Ojos de Nadie PRÓLOGO
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Ojos de Nadie

Ojos de Nadie

Por Alba Jane Garca

© inepub.com

PRÓLOGO

El frío del cemento traspasaba la ropa. En las entrañas del puerto, dentro de un túnel subterráneo, se erigía un calabozo viejo, un recinto de paredes desgastadas por el tiempo donde los ladrillos quedaban al descubierto bajo una capa de polvillo seco.

En la parte superior de la pared, muy alta y pequeña, una ventana protegida con gruesos barrotes apenas dejaba entrever la oscuridad de la noche.

En el centro del techo, colgada de un cable, una sola lámpara balanceaba su luz amarillenta sobre el lugar.

Sobre una cama de hierro fijada al piso yacía Julia, una joven de cabello castaño recogido y ojos grandes, verdes y saltones. Vestía unos jeans sucios y rotos, al igual que la musculosa que llevaba puesta, la cual exhibía una mancha oscura de sangre en la zona baja del abdomen.

La luz directa sobre la cara comenzó a molestarle.

Despertó despacio, tardando en abrir los ojos.

Con una expresión marcada por el dolor, se llevó la mano al lado izquierdo del rostro, tapando su ojo de vidrio.

Pestañeó con dificultad con el párpado visiblemente hinchado.

En la superficie limpia de la prótesis se alcanzaba a distinguir una fisura.

Todavía confundida, se levantó la musculosa a la altura de la mancha de sangre.

Allí, sobre la piel, tenía una herida recientemente cosida que aún suturaba un hilillo de sangre.

Transpiraba y su respiración era agitada, dominada por el malestar físico.

Levanto la mirada, pero al principio todo a su alrededor era una masa borrosa.

A medida que recuperaba la visión, comenzó a examinar el entorno. Justo enfrente de ella, incrustada en la pared de cemento, titilaba una pequeña luz roja.

Al hacerse consciente de la situación, el pánico la invadió. Julia saltó desesperada de la cama para huir, pero una cadena atada a su pie la jaló de golpe, haciéndola caer pesadamente al piso y golpeándose la cara contra el suelo.

De pronto, el eco de unos pasos muy lentos y pesados resonó a lo lejos, acercándose hacia la puerta de barrotes. Levantó la cara del piso, inmóvil, escuchando agitada e intentando no hacer el menor ruido…