Operación Femme Fatale
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Chapter 1
Lo que estoy a punto de hacer, amigas, es eso que tantas veces, cuando se lo escuchábamos decir al sexo masculino en las películas, nuestra reacción automática era levantar dos dedos en dirección a la boca, en plan «vomito», pero, en este caso, la protagonista soy yo, y es por fuerza mayor, porque, ciertamente, no veo otra opción, así que lo voy a llamar, «OPERACIÓN FEMME FATALE».
Quizás alguna feminista diga «¡Ole tú!», pero bueno, creo que es la única opción para dar solución a mi problema, problema que, al final de mi relato, requerirá de toda vuestra ayuda.
Os pongo en situación.
Espero llegar a buen puerto con la operación y que, al final, el guiso no se me queme, pero para eso os necesito.
Está claro que quiero ser madre, y os aseguro que era uno de esos puntos en mi lista de deseos que ni tenía que apuntar, porque ya contaba con ello, (no podía no querer ser madre). Pero ya veis dónde estamos, en pleno gabinete de crisis, pero, como os digo, que no cunda el pánico, tengo un plan.
Tras recibir la postal que me abrió los ojos, decidí sin preámbulos visitar a mi ginecólogo y ver cómo está mi reserva de óvulos, lo que es muy importante para saber cuánto tiempo me queda y cómo poner en marcha mi plan.
No iba nada preocupada, la verdad, mi madre siempre ha sido superfértil, tres partos fantásticos e, incluso, a los cincuenta su doctor le decía que se podría quedar embarazada en cualquier momento.
Figúrate las risas, con tres hijos treintañeros y un posible hermanito bebé, la coña familiar duró meses…
Todavía me sonrío al recordar la cara de mi padre, pobre hombre.
Pero tranquilos, eso nunca pasó y no tengo un hermano en primaria.
Volviendo a mi visita al ginecólogo, tras las pruebas pertinentes, citología, ecografía, etc.
etc., mi médico me soltó eso de «Querida, te veo bien, pero la cosa no está para tirar cohetes.
Tus niveles están bajando y, si no quieres que tengamos que recurrir a un óvulo de otra mujer más joven, deberás darte prisa».
¿Cómo que darme prisa!? ¿Cómo que a una mujer más joven!!? ¡¡Cuántas quisieran estar como yo!! Físicamente, claro… El envoltorio es una cosa, pero hay bombones rellenos o no… En mi caso, el licor se empezaba a evaporar y ¡Dios mío! Esto no me lo esperaba.
—¿Qué significa darme prisa? En términos temporales, ¿de cuánto estamos hablando? —le pregunté yo indignada tras tal chaparrón inesperado, a lo que me respondió con otra estocada matadora.
—No tardes más de este año. No creo que tu reserva sea apta cumplidos los cuarenta y dos para conseguir un embarazo exitoso.
—¿Perdona? ¿Este año? ¿12 meses? ¿Embarazo exitoso?
No daba crédito, toda mi autoestima de mujer triunfadora a la que nada se le resistía acababa de bajar ciento setenta plantas de golpe y se encontraba en la punta de mi dedo gordo del pie (hoy justo, con mis sandalias favoritas, de donde asomaba triunfador burlándose de mí).
«Esto no puede ser», pensé. Y, aunque salí de la clínica muy digna, como yo soy, agradeciendo la visita y prometiendo que, sin duda, nos veríamos muy pronto con noticias felices de mi seguro próximo (vamos, inminente) embarazo, lo primero que hice al salir de la consulta fue: 1, descalzarme y ponerme las zapatillas que siempre llevo en el bolso para poder caminar más rápido antes de mis mil reuniones diarias (y así no ver a mi dedito recordándome lo que acababa de pasar), y 2, como era de esperar en cualquier novela romántica, pero jamás en mi vida, y mucho menos en la calle y a plena luz del día, fue romper a llorar como una magdalena, o un muffin para los millennials que nos escuchan.
. Yo no lloro nunca, soy muy fuerte, soy una leona, pero esto no me lo esperaba.
Acababa de recibir mi segundo baño de realidad, después de la postal, y consideré que ya estaba limpita de más. Sin duda, tenía que inventarme un plan de acción de los míos y salir airosa de esta locura.
¿Estamos locos? ¿Cómo lo hago? ¡Si vivo en libertad, sin ataduras y sin pareja estable!
Este fue el momento en el que me di cuenta de que estaba sola, pero sola literal.
Bueno, contaba con mi perro, al que llamaré Rufo a partir de ahora (es un seudónimo, me ha pedido no desvelar su nombre real, odia la fama y que lo acosen por la calle).
Aunque Rufo, el pobre, poco podía hacer en este momento.
Como no se ligase a alguna perrita en el parque cuyo dueño de repente se lanzase sobre mí a lo loco entre los setos y sonase la flauta…
Pero eso es más que improbable, el pobre Rufo ya no está para muchos trotes, mira por dónde, por no decir que pocos son los hombres, mejor dicho, los tíos buenos que paseen en soledad a su perro en el parque de al lado de mi casa (la mayoría son chicas, niñeras con los bebés y el perro o parejas enamoradas), es decir que esta alternativa la tenemos que tachar de la lista.
Estoy desesperada, pero no voy a poner le genética de mi futuro hijo en riesgo y tirarme al primero que se ponga a tiro (y nunca mejor dicho).
De hacerlo, hay que hacerlo bien y sin caer en temas escabrosos, como prostitutos, chicos de compañía o cualquier pene andante al que además tenga luego que pagarle por los servicios prestados- Bueno, y a saber si sus bichitos triunfan o son de esos que luego no llegan a meta.
En fin, que no quiero un padre de alquiler, por lo que otra opción que tachamos de la lista.
LISTA DE POSIBLES CANDIDATOS
- Dueños de perros desconocidos en el parque (Tíos buenos)
- Padres de alquiler, gigolós, o cualquiera que cobre
- Mi ginecólogo
Acabo de rechazar a mi ginecólogo. El pobre, además de ser muy reputado, jamás aceptaría tal proposición, no es mi tipo.
Bueno, quizás sí, podría serlo, pero me da que un tío tan mono o es gay o su mujer es una diosa, y no estoy yo ahora mismo para una pelea de gatas.
Además, le van mucho las cosas técnicas y seguro que, antes de tener una tarde de lujuria y desenfreno subido en la silla de espatarre conmigo, es capaz de inseminarme y ni tocarme un pelo, y eso sí que no, mi hijo tiene que nacer de un polvo apasionado sí o sí, ¿no os parece?
Esto nos lleva a que la clínica de fertilidad, de esas en las que te meten un espermatozoide desconocido de alguien que se ha hecho una pajilla en un cubículo con una revista porno.
¡Está descartadísima! Figúrate, mi hijo fruto de una foto de tías en bolas…
Ni por asomo. Además, me he enterado de que ahora, para tener más seguridad de que se produce el embarazo, primero te sacan el óvulo a ti (uno de los mejores que tengas), lo fecundan y, luego, te lo introducen ya fecundado…
¿Y si se confunden y no me devuelven mi óvulo sino otro de otra chica?
Cosas peores han pasado… Uff, ¡qué dices!
Nada de nada, esta opción no la quiero ni pensar, qué angustia.
¿Y si mi hijo no se parece en nada a mí?
Que, por otro lado, podría pasar perfectamente.
Yo no me parezco a ninguno de mis padres, y os aseguro que salí de la vagina de mi madre.
No pararía de darle vueltas y pensar en cualquier confusión, pruebas de ADN…
No, no, me conozco, tengo que tenerlo todo controlado, y este tema científico se me escapa.
Clínica descartada. Sigamos con mi plan.
Antes de proseguir con el plan, o más bien emprenderlo, creo que, sin duda, he de rechazar a un par de hombres más de los que están en mi vida en estos momentos, pero que ni de lejos podrían ser nunca el padre de mi hijo.
Y otra cosa que todavía no tengo muy clara es si será el padre de mi hijo o un alma caritativa al que le propondré inseminaciones placenteras y muy sucesivas hasta que me fecunde… Ese es otro temazo a tener en cuenta.
Prosigamos.
Mis porteros favoritos, por supuesto, quedan descartados.
El portero de mi casa, Pepe (don José para los ajenos al edificio), al que adoro y siempre está cuando se le necesita, y que, además, es encantador y siempre tiene un piropo para, como él nos llama, «las chicas de su finca».
Tiene setenta años y es adorable. Solo de imaginarme esa grotesca situación me da un repelús que me muero.
Pobre Pepe… No podría verlo jamás de los jamases con otra ropa que no fuese su uniforme, es decir, con menos ropa que esa.
Se lo dejo al resto de «sus chicas», que no son muchas, porque, de los veinte vecinos que somos, además de mí (siento ponerme delante) y la vecina del tercero, que es azafata y la niña, todo hay que decirlo, está cañón, las demás, salvo mis vecinos de en frente que son un matrimonio adorable con 2 bebés mellizos para comérselos, de unos cuarenta y pocos también, las demás féminas de la finca son más bien de la quinta de Pepe.
Por eso me encanta que nos siga llamando a todas «sus chicas».
Es tan adorable… Será el tío-yayo perfecto para mi baby , ese puesto sí se lo reservo.