Obsesión desquiciada (Serie Desquiciada nº 1) Capítulo 9
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Capítulo 9

Atlas

Ha sido un día largo entre lidiar con problemas del trabajo y el secuestro imprevisto de mi Gatita.

Me siento algo agotado. Debo admitir que es puro nervio, pero hay que reconocerle mérito a la chica.

Cualquier otra persona en su lugar habría cedido y obedecido para evitar los azotes y la humillación que recibió esta noche.

Cuando me quité la ropa, vi la conmoción y el miedo en sus ojos.

Quizá piensa que voy a follármela, pero nada más lejos de mi intención.

Aunque me encantaría probar ese coño y ese culo, necesito dormir, y ella también necesita descansar.

No puedo jugar con un juguete débil y cansado.

Parece una muñequita diminuta acostada ahí en mi cama gigante.

Mi pequeño juguete. La tomaré pronto, y vendrá a mí por voluntad propia después de que le muestre lo que es el verdadero placer.

Se volverá tan adicta a mí como yo lo soy a ella.

Llámame hijo de puta manipulador, pero haré lo que sea necesario para quedármela.

La llevaré a su habitación por la mañana.

Está diseñada para absorber sus gritos y cualquier otro ruido fuerte que pueda escapar de sus labios.

La habitación es femenina, con todo lo que una chica podría desear, pero con algunos añadidos para mi entretenimiento.

Mi habitación es exactamente igual que la suya.

Si traía a casa a una de mis putas, quería asegurarme de que nadie oyera sus gritos y llantos cuando nos poníamos manos a la obra.

No construí un cuarto de juegos en esta casa, pero los tengo en mis otras casas.

Cuando decidí secuestrar a Gatita, hice una réplica de mi habitación, que ya estaba equipada con todo lo que necesitaba. Por supuesto, la suya es más femenina, y las paredes son distintas a las mías. Quería que tuviera su propio espacio, pero jugaré con ella en cualquiera de las dos; me da igual.

Ambas están insonorizadas. Nadie a menos de tres metros oirá nada de lo que suceda tras las puertas cerradas. Hay hendiduras atornilladas en las camas para sujetarla y mantenerla quieta durante una sesión o un castigo. Las mías están cubiertas por ahora. Ojos que no ven, corazón que no siente.

Ella notará las de su habitación. En ambas, una cadena cuelga del techo y se engancha a un collar con dos aros metálicos en la parte delantera.

Queda a unos quince centímetros del suelo y puede ajustarse a cualquier altura.

Si quieres asesinar a alguien, puedes subirla hasta dejarla a ocho centímetros del techo.

La de mi habitación está recogida ahora mismo.

Ella no puede verla. También hay esposas de cuero, grilletes para los tobillos y todo tipo de juguetes sexuales guardados en los armarios de ambas habitaciones.

Tengo una pala, un látigo y una vara que compré solo para ella, escondidos en los armarios. He usado estos instrumentos con distintas mujeres a lo largo de los años para saciar mis oscuros deseos.

Algunas se fueron con verdugones severos por todo el cuerpo; otras sangraron para mí. Dependía de lo que le gustara a cada una y de hasta dónde me permitiera llegar.

La primera vez que hice sangrar a alguien, lo admito, me excitó muchísimo. Con el tiempo, tuve que aprender a controlar la fuerza de mis golpes para no dejarles la piel hecha trizas.

No odio a las mujeres, y nunca abuso de ellas.

Todo esto es una adicción sexual. Tengo un fetiche severo que incluye BDSM intenso. Es parte de quien soy, y el monstruo que llevo dentro necesita liberarse, o la violencia estallará en otra parte de mi vida.

Soy un sádico.

Fui directo y honesto con todas las mujeres con las que salí y con las putas a las que pagué.

Las avisé de lo que podían esperar. Nunca les di mimos ni atenciones después de una sesión.

Todas las putas pagadas se fueron con la cartera más llena.

Si la escena era con una mujer con la que salía, nunca la acurrucaba ni la hacía sentir mejor.

Si sangraba, la vendaba y llamaba a un Uber.

Eso era todo lo que podía ofrecer. Me importaba una mierda.

Siempre tenían una salida si cambiaban de opinión.

También seré directo con mi mascota. Para evitar más berrinches, quiero que sepa a qué atenerse.

Si va a recibir azotes en el culo, lo sabrá.

Tendría que ir despacio con la princesa de cabello oscuro acostada en mi cama. Destruirla no es el objetivo. La miré. Todavía gimoteaba. Me metí en la cama y la atraje hacia mi pecho. Se resistió, pero la advertí con una palmada en el trasero dolorido. Chilló y dejó de forcejear.

Mi voz era baja y calmada.

—Quizá este sea un buen consejo para ti, mascota. Más te vale intentar acostumbrarte a tu destino. En lugar de luchar contra mí, deberías hacer lo que te digo. Puede que así te resulte más placentero.

Sollozaba contra mi pecho, dejando un rastro de lágrimas húmedas en el vello.

Le acaricié la coronilla, tratando de calmarla.

La mantuve envuelta en la manta porque estaba desnuda y la temperatura rondaba los dieciocho grados.

Cuanto más frío, mejor para mí. Su habitación tiene termostato propio, así que puede ponerlo a la temperatura que quiera, a menos que haga algo que merezca disciplina.

Puedo usar la temperatura de su habitación como uno de sus castigos.

Todo depende de la gravedad de su comportamiento.

Cuando impongo un castigo, no se trata solo de azotes.

Hay mucha humillación de por medio. Prefiero con creces este método a golpear a alguien hasta someterlo.

No me malinterpretes: voy a disfrutar dejando marcas en su trasero; eso viene de mi lado oscuro y retorcido, pero los azotes no son la única forma de disciplina.

También los uso para mi propia gratificación sexual.

Tendrá que ser condicionada para ambas cosas. Le enseñaré a tolerar una paliza sin estimularla. Me aseguraré de que nunca disfrute solo de la correa o el látigo. Combinar el placer con el cinturón o el azotador tiene un efecto diferente en el cuerpo, un efecto adictivo, y ese es mi objetivo.

Seguí masajeándole el cuero cabelludo con firmeza, pero con suavidad.

Envuelta en esa manta, desprendía un calor intenso.

Me sentía como si estuviera pegado a un trozo de lava fundida mientras descansaba contra mí.

Pero no me importaba. Necesitaba esa tranquilidad después de un castigo tan duro.

Mi polla siempre se anima cerca de ella, pero aparté la mente de las partes más placenteras de su anatomía y me concentré en calmarla.

Necesitaba que se durmiera para poder descansar yo también. Usar la jeringa para dejarla inconsciente no era algo que quisiera hacer. Prefiero lidiar con ella despierta y alerta.

Después de unos veinte minutos, los sollozos cesaron. Sentí su aliento contra mi pecho. Por fin se había quedado frita. No me gusta especialmente dormir con nadie, pero esta chica era una excepción. Ahora que se había acomodado para pasar la noche, cerré los ojos y caí en un sueño profundo.

Atlas

Un movimiento en la cama me despertó. Miré hacia abajo y vi a mi pequeña prisionera con la cabeza apoyada en mi estómago. Me pregunté por qué había bajado tanto desde mi pecho.

Unos centímetros más abajo y estaría apoyada sobre mi polla. Imaginé lo que se sentiría follándole la garganta y esbocé una sonrisa de satisfacción.

Ni de coña voy a meterle la polla en la boca ahora mismo.

¡Seguro que me la muerde! La chica no está nada contenta conmigo, así que la mamada tendrá que esperar.

Le levanté la cabeza con cuidado de mi estómago y me escurrí fuera de la cama.

Está tumbada de lado, seguramente por los azotes.

Me da igual. En mi opinión, se lo merecía.

Volví a taparla con la manta, arropándola bien bajo su cuerpo menudo.

Necesito prepararme. Tengo que dejarla instalada en su habitación para cuando llegue el médico con el rastreador y el anticonceptivo.

Mi equipo médico lo forman el médico y una enfermera titulada.

Los dos están a sueldo para mi uso personal y para atender a los empleados que necesiten asistencia médica.

Las cosas pueden ponerse feas en este negocio, así que preferimos mantener un perfil bajo y pasar desapercibidos.

A veces acabamos liberando a algunos rehenes de una misión, y hacemos que el médico los examine antes de enviarlos.

No me meto en la parte del rescate de las mujeres y niñas víctimas de trata.

Mi trabajo es eliminar al objetivo, y luego los Servicios Sociales o alguna otra ONG se hace cargo.

No me interesa meterme tan a fondo en las operaciones.

Miro mi droga favorita. Mi maldita heroína líquida. Sigue dormida como un tronco. No tiene adónde huir si se despierta mientras me preparo.

No puede escapar de la habitación, y tiene los pies prácticamente inútiles ahora mismo, así que no me preocupa dejarla sin vigilancia mientras empiezo con mi rutina matutina.

Entré en el baño y me metí en la ducha. El agua fría me sentó de maravilla en el cuerpo sudoroso. Incluso con la temperatura fresca de la habitación, seguía teniendo calor. Supongo que soy de sangre caliente.

Voy a volver a su casa esta mañana antes de que alguien note que ha desaparecido.

Tengo que coger algunas cosas, incluido su gato.

No puedo dejar al animal allí muriéndose de hambre.

Quiero su móvil, su portátil y algo de ropa hasta que mande a mi hermano Joey a comprarle cosas a la mocosita esta semana.

También quiero información sobre el imbécil que intentó atacarla anoche. Va a pagar por agredir a mi chica. Todavía no sé cómo castigarlo, pero me aseguraré de que sufra. Matarlo no saciará mi sed de sangre.

Tengo otras formas siniestras de asegurarme de que reciba lo que se merece. En cuanto a mi mascota, obedecerá las reglas o pagará las consecuencias de sus actos. ¿De qué otra forma va a aprender?