Obsesión Feroz (La Bratva Rozanov nº 1) 2. Amara
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2. Amara

AMARA

No puedo dejar de repetírmelo en la cabeza una y otra vez, durante toda la mañana.

Agradable.

Agradable.

Agradable.

Jazmín. Rosa. Pachulí. Es agradable.

Ransome Rozanov me olió… y le gustó. Fue lo más provocativo que ocurrió entre nosotros desde el día en que me contrató. Al final de la jornada laboral, me propuse encontrar un perfume con esas notas.

Si el tenue aroma de esas flores del gel de ducha de Eliza es suficiente para detenerlo en seco, solo puedo imaginar lo que haría una botella real de ese producto.

Algo elegante, eso sí. Algo que no sea del fondo de un contenedor con una pegatina roja.

Después del trabajo, me dirijo directamente a casa, deteniéndome solo para comprar comida para llevar en mi restaurante de sushi favorito. Me pongo unos leggings y una camiseta extragrande de Chappell Roan, me desmaquillo y me recojo el pelo en un moño desordenado.

Una vez que estoy cómoda, tomo mi laptop y mi rollo de atún picante y me acurruco en el sofá. —Bien. Perfume con jazmín, rosa y pachulí. Y… buscar.

Me llevo un bocado a la boca y entrecierro los ojos, masticando pensativamente. ¿Qué es siquiera el pachulí? Suena como una vela que comprarías en una tienda de artículos para actividades al aire libre. Algo para ahuyentar mosquitos.

Sea lo que sea, a Ransome le gustó. Y si a él le gustó, me lo pondré.

Lo primero que aparece en la pantalla es Dulce Seducción de Gucci. —Qué elegante… —tarareo, haciendo clic en el enlace. Efectivamente, tiene todas las notas que busco y algunas más—. Añadir al carrito y… Madre mía.

Casi me atraganto con mi atún picante cuando veo el precio.

Pero le doy clic para pagar. Por lo menos, mis hermanas me dirían que lo hiciera.

Eliza me da una charla sobre el autocuidado cada vez que les envío dinero por Venmo.

Le digo que no es nada, que es como una cuarta parte de mi sueldo.

Ella dice que miento y yo cambio de tema.

Estoy mintiendo. Les doy casi todo lo que tengo. Pero mientras vivan en esa casa destartalada con el imbécil de nuestro padre, les daré lo necesario para que estén bien.

Pero, solo para que Eliza se sienta orgullosa de mí, también pago el envío urgente. Podré usarlo para ir a trabajar mañana.

¿Y quién sabe? Quizás él incluso me mire cuando el jazmín lo cautive y lo haga detener en seco.

—Buenos días, Sr. Rozanov —digo como de costumbre.

Pasan uno, dos, tres, cuatro segundos antes de que esté de pie detrás de su escritorio, recogiendo su horario impreso. Tamborileo con los dedos en mi muslo mientras cuento mentalmente el tiempo que pasa.

Sus ojos recorren la página. Su rostro permanece impasible. No muestra ninguna emoción que revele lo que siente sobre las reuniones hasta los planes para almorzar, o cualquier otra cosa.

Pero…

Sus ojos vuelven a subir. Al centro de la página. Parpadea. Suelta el papel. Coge su café.

Pero su rostro permanece inmutable. Lo que sea que haya captado su atención seguirá siendo un misterio, porque no lo demuestra.

Ransome se gira para mirar por la ventana detrás de su escritorio, con vistas a la ciudad. Se queda mirando fijamente y yo vuelvo a contar: Uno, dos, tres, cuatro…

Toma un sorbo. Exhala. Uno, dos, tres, cuatro…

Luego, se da la vuelta. Se dirige a la puerta con el café en la mano. Hoy viste de blanco, lo que significa que no tiene reuniones de negocios importantes… para eso necesitaría vestir de negro. Y también significa que no tiene almuerzos familiares… para esas, suele vestir de azul o rojo.

Blanco significa un día relativamente tranquilo. Blanco es bueno.

Ya está hablando mientras se acerca a mi escritorio. —Amara, hoy no voy a salir a almorzar, así que…

—Ya he encargado los pelmeni en Red Square Diner, señor. Estarán aquí al mediodía.

Ransome no dice nada y su expresión no cambia. Solo asiente, tan levemente que resulta casi imposible detectarlo.

Pero puedo verlo. Puedo sentirlo. Y casi puedo oírlo decir: Buena chica. No en voz alta, claro. Pero su postura lo delata. Con eso me basta.

—¿Algo más? —pregunto mientras se acerca. Espero que se detenga. Espero que perciba el aroma de la Dulce Seducción. Espero que sea suficiente para provocarle una reacción. Aunque sea mínima, lo sabré, y eso es todo lo que quiero. Solo un poquito. Una media sonrisa, si tengo suerte.

Ransome deja de caminar.

Y yo dejo de respirar.

Juro que lo veo inhalar el perfume. Inhalar mi aroma.

Pero ya no gira la cabeza como antes.

—No —dice—. Eso es todo.

ELECTRA: ¿Ya te acostaste con tu jefe?

El mensaje de mi mejor amiga aparece en la pantalla de mi teléfono justo cuando me siento a almorzar.

Cuando pedí el plato ruso favorito de Ransome, pedí una ensalada Cobb a domicilio de la charcutería de la esquina.

A pesar de tener una hora para almorzar todos los días, nunca salgo de la oficina para comer.

Dado que el horario de Ransome cambia con frecuencia, dependiendo de las numerosas responsabilidades que conlleva dirigir la mitad de la industria energética del país, me gusta trabajar durante mi hora de almuerzo para asegurarme de que tenga un itinerario actualizado si hace falta.

Hoy todo está relativamente tranquilo. Al menos lo estaba, hasta que Electra me contactó por mensaje directo con su sutileza y sus elegantes matices característicos.

AMARA: Por milésima vez. No tengo planes de acostarme con mi jefe.

ELECTRA: ¿Pero por qué no? Está buenísimo.

Toda esa energía dominante necesita una salida.

Ese hombre grita a los cuatro vientos problemas de mami.

Quizás creció en un hogar con masculinidad tóxica.

Seguro que le gusta relajarse en el dormitorio.

Desconectarse un poco. Desahogarse. Quizás deberías desahogarlo tú, ¿sabes a lo que me refiero?

Añade un emoji de la lengua fuera, por si acaso no hubiera machacado ya lo suficiente el tema.

AMARA: Lo que Ransome haga en su dormitorio no es asunto mío.

No estoy mintiendo descaradamente si lo escribo en lugar de decirlo, ¿verdad?

ELECTRA: ¿Y qué hay de QUIÉN hace en su dormitorio? ¿Alguna vez piensas en eso?

No me gusta pensar en eso. De hecho, me esfuerzo por no pensarlo nunca. A menos que sea una fantasía y sea yo con quien él descarga el estrés de su jornada laboral…

AMARA: ¿Hay alguna razón real por la que me estás escribiendo?

ELECTRA: Lamentablemente, sí. Quería saber si estás libre para almorzar este fin de semana. Te extraño.

AMARA: Yo también te extraño.

ELECTRA: Perfecto. Deangelos a la una el sábado. Diría que antes, pero tengo una cita el viernes por la noche y seguro que voy a tener una resaca tremenda.

AMARA: ¿Otra cita? ¿El mismo chico de la última vez?

ELECTRA: ¡Ni hablar! Ese tipo desapareció sin dejar rastro. No importa. De todas formas, era un bicho raro. Creo que trabajaba en una empresa de control de plagas. Le apasionaban las termitas.

Suspiro, niego con la cabeza y doy un sorbo al café con leche helado que compré cuando recogí el pedido de Ransome de camino a la oficina. Han pasado unas horas, así que ya no está tan frío. Pero sigue siendo café con caramelo y sigue estando rico.

AMARA: Vale, qué asco el Sr. Termitas. ¿En qué aplicación conociste a este chico nuevo?

ELECTRA: ¡No lo hice! Lo conocí en el bar cuando salí con el chico anterior. Se ofreció a invitarme a una copa cuando el Chico Bichos se marchó.

AMARA: Con clase.

ELECTRA: Siempre. Te veo el sábado. ¡Intenta acostarte con tu jefe antes así también tienes algo de qué hablar! Jajaja

Deslizo el teléfono al otro lado del escritorio y cojo mi ensalada.

Electra siempre ha sido un poco… alocada.

Y eso es decirlo suavemente. Es un aspecto en el que somos muy, muy diferentes.

Sin embargo, como suele ocurrir entre mejores amigas desde el instituto, hemos permanecido unidas a pesar de que nuestras vidas no tienen nada en común.

Ella era hija única y sus padres permanecieron juntos. Una casa bonita. Navidades felices. Yo… no tuve tanta suerte.

Me hace preguntarme sobre la crianza de Ransome.

Sé mucho sobre él. Como su asistente personal, lo veo desde todos los ángulos.

Sé con quién disfruta reunirse y quién lo pone tenso.

Sé qué partes de su trabajo le dan energía y qué cosas lo hacen recurrir al mueble de las bebidas alcohólicas.

Sé cómo le gustan los huevos (fritos), qué tipo de detergente prefiere para su ropa (Persil Intenso), el número de la maquinilla en la barbería (cuatro arriba, uno a los lados) y qué restaurantes rusos tienen los mejores pelmeni.

Pero no sé nada de su familia, aparte de que suele ir al gimnasio con su primo Baron y que su amigo Maverick es como de la familia. Eso, y que insiste en tomar dos dedos de whisky de un trago antes de salir cada vez que va a almorzar con su padre.

¿Tiene problemas de mami, como dijo Electra?

¿Su papá es un imbécil tóxico?

No lo sé. Y cada vez que hay algo sobre Ransome Rozanov que desconozco, me entra una curiosidad por averiguarlo.

Una picazón que no puedo ignorar.

Una picazón que no puedo controlar.

Me quedan veinticuatro minutos antes de que termine mi descanso. Le doy otro bocado a mi ensalada y dejo el tazón a un lado. Luego, abro mi laptop.

Mientras busco información en Google e incluso en redes sociales, escribo todo lo que se me ocurre.

Ransome Rozanov.

Anton Rozanov.

Baron.

Maverick.

Aparecen mil titulares, pero todos están relacionados con Apex. Nada personal. Nada revelador. Nada interesante.

Suspiro. Ojalá tuviera una forma de indagar aún más. Ojalá pudiera ver más allá dentro de su mundo… Sé mucho sobre él en el día a día, pero nada sobre, bueno, él.

Seguro que no es tan robótico todo el tiempo. Debe sentir algo sobre algo. O sobre alguien…

Mi puerta se abre de golpe y se estrella contra la pared. Doy un salto hacia atrás y mi silla con ruedas se desliza lejos de mi escritorio. Mi ensalada cae con un chapoteo en el suelo frente a mí.

—Maldita sea —escupe Ransome.

No logro descifrar a quién van dirigidas esas palabras. ¿A mí? ¿Vio su nombre en mi pantalla? Quiero moverme hacia adelante para ocultarlo, pero mi ensalada está desparramada por el suelo, con la lechuga hecha pedazos bloqueando el paso.

—Sí, señor; lo siento, señor; yo… —tartamudeo porque no sé qué más hacer. Me pillan tan desprevenida que siento que me arde la cara.

—Necesito que canceles mi cita de las cuatro, señorita Parker.

—De acuerdo. —Asiento enérgicamente—. Enseguida.

Espero que vuelva a salir furioso, pero en cambio, se empieza a pasear de un lado a otro frente a mi escritorio, soltando un torrente rabioso de palabras en ruso.

—¿Poochemu ya eto terplyu? Lenivyy starik. ¡Trakhni moyu zhizn!

No entiendo. No hablo ruso. Me propongo aprender algo. Pero mientras tanto, en uno de esos momentos en que me da la espalda, pasándose las manos por el pelo con frustración, doy un salto hacia adelante y cierro mi laptop de golpe.

Entonces me agacho, lo mejor que puedo con mi falda lápiz, e intento recoger mi almuerzo del suelo.

—¡Señorita Parker! —grita Ransome.

Me incorporo de golpe. —¿Sí, señor?

Respira hondo con irritación y exhala. —Añade a mi agenda la cena con mi padre a las cinco.

—Por supuesto, señor. ¿High Ball?

—Chophouse —murmura.

Mierda. No entiendo por qué odia tanto el Chophouse.

Es uno de los restaurantes de carnes más elegantes de la ciudad de Nueva York.

Ni siquiera puedo imaginarme poniendo un pie en un sitio así.

Y su papá come allí como si fuera un restaurante cualquiera.

Lo único que sé es que, cada vez que Ransome tiene que encontrarse con su papá allí, vuelve de muy mal humor.

—Por supuesto. Enseguida, señor.

Ransome da media vuelta para marcharse, pero entonces, una vez más, se detiene y regresa. —Una cosa más, señorita Parker.

La forma en que lo dice me da escalofríos. Y no en el buen sentido. El pánico me invade. Mierda, ¿sí habrá visto mi laptop? ¿Sabe que lo he estado espiando? ¿Que estoy obsesionada con él?

Mierda, mierda, mierda. No puedo permitirme perder este trabajo. No puedo costearme...

—Cuando recojas mi ropa de la tintorería hoy… —Hace una pausa.

¡La tintorería! Está preguntando por su ropa lavada en seco. Claro.

Me lamo los labios. —¿Sí?

—Llévalo directamente a mi ático. Te enviaré el código por mensaje de texto.

—Por supuesto, Sr. Rozanov. Lo que necesite. ¿Hay algo más…?

—Eso es todo.

Dicho esto, regresa por el pasillo, dejándome hecha un desastre con una ensalada Cobb esparcida por todo el suelo de mi oficina.

Pero ni siquiera eso puede desanimarme. Ransome quiere que vaya a su ático. Quiere que entre en el lugar donde come, duerme, se ducha y vive. Un lugar que sin duda me permitirá comprender mejor quién es Ransome Rozanov.

No puedo esperar.