Ojos en la noche Apuntes históricos
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Apuntes históricos

No fue hasta catorce años después que los jesuitas fundaron Nuestra Señora de Loreto, y a partir de aquel primer éxito, la presencia misionera quedó establecida en California.

Los jesuitas tenían que autofinanciarse y el único apoyo que recibieron de la corona española fueron algunos soldados.

Solo seis para Nuestra Señora de Loreto.

Hizo falta una fe sin límites, mucho valor y un gran espíritu para lograr que aquella primera misión funcionara.

Y así durante setenta años los jesuitas fundaron veintitrés misiones de las que solo catorce salieron adelante, exploraron la península y establecieron un comercio con el continente por el que gracias a la exportación de vino obtenían herramientas y ganado para continuar su labor.

El objetivo era enseñar a los nativos la fe cristiana y salvar sus almas bautizándolos. Pero los misioneros no se limitaron solo al espíritu; enseñaban a los indígenas a hablar, leer y escribir en español, y también agricultura, ganadería y algunas industrias como cerámica, cestería…

Estos, liderados por fray Junípero Serra, a la vista de los escasos recursos de Baja, solo fundaron una misión allí, y siguieron hasta San Diego desde donde tenían la esperanza de poder enlazar en el futuro con los territorios, también franciscanos, de Nuevo México.

A partir de San Diego, continuaron su labor evangelizadora con nuevos establecimientos en toda la costa del Pacífico norte hasta más allá de San Francisco.

Su lugar en Baja California fue ocupado por los dominicos, que prosiguieron la obra jesuita asentando más misiones en el norte de la península; solo ocho lograrían sobrevivir.

En 1832 el Gobierno mexicano ordenó secularizar las misiones, convirtiéndolas en simples parroquias. Así que estas perdieron todo derecho sobre las tierras colonizadas que llevaban décadas cultivando y quedaron sin protección oficial armada.

Lejos de la capital del país, la península de Baja vivió el destino de las tierras de frontera y se convirtió en un lugar sin ley plagado de contrabandistas, soldados de fortuna y aventureros; un sitio de continuos enfrentamientos y revueltas.

Los únicos vestigios de civilización en la zona durante aquellos años de turbulencia fueron las pocas misiones dominicas que sobrevivían en la parte norte de Baja.

En 1849, la última de ellas, Santo Tomás de Aquino, dejó de funcionar.

La situación fue a peor con la guerra mexicano-americana de 1848, cuando la Alta California fue anexionada por Estados Unidos.

Luego Baja fue invadida por William Walker y sus filibusteros, que la proclamaron estado independiente.

Hasta 1911, después de la revolución de Tijuana y del fracaso de la revolución magonista, la zona no empezó poco a poco a recuperar la paz.

Algunas fuentes calculan que al establecerse la primera misión habitaban Baja California unos cuarenta mil indígenas.

Quizá son cifras exageradas dada la naturaleza árida de la península, consecuencia de la escasez de agua.

Los indígenas no conocían la agricultura ni la ganadería.

Se alimentaban de las plantas y frutos que podían recolectar, en especial de bellotas, que habían aprendido a conservar en una pasta llamada «atole » .

También cazaban, y la pesca se limitaba a recoger marisco en las costas.

Las epidemias vinieron del continente, probablemente a través de las misiones. La primera empezó a azotar la zona centro de Baja California en 1720, veintitrés años después de la fundación de Nuestra Señora de Loreto.

Desde entonces las epidemias no dejaron de llegar una tras otra, hasta principios del siglo XIX .

Se calcula que en esas fechas quedaban ya menos de veinte mil indígenas, la mitad que cuando se fundó la primera misión.

Sequías, hambrunas y guerras a lo largo de un siglo sin duda causaron una gran mortandad entre los aborígenes.

En la actualidad se cree que subsisten aproximadamente mil nativos autóctonos de Baja California pertenecientes a cinco o seis grupos distintos, cada uno con su propia cultura y lengua.

Lamentablemente, estos grupos tan reducidos no pueden conservar sus culturas diferenciadas y las antiguas lenguas desaparecen.

Tan dramática disminución de indígenas no se ha producido exclusivamente por la muerte física de sus individuos, sino también por la integración de estos a la cultura dominante, la emigración a ciudades y pueblos lejanos de su medio original y su adaptación a lo moderno.

En los censos, la definición de aborigen de Baja («paisano») se deja al criterio de la persona que responde a la encuesta.