Capítulo treinta y nueve — El niño que dibujaba
CAPÍTULO TREINTA Y NUEVE
EL NIÑO QUE DIBUJABA
E n enero abrimos la caja de dibujos. No la llevamos al estudio, sino que la pusimos en la mesa de la cocina, con café, luz de mañana y la etiqueta todavía visible. Nicolás retiró el papel marrón mientras yo permanecía al otro lado, sin tocar.
Los primeros dibujos eran animales imposibles: un caballo con patas de más, un pez con alas, un elefante dentro de una taza.
Después aparecieron casas con ventanas en el techo, árboles azules y dos niños unidos a una nube por una cuerda.
Algunos trazos eran de Lucía; otros, de Nicolás. Muchos no podían atribuirse a ninguno.
—Mi madre guardó esto como si separar las líneas fuera otra muerte —dijo.
—No tienes que separarlas.
Encontramos un dibujo de Nicolás bajo una mesa. Al reverso, una letra adulta decía: Nico se esconde cuando Lucía duerme. Cerró los ojos, pero no apartó la hoja.
—Yo también estaba enfermo —dijo—. No como ella. De otra manera.
No intenté convertir la frase en interpretación; esperé.
Seguimos hasta encontrar el perro de seis ojos. En la parte inferior, Lucía había escrito: no muerde si le preguntas. Nicolás soltó una risa breve.
—Esto sí puede quedarse afuera —dijo.
Lo pegamos en la nevera. Los demás volvieron a la caja, separados por sobres simples: dibujos compartidos, dibujos atribuidos, sin atribución. Nicolás añadió otra línea a la etiqueta: NO DIGITALIZAR. DECIDIR DE NUEVO SI ALGUIEN PIDE ACCESO.
No hubo obra nueva esa tarde; tampoco una revelación sobre Lucía. Hubo un hombre mirando lo que había dibujado antes de aprender a convertir el dolor en lenguaje público, y una hermana muerta que por unas horas volvió a ser una niña capaz de inventar animales.
Dos días después regresé a Madrid. En el porche, Nicolás no me pidió una promesa.
—¿Vas a volver?
—Sí. No sé cuándo.
—Eso alcanza.
Mientras el auto bajaba por la carretera, vi la casa entre los árboles. Ya no parecía un lugar que exigiera ser descifrado. En su nevera, un perro absurdo recordaba que preguntar podía ser una forma suficiente de acercarse.