Capítulo 40
Atlas
El chico seguía temblando. Se le cortó la respiración al tragar saliva con dificultad.
—¿Q-qué demonios significa eso? ¿Cómo voy a ser una chica para ti?
Señalé a Jacob con un gesto de la mano, sonriendo.
Estaba deseando vengarme por mi chica.
—Este es J, y te usará todo el tiempo que quiera.
Jacob se rio.
—Sí, y más te vale complacerme o habrá consecuencias. Me da igual que no tengas coño. Mientras tengas un agujero estrecho y caliente listo para mi polla, me sirve.
J soltó una carcajada profunda, de esas que salen de las tripas.
—Esta noche te voy a llamar Nenita.
Los ojos del chico casi se le salieron de las órbitas.
—¡Estáis enfermos! ¿V-vais a violarme? ¡Por favor, no le hice nada a ella! ¡¿Qué coño?! ¡Dejadme ir!
Volvió a forcejear en un intento de liberar las muñecas. Inútil. No había escapatoria. Me coloqué detrás de él, observé su piel pálida y dejé caer el látigo sobre su trasero con poca fuerza. Solo un adelanto de lo que vendría. Saltó hacia delante, tratando de apartarse del escozor del latigazo.
—Ahhh —gimió—. ¡Por favor, no hagáis esto!
Una pequeña marca empezaba a formarse en su nalga pálida. Sus gritos no me inmutaron. Cambié a la vara de bambú y la descargué sobre su trasero, dejando otra marca.
—¡Ahhhhh! Por favor, p-por favor. ¡Lo siento! ¡Lo siento mucho!
Sollozaba mientras se retorcía contra la cadena. Volví a colocarme frente a él. Lloraba como una maldita chica, con la cara desfigurada de dolor. Mi mascota aguantó mejor la correa que esta Nenita.
Solo le había dado dos golpes, y apenas estábamos empezando. Mi voz sonó firme y severa.
—Más te vale endurecerte, Nenita. Esto no es nada comparado con lo que recibirás a lo largo de la noche. Te metiste con lo que es mío, y ahora pagarás el precio.
El chico empezó a sollozar y a temblar tan fuerte que se le doblaron las rodillas. Por suerte, la cadena lo sostuvo y no se desplomó en mi suelo. Estos suelos eran caros. No necesitaba que se meara o se cagara en ellos.
Fui al armario, agarré unos empapadores azules y los tiré delante de él.
—Levanta los pies para que pueda poner esto debajo de ti. No quiero sangre ni otros fluidos corporales en mis caros suelos de madera.
El chico me lanzó una mirada suplicante.
—H-haré lo que queráis, pero por favor no me matéis a golpes.
Levantó las piernas temblorosas una a una, apoyándose en la cadena. Coloqué una capa de empapadores azules debajo de él para recoger los fluidos corporales o las salpicaduras de sangre.
Jacob soltó una risita desde su silla, al otro lado de la habitación.
—¿Harás lo que sea, eh? Genial, porque voy a follarte duro. También vas a chuparme la polla, y si se te ocurre morderme o rasparme con los dientes, te destrozo el culo. ¿Entendido?
La cara del chico se puso roja mientras lloraba y nos suplicaba que no le hiciéramos daño, pero no sentí nada.
Nunca volverá a intentar violar a otra mujer.
Sí, me llevé a Gatita. La retuve contra su voluntad, pero siempre paraba cuando era demasiado para ella.
No la violé. La guiaba durante cada escena y la mantenía calmada.
Puede que la humillara un par de veces, pero ella también lo disfrutó, aunque nunca lo admitiría. Lo que hice estuvo jodido, pero la dejé ir.
Lo de Johnny era muy diferente. Para mí, no tenía ningún derecho a tocarla. Ella gritó que parara; forcejeó, lo empujó, y aun así él no se detuvo hasta que ella sacó el arma.
Lo que está a punto de soportar, se lo merece. Lo rodeé como un tigre listo para hundir los dientes en su presa. Seguía llorando, y a mí todavía me importaba una mierda. Me coloqué detrás de él y golpeé sus nalgas con el látigo.
—Quiero que me digas que lo sientes cada vez que azote tu patético trasero.
Zas. Zas. Zas.
Lo golpeé tres veces seguidas, con fuerza.
Su piel se volvió de un rojo brillante, con rayas de dos centímetros y medio de grosor donde había caído el látigo. Sus chillidos eran música para mis oídos, pero por suerte, esta habitación también era insonorizada, como la de Gatita.
—L-lo siento —gritó entre respiraciones—. ¡Dios, lo siento! ¡Lo siento mucho!
Le di cinco latigazos más hasta sacarle sangre. Cuando terminé, colgaba flácido de las cadenas, tosiendo y sollozando mientras los mocos le corrían por los labios y la barbilla.
Miré los empapadores que cubrían el suelo de madera. Se había meado encima. Justo como pensé que haría. Menos mal que coloqué los empapadores cuando lo hice. Podría matarlo sin una pizca de remordimiento, pero le prometí a Kitlyn que no lo haría.
Jacob se levantó de su silla cuando cayó el último golpe.
El bulto en sus pantalones era bastante evidente.
No sería la primera vez que lo veía tirarse a una de nuestras víctimas.
Normalmente le entregaba a esos desgraciados antes de matarlos, si eso era parte de nuestra misión.
A veces recibía instrucciones explícitas de hacerlos sufrir, y sufrían.
Jacob es tan sádico como yo, pero yo nunca metí mi polla en ninguno de nuestros objetivos.
No me interesaban los hombres, así que siempre le permitía ese placer.
Mientras el chico sollozaba, dirigí mi atención hacia mi socio.
—No lo mataremos. Es tuyo por el resto de la noche. Puedes limpiarlo, y luego te pertenecerá. Como esto es una venganza, veré las cámaras desde el ordenador.
Jacob parecía estar salivando. Es un hijo de puta sádico.
Sonreí con maldad.
—Dale lo que se merece. Úsalo y abusa de él a gusto. Quiero ver cómo le aplicas el castigo.
Jacob se acercó al chico débil y evaluó los daños. —No está sangrando tanto. Ya conozco tu trabajo, A. Esto es bastante leve.
Lo miré con una sonrisa. —Creo que lo que estás a punto de hacer sellará el trato. ¿Necesitas condón o ya verificaste su historial de salud?
Sonrió de oreja a oreja. —Verifiqué su estado de salud esta mañana. Tenía el presentimiento de que iba a follármelo esta noche. Está limpio, así que no hace falta condón. Ya sabes que me gusta ir a pelo cuando puedo.
El brillo malvado de sus ojos me confirmó que realmente disfrutaba con su trabajo. Me reí y le di una palmada en la espalda.
—Bien. Es todo tuyo entonces. Haz lo que quieras, pero no lo mates. Tiene un pequeño ángel guardián que me pidió que le perdonara la vida.
Salí de la habitación y me di otra ducha. Aunque no sangró mucho, no estaba seguro de si me había salpicado algún fluido, y no me la jugaba con esa mierda asquerosa. Siempre era mejor ducharse después de azotar o matar a alguien.
No importaba qué táctica eligiera; su sangre se derramaba igual. Después de secarme y vestirme por segunda vez esa noche, me dirigí a mi oficina y revisé las cámaras. Puse las imágenes de Jacob y el chico en mi dormitorio y la transmisión de la casa de Gatita.
Sé que no debería estar vigilándola, pero necesitaba asegurarme de que estuviera bien y a salvo.
Estaba sentada a la mesa de la cocina con Becca.
Su amiga no es mi persona favorita en el mundo, pero ya no tenía voz ni voto en la vida de Kit, así que tenía que aguantarme.
Estaban comiendo chino mientras reían y lloraban.
Becca no podía creer que Kit siguiera viva.
Lo repitió varias veces, como un disco rayado.
Charlaron sobre su calvario, pero sin entrar en detalles.
Kitlyn dijo que su secuestrador no era tan malo y que la había dejado ir.
Sonreí al escuchar ese pequeño fragmento de la conversación.
Me pregunté si lo decía en serio. Estaba siguiendo mis instrucciones, revelando muy poco sobre su calvario.
Qué buena chica. Mi buena chica.
Le mostró a Becca su muñeca, donde estaba implantado el dispositivo de rastreo. Saqué el móvil y abrí la aplicación de GPS. No se había quitado el del brazo, pero el del cuello seguía siendo un secreto, o se lo habría mencionado a su amiga. Me alivió que no hubiera descubierto su existencia.
Quiero vigilarla para evitar que vuelva a pasar lo de John. Un acosador y un violador en potencia, todo en una noche. ¡Vaya mala suerte! Parece que la calamidad la persigue.
Si tuvieran la oportunidad, muchos hombres la harían daño.
Aunque lo que hice estuvo mal, ella siempre estuvo a salvo conmigo.
Suelo ser honesto, pero insertar el rastreador en su cuello fue lo más inteligente.
No podré estar tranquilo sabiendo que está ahí fuera sin al menos algo de protección contra los depravados del mundo.
Me alegraba de que Kitlyn hubiera retomado el contacto con su amiga. Aunque yo no le habría permitido pasar tiempo con Becca porque creo que es una mala influencia para mi mascota, la liberé para que tomara sus propias decisiones, me gustaran o no.
Centré mi atención en la cámara de mi habitación. Jacob había limpiado al chico y quitado los empapadores de debajo de él. Había puesto tres nuevos en su lugar.
Sabía que el desgraciado la iba a pasar mal. Jacob era un sádico retorcido como yo. No se lo pondría fácil al chico. Tenía al médico en espera para remendarlo si hacía falta. Vería el vídeo para asegurarme de que el castigo se ajustara al crimen.
Quería venganza por mi mascota y necesitaba verlo con mis propios ojos. Le estaba perdonando la vida, así que necesitaba que le dieran una lección que nunca olvidaría, y convertirlo en chica por una noche era la venganza perfecta.
Cuando terminara su calvario, entendería perfectamente lo que es ser una mujer agredida sexualmente.
Ojo por ojo, eso digo yo. Jacob solo se acuesta con hombres cuando está en una misión.
Nunca hablamos a fondo sobre su orientación sexual, pero creo que disfruta de la depravación y que, por lo demás, solo le interesan las mujeres.
Ha tenido varias novias, así que eso supongo.
Le había mandado un mensaje a mi hermano Joey antes y le dije que no fuera a la casa; iba a hacer algo que no le gustaría. No tenía estómago para la tortura que infligía a mis víctimas, así que no me cuestionó ni me llevó la contraria.