Obsesión (Rosewood 2) 30 Bane
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30 Bane

TREINTA

BANE

Abro la puerta antes de que tenga oportunidad de llamar o tocar el timbre. O, conociéndolo, de simplemente entrar como le salga de los cojones.

—Ella ya está dormida. Y estará con Hunter todo el fin de semana dentro de nada, así que no la despiertes.

—Así que tú puedes despertarla, pero yo no —salta Nova desde la entrada del garaje.

Cruzo los brazos sobre el pecho.—No la estoy despertando, ¿a que no?

—¿Qué coño haces aquí, de todas formas? ¿Te quedas a dormir en casa de mi chica, tío? ¿O solo vienes a tu visita nocturna a escondidas para mirarla mientras duerme como un puto psicópata? —dice, caminando hacia el porche.

Echo la cabeza hacia atrás, disfrutando del estallido de celos que le recorre.

No me molesto en negarlo, porque entiendo la sospecha.

Objetivamente, es un hábito un poco raro.

Pero no puedo evitarlo. Es como un canto de sirena, y todas y cada una de las noches pienso en dormir en mi propia cama.

Y, aun así, siempre acabo aquí. La mayoría de las veces, bastante después de que ella se haya ido a la cama.

Pero no esta noche. Esta noche la he hecho girar por su salón, observando cómo se le iluminaba la cara mientras bailaba.

—Así que has hackeado el sistema de seguridad que monté. Ya era hora. Lo dejé en modo fácil para que tú y Silas pudierais estar tranquilos.

Nova se echa hacia atrás, frunciendo el ceño.—¿Por qué coño iba Silas a mirar sus cámaras…? Da igual. Ya sé por qué.

Me limito a asentir.—Sin mencionar que tu hermano tiene una afición oculta bastante curiosa por mirar.

La mirada de Nova se afila sobre mí.—¿Qué coño significa eso?

Le sostengo la mirada, imperturbable.—Todavía usa un vigilabebés con cámara para Hunter.

—Ah —dice Nova, negando con la cabeza—. Ya. Pensaba que te referías a otra cosa. En fin, estoy aquí porque acabo de ver las grabaciones de esta noche. He venido en cuanto las he visto —sube los escalones de cemento y se planta delante de mí.

Bloqueo la entrada, saliendo al porche y tirando de la puerta para dejarla medio cerrada a mi espalda.

Nova capta el movimiento al instante y se detiene en seco. Somos prácticamente de la misma altura, lo que hace que esto sea un combate igualado, por así decirlo. Salvo porque a mí no me apetece jugar limpio. No esta noche y no tratándose de ella.

Se balancea sobre los talones y me evalúa, entornando los ojos.—Así que va de esto, ¿eh?

Lo miro, manteniendo el rostro deliberadamente inexpresivo.—¿De qué va?

Inclina la cabeza hacia atrás un segundo antes de mirarme.—Venga, tío, sabes que así no vamos a arreglar nada.

Su capacidad de percepción es irritante de cojones.—No hay nada que arreglar.

Suelta una risita, tan cáustica que incluso yo me estremezco.

—¿Me estás tomando el puto pelo, Bane? Ya no soy un crío de barrio, ¿vale?

Tú y yo… estamos a la par. En muchas más cosas de las que te imaginas.

Y no voy a dejar que nadie me haga de tapón, y menos tú.

Y te guste o no, ella —clava un dedo en dirección a la casa— nos ha elegido a los dos. Así que déjame entrar en su puta casa.

Me encojo de hombros, encarnando la mismísima esencia de la indiferencia.—A lo mejor la próxima vez te lo piensas dos veces antes de follarte a mi chica en mi casa.

Esta vez, cuando se ríe, suena más genuino, aunque venga teñido de notas de histeria.—Oh, dios mío, tío. ¿De esto va todo? ¿Estás putamente celoso y por eso te pones así?

No digo nada, porque sí, sé que es infantil, y también me la suda. Le dije que algún día se la devolvería, y es problema suyo si interpretó que lo haría tirándome a ella en su casa.

Cosa que definitivamente voy a hacer.

Pero también voy a hacer esto.

—Considéralo venganza.

—Mañana va a estar cabreada cuando se dé cuenta de que te has negado a dejarme entrar —dice, y se le iluminan los ojos un poco demasiado con su revelación.

—Nah, ni siquiera sabrá que has estado aquí.

—Y una mierda. No voy a mentir para cubrirte el culo.

Doy un paso adelante, dejando caer los brazos a los lados. Él no se mueve, y no esperaba que lo hiciera.—Entonces dile la verdad, Nova. Dile que la has cagado y has intentado coger algo que no era tuyo.

Su expresión se endurece y cuadra los hombros. Con cualquier otro tío, ya estaría preparándome para pelear. Pero conozco a Nova, y sé cuándo se está encendiendo para soltar hostias, y este no es el caso. Está que trina, pero no va a pegar. No todavía, al menos.

—No lo pillas, ¿verdad? No la vas a ganar. No va a despertarse mañana y de repente olvidarse de que tiene sentimientos… sentimientos de verdad por mí. Lo único que vas a conseguir es alejarla si la haces sentirse como una mierda por querer a los dos…

—A todos nosotros —lo interrumpo.

Entorna los ojos antes de asentir, de mala gana.—Ya, vale, a todos nosotros.

Exhalo, odiándole un poco en este momento. No se equivoca, y eso me jode muchísimo.—Y no voy a obligarla a elegir. Pero necesitamos jodidos límites, colega. Y esta noche, estoy en su casa y en su cama, así que puedes irte a la mierda.

Asiente, rodando el labio inferior hacia dentro un momento.—¿Lo del detective va a ser un problema?

Se me escapa un amago de sonrisa porque, sí, ya he empezado a investigar al detective y a la madre. Ella no se merece el pronombre posesivo de ser la de Evangeline.

—Todavía no lo sé. Parece que es una especie de poli a sueldo, lo que complica hacerle desaparecer.

—Complicado pero no imposible —dice Nova, con un destello de algo peligroso brillando en la mirada—. ¿Y la madre? Porque como vuelva a ponerle la mano encima a nuestra chica así, vamos a tener un problema.

—No te preocupes tanto, primo —le dedico una sonrisa, fingiendo no ver la mueca que le cruza fugazmente la cara—. Se lo he dejado bastante clarito esta tarde.

Nova inclina la cabeza en señal de acuerdo.—Bien —baja los escalones de espaldas, sin apartar los ojos de los míos—. No lo olvides, tío. Ella se va a quedar en mi casa todo el fin de semana. Así que voy a aplicar las mismas normas, ¿vale?

Se me tensa la mandíbula mientras lo miro, molesto porque me esté dando la vuelta a mi propio juego.—Ni siquiera vamos a estar allí, capullo.

Encoge los hombros mientras una sonrisa se le extiende por la cara.—Ya veremos.

Ya estoy negando con la cabeza.—No puedes escaquearte o perderemos la alianza con los Knights.

Pasa la pierna por encima de la moto.—¿Quién ha dicho que vaya a escaquearme? Nunca os haría eso.

El motor ruge al arrancar, y me deja en su porche, preguntándome qué coño está planeando ahora.