Capítulo 1 #3
Pasé junto a ella y sonreí, admirando su largo cabello oscuro cayéndole hasta media espalda y esos devastadores ojos esmeralda.
Menuda combinación con esa piel tan clara y hermosa.
Es una belleza natural con un aspecto fresco y saludable, que es lo que me gusta: sin pestañas postizas ni maquillaje recargado.
He tenido muchas mujeres dispuestas en mi vida, pero me aburrían en cuanto me las tiraba. Necesito algo nuevo, y creo que mi mascota tiene lo que busco.
Yara me pilló mirando a la chica guapa y me dijo que metiera la polla en un cubo de hielo. Puso los ojos en blanco. —Te la quieres tirar, ¿verdad?
Le dije que era posible, pero que aún no estaba seguro. Si decidía ir a por ella, Yara sería de las primeras en enterarse.
Se rio de mí.
—Ya sé cómo eres con las mujeres. Te las follas y las dejas. Ve y fóllatela para quitarte el gusanillo y así podamos concentrarnos en el trabajo.
Sonreí y cambié de tema. No iba a hablar de mi vida sexual con mi colega. Sé que le gusto, pero no es mutuo. Trabajamos juntos, y punto. No cagas donde comes. Todavía no estaba obsesionado con Gatita... aún no. Reconocí a mi mascota del mercado, y cuando la vi en el restaurante, pensé:
¿Qué coño de casualidad es esta?
Todavía no la estaba siguiendo en ese momento.
La tercera vez que la vi fue en un club donde estaba rastreando a una de mis víctimas.
Él había entrado en el local la noche que ella estaba allí.
No podía creer que me la volviera a encontrar.
Algo saltó en mi cabeza cuando la vi coqueteando y bailando con todos esos parásitos.
Estaba con la misma amiga del restaurante. Esa noche iba vestida como una zorrita. Llevaba una minifalda, una camiseta de tirantes ajustada y sandalias de cuña baja. No podía quitarle los ojos de encima.
Fue entonces cuando me di cuenta de que la deseaba, y con todas mis fuerzas. Su ropa ceñida marcaba cada curva deliciosa de ese cuerpecito de infarto. Ese culo prieto, firme y redondo, listo para que mi mano lo azotara.
Me van los culos, en todos los sentidos.
Me la imaginé arrastrándose hacia mí a cuatro patas como una buena chica.
Pensé en adiestrarla para satisfacer mis necesidades sucias y pervertidas.
No podía quitarme ese pensamiento de la cabeza.
Solo imaginarla pasando por mi programa de castigo y recompensa me ponía a cien.
Se me estaba poniendo dura solo de pensar en todas las guarradas que podría hacerle a mi pequeño juguete sexual.
Tenía un buen par de tetas: llenas y redondas.
Calculo que es una copa C. Es menuda y muy curvilínea.
Estaba para comérsela, y no podía esperar a probarla.
Se me fue la olla pensando en ese bomboncito.
Casi pierdo a mi objetivo porque me pasé la noche mirándola embobado como un crío.
La observé riendo y bailando, pasándolo bien con su amiga. Estaba bebiendo, y me preocupé un poco. Todos los tíos andaban olfateando alrededor de las dos como una jauría de perros rabiosos. Me fui cabreando cada vez que bailaba con otros tipos.
Me costaba horrores mantener los ojos en mi bomboncito y en mi desafortunada víctima a la vez.
Estaba tan distraído que casi no muere esa noche.
Tenía que centrarme de una puta vez y prestar atención.
La vigilé toda la noche. Charlando y bailando como la mariposa social que era. Era la abeja reina de la pista.
Todos querían estar cerca de ella, especialmente los putos tíos. No los quería cerca. Yo era el único que iba a probar su miel, y no me gustaba compartir. Desprendía un morbo brutal y tenía una personalidad extrovertida.
Empecé a sospechar que algo iba muy mal en mi cabeza cuando otros tíos la miraban y yo quería partirles el puto cuello.
Sabía que nunca se quedaría conmigo por voluntad propia, especialmente cuando supiera las cosas horribles de las que era capaz, así que decidí que tenía que llevármela. ¿Quién iba a impedírmelo? Quería tenerla en mis garras y ver de qué pasta estaba hecha, así que empecé a acosarla esa misma noche.
Le puse un rastreador GPS en el paso de rueda trasero porque necesitaba saber dónde estaba en todo momento. La seguí a los clubes que frecuentaba, vigilé a los tíos con los que pasaba el rato e incluso sabía lo que hacía en su casa.
Cuando instaló las cámaras de seguridad, mi negocio me vino de perlas. Ordené a mi empresa que le hiciera un descuento enorme, sabiendo que firmaría el contrato con nosotros y no con la competencia.
Lo que le cobré por instalar cinco cámaras en su casa fue casi un robo.
Cuando mi hermano Joey vio la factura, me preguntó si el pedido era para una amiga o para alguien con quien me estaba tirando.
Le dije que no se preocupara y lo dejé estar.
Ella está convencida de que su acosador ha pasado página.
Eso es precisamente lo que necesito que piense. No podía seguir poniéndola nerviosa y empujándola a llamar a las autoridades cada dos por tres. Aunque no existo sobre el papel, aún necesitaba mantenerme alejado de la policía.
No quería que me cazaran, porque entonces tendría más cadáveres que enterrar. Rara vez asesino a policías, pero si vienen a por mí, no dudaré en eliminarlos. Mi objetivo no es acojonarla hasta la médula.
Mi intención es atraparla rápido y adiestrarla para que sea mía. Mis habilidades son de élite, y las he perfeccionado a lo largo de los años. Soy rápido y eficiente. Soy una máquina de matar. Mi pequeña mascota nunca tuvo ninguna oportunidad.