipe.

No es mi tipo, no me atrae nada de nada, pero bueno, es muy majo y siempre es superamable conmigo, hasta los días que llueve.

Me llama antes de la hora de irme para avisarme de que no se me olvide el paraguas arriba y, entre nosotras, lo de que cada vez que me vaya justamente el ascensor está en mi planta, me ha hecho pensar siempre que él me lo lanza para que no tenga que esperar nunca, es más mono…

Pero cero feeling sexual, de verdad, demasiado amable y nada en común conmigo, descartado.

Ahora que me escucho, hasta podría ser peligroso con tantas atenciones.

A ver si va a ser uno de esos como los de la película que se vuelve loco, se obsesiona con la chica y se pone a matar a todos los que lo separan de ella.

Quita, quita, que yo solo necesito una donación.

Descartado y cambio de tema, que me cae muy bien, no es un psicópata para nada. Qué rápido viaja la mente, centrémonos.

LISTA DE POSIBLES CANDIDATOS

​-​ ​ Dueños de perros desconocidos en el parque (Tíos buenos)

​-​ ​ Padres de alquiler, gigolos, o cualquiera que cobre

​-​ ​ Mi ginecólogo

​-​ ​ Porteros (casa y trabajo)

Otro al que tampoco podría darle bolilla es a mi psicólogo.

Es más, no voy ni a contarle mi plan, sé que no lo aprobaría y perdería mi año de 365 días en el que me tengo que centrar en el plan y solo en el plan, para, según él, encontrar el porqué de esos pensamientos y las consecuencias que tendrían.

Conociendo su bondad (es como un peluchín), para mi terapeuta mi plan sería abrir la caja de Pandora, y me conoce demasiado bien como para, además de haberle contado mi vida y milagros, compartir encima fluidos con él.

No lo superaría, y no estoy hablando de mí, sino de él.

Además, eso ya está muy visto en la ficción.

Ahora que lo pienso, no son solo un par los hombres que me rodean y debo descartar. Me acabo de dar cuenta de que hay unos cuantos que no puedo ni considerar. Mi psicólogo, mi monitor del gym y mi jefe ( no way ), el director del banco…

Aunque siempre he soñado con ser una de esas ejecutivas agresivas de las películas que corren en la cinta en su despacho mientras responden al teléfono y echan la bronca a su ayudante (no me gusta la palabra secretaria/o).

Yo no sería capaz, no solo porque no me creo que no se confundan al escribir un mail mientras trotan, sino porque soy demasiado presumida como para que me vean sudar en la oficina o se me corra una gota de maquillaje, pero, claro, un cuerpo diez no se consigue a base de reuniones y muchas horas delante del ordenador, así que, desde hace un par de años, decidí apuntarme a un gimnasio.

Como todas las decisiones que tomo, mi gimnasio no podía ser uno cualquiera, sino que tenía que ser el mejor.

Eso sí, de los más cercanos a mi casa, odio perder el tiempo en trayectos.

Y como vivo en la mejor zona de la ciudad, está claro que mi gimnasio es también de lo mejor, no hay un día que no me cruce a la famosa de turno que sale de la sauna o del jacuzzi .

Siempre he pensado que muchas van por posturear o cotillear, porque donde de verdad gastan su tiempo es en la clínica de estética, pero bueno, te hace gracia que te saluden, sobre todo cuando no nos conocemos, pero, yendo al mismo gimnasio, está claro que deben de pensar «Esta es de las nuestras».

Y bueno, quizás en cierto modo así sea, aunque de otra raza seguro, y por descontado, sin haber pasado por quirófano.

Eso sí que no lo puedo entender, ¿no se dan cuenta de que todas se quedan con la misma cara?

No sé si es que se trata de una plantilla que tienen los cirujanos y salen todas en serie o se trata de una broma de mal gusto y su médico las detesta, o la mujer de la cara repetida es la madre de la cirugía plástica y en su honor como código deontológico todos aspiran a igualar su rostro, porque no me lo explico.

En ciertas fiestas, los escarceos en el baño con otra que no sea tu mujer quizás están justificados.

Se trataría de una simple confusión tonta, ¿no?

Me hacen mucha gracia, porque muchas juran y perjuran que no se han hecho nada…

¿En serio? ¿Pero no se dan cuenta de que esas operaciones están a la orden del día y todo el mundo sabe detectar una nariz operada?

Pero bueno, perdonad, que me desvío del tema y solo tengo 365 días para poner en marcha el plan.

Lo dicho, Félix, mi monitor del gimnasio, tampoco está en el mercado.

No es que no me lo pudiese tirar llegado el caso, pero repito, no está en el mercado.

Mi amiga Clara sucumbió a sus encantos hace unos meses y, como os decía, digna de mí, yo no soy el segundo plato de nadie, y mucho menos para la importantísima labor que tengo entre manos.

¡Ni de coña! Eso sí, el tío tiene un meneo.

Pero mi amiga está coladita por él y yo jamás haría eso, aunque, entre nosotras, intuyo que no va a llegar a ninguna parte.

Imagínate, si ha caído Clara, que es una santa, qué no pasará con las arpías que lo rodean.

.. No lo quiero ni pensar. Bueno, a Clara no se lo digo tan así.

Además, siempre hay que pensar que quizás precisamente la santidad de mi amiga sea lo que realmente lo motive, harto de tanta babosa siliconada, ¿no? Ya veremos como terminan.

Luego tenemos al vetado número uno, al que no tocaría ni con un palo, que, como podréis imaginar, es a mi jefe.

¡Qué asquete! El tío que va de triunfador por la vida, contoneándose por los pasillos en plan «soy lo más» y en el fondo es un viejo verde con pasta que ha tenido suerte en los negocios gracias, en parte, al equipazo que tiene (en el que me incluyo, ¡claro!).

Se llama Boris, pero yo y mis colegas lo llamamos Narciso, así nunca nos pueden pillar en un renuncio.

Y ese nombre le pega mucho más, porque vive por y para él, y, además, te lo dice a la cara.

Pero vamos, que no se come un rosco en la oficina, lo tenemos más que calado y, por suerte, cada vez viaja más a las otras sedes y lo vemos menos, con lo que vivimos mucho más tranquilos desde hace meses.

Eso también habría sido un impedimento, follar a distancia es del todo imposible, y me refiero a sexo con fecundación, del virtual ni hablamos, que eso no es lo que necesito en estos momentos.

Pero bueno, que ni teniéndolo cerca me bajaría la falda con ese mequetrefe (me entran hasta arcadas… cambiemos de tema).

Otro ejemplar masculino que tengo que soportar a menudo, y que no pienso admitir en mi lista, es el director de mi banco.

¡En qué momento se me ocurrió invertir en bitcoins y contárselo!

El tío no tenía ni idea, pero sí le comía la curiosidad de saber de dónde venían esos ingresos extra que de repente estaba teniendo.

Entre nosotras, un golpe de suerte, gracias a mi amigo Luis, que me convenció de invertir calderilla, por jugar, y que de repente subió como la espuma.

Pues bien, en qué momento se me ocurrió contárselo.

Cada vez que me ve, y cuando no me ve, me llama, no deja de preguntarme, se me hace hasta pesado, oye, pero creo que, en el fondo, es buena gente.

Actualmente, los bancos no están en su mejor momento, y me supongo que tendrá que evitar que los clientes con un poco de suerte económica, en los tiempos que corren, se le pueda escapar e irse a otra entidad.

Si supiera que soy una dejada y que ya solo pensar en el papeleo y trajín que supondría cambiarme de banco con el ritmo de vida que llevo podría dejar de llamarme y hacerme la pelota…

Pero bueno, no se lo voy a decir, que unos bombones de vez en cuando y un jamoncito en Navidad no nos disgustan a ninguna.

Creo que en algunas empresas empieza a prohibirse ese tipo de regalos interesados, pero se ve que en mi banco está permitido y, por mi parte, no tengo problema en aceptarlos, que bastante se llevan en comisiones e intereses cada año.

Pero a lo que iba, Vicente, tachado de la lista por pesado, antimorbo y por ser un hombre felizmente casado.

Por cierto, el episodio de amigos no lo he tocado, pero, como os he hablado de Luis, os anticipo que es gay y mi amigo del alma.

Eso creo que sería pecado y muy difícil de gestionar.

Como todas las locas, Luis tiene su carácter y, conociéndolo, las decisiones con respecto al hijo en común nos traerían muchas discusiones.

Casi se me olvida: ¡William! Se trata de mi profesor de inglés, viene 2 veces por semana a mi hora de comer y almorzamos en inglés.

Muy ameno y divertido y me hace no perder la costumbre de tratar temas rutinarios del día a día.

A veces, cuando te desenvuelves en inglés hablando solo de trabajo o de aspectos relacionados con un sector concreto, se te olvida lo cotidiano, y no me lo puedo permitir.

¡Mi hermano pequeño se ha echado una novia inglesa y su supercuñada tiene que estar a la altura!

Por no hablar de nuestro viaje anual de « Doggies por el mundo », así nos llamamos en nuestra pandilla de amigas cuarentonas.

Todos los años nos hacemos un viaje de «perreo» y suele ser fuera del país, por lo que el inglés es un must en nuestro equipaje (del capítulo viajes ya hablaremos en otro momento).

Lo dicho, William es muy majo, superdivertido y un enamorado de las extranjeras. Si yo os contara nuestras comidas de los lunes contándome su fin de semana, nada, este chico es un picaflor… Mi hijo tendría mil primitos desperdigados por la ciudad, no way .

LISTA DE POSIBLES CANDIDATOS

​-​ ​ Dueños de perros desconocidos en el parque (Tíos buenos)