29
Whitt siguió hablando con Amy mientras yo anotaba en su libreta una lista de averiguaciones que quería hacer.
Necesitaba el nombre completo de todas las bilbis y sus antecedentes penales, y averiguar si era cierto lo del minero que no había pagado la cuenta.
En la enfermería me lo podrían confirmar.
Que Tori no se hubiera llevado la cartera y el móvil no era buena señal, pero lo que decía la chica sobre haber visto supuestamente el móvil en manos de una de las prostitutas del campamento tampoco era una pista lo bastante sólida como para tirar de ese hilo.
Caminé detrás de Amy y de Whitt, haciendo anotaciones a la escasa luz de las bombillas nuevas.
—Entonces, ¿esto es lo que haces todo el día... cambiar bombillas? —preguntó Whitt.
—Sí, un coñazo, ¿no? Es por las subidas de tensión, que son constantes. Cuando hay una se jode una línea y se funden todas las lámparas. —Mientras desenroscaba las bombillas, le corría el sudor por el cuello—. Sale más barato cambiarlas que arreglar la instalación eléctrica.
—En esta mina se hacen muchas chapuzas —comentó Whitt.
—No te voy a negar eso.
A medio camino, mientras caminábamos por aquel túnel apartado, nos topamos con otro que estaba cerrado con una valla de madera.
—¿Qué hay ahí? —Señalé a la oscuridad.
—¿Eso? —dijo Amy—. Es un túnel de exploración. Lo abrieron en busca de una veta de uranio, pero no encontraron nada.
—Parece peligroso —comentó Whitt haciendo un esfuerzo visual por distinguir algo en semejante negrura—. Ni siquiera está iluminado.
—¿Iluminado? Habría que taparlos, pero eso cuesta tiempo y dinero, tío, y a la directiva no le gusta derrochar. En vez de rellenar los túneles en desuso, los cierran.
—¿Entra alguien ahí?
—Uy, yo he visto a gente entrar —dijo Amy con una sonrisa pícara—. Es un buen escondite para darse el lote. Pero la mayoría sabe que no conviene adentrarse mucho porque es peligroso. Si en una de esas te llegas a tropezar, te das un mal golpe y te quedas inconsciente, nadie se enteraría.
—¿Cuántos túneles de estos hay? —pregunté.
—¡Vete a saber! Yo diría que decenas. Dicen que algunos tienen salida al desierto, pero igual es mentira.
—Un momento... —Paré en seco—. ¿Insinúas que cualquiera podría colarse en la mina desde el desierto si encuentra la boca de uno de esos túneles?
—Podría, pero nadie lo haría —respondió Amy mientras andaba—.
¿Quién iba a querer hacer algo así? Los túneles de exploración no están apuntalados.
La posibilidad de derrumbe es considerable.
Además, hay agujeros negros, túneles que de pronto pierden su horizontalidad y caen en picado.
Algunos tienen kilómetros de profundidad.
Amy se detuvo y contempló las bombillas que llevaba en las manos. Me pareció que el dolor y la tristeza se adueñaban de ella. Era una chica dura, pero frunció los labios un instante y supe que estaba haciendo un esfuerzo por reprimir pensamientos visiblemente aterradores.
—Espero que no esté en uno de esos pozos —dijo por fin, y me miró—. Decidme que no está en uno de esos pozos.