Capítulo 7
Thomas
E ntro en el ático con la chaqueta de traje sobre el antebrazo, la corbata floja y el pelo revuelto de tantas veces que me he pasado la mano por él.
Debería estar pletórico, aullando de pura alegría porque, al fin, después de casi dos años buscando a Row, he podido encontrarla. Y no solo eso. La he besado, y ha sido perfecto. Su boca seguía sabiendo a alcohol, y su olor… ¿Cómo es posible que haya echado de menos ese aroma a tabaco en su pelo?
En ese asqueroso callejón, frente a un asesino de niños semiinconsciente, durante unos minutos, todo volvió a ser perfecto. Sentí como si el tiempo no hubiese pasado entre nosotros, pero entonces regresé a la realidad, a una mucho más dura y desgarradora de lo que jamás podría haber imaginado.
La única manera de salvar a Melissa es dejar a esa pobre niña inocente en las manos de Walsh. Row nunca lo permitirá y sus hermanas tampoco. ¡Qué demonios! Ni siquiera yo sería capaz de hacer algo tan ruin. No podría vivir con ello.
Asciendo los escalones que llevan a la planta superior cabizbajo y arrastrando los pies. Se supone que ahora tengo que ir a ver a mi hermana y decirle que va a morir.
¡Maldita sea, no es justo!
Después de tanto esfuerzo, de tantas esperanzas invertidas… Ahora ya no tengo ni eso.
Durante los primeros meses, después de empezar a recibir el tratamiento con el suero que Walsh obtiene de mi sangre, Melissa empezó a mejorar, incluso llegó a levantarse de la cama y en un periodo breve de tiempo casi parecía que podría volver a ser la de antes.
Sin embargo, ambos éramos conscientes de que esa mejoría sería transitoria.
Un parche para su enfermedad. Poco después, volvió a empeorar.
Walsh aumentó la cantidad de suero que le suministra con la esperanza de que remontara, pero no pasó. Lo primero que empezó a fallar fueron sus riñones. Por suerte, pude donarle uno de los míos, no obstante, ni así fue suficiente. Solo otro parche más.
Nuestra última esperanza era encontrar a Row y a sus hermanas y hacerlas volver. Walsh no deja de decir que lo que necesita para la cura es algo que está en poder de las chicas, por supuesto, se le olvidó mencionar que ese «algo» no es más que una bebé inocente.
Tomo una respiración profunda antes de dar un paso al interior del dormitorio de Mel. La encuentro despierta, mirando un punto fijo en la pared. Antes pasaba las horas leyendo o viendo la televisión, pero ya hace tiempo que dejó de tener ganas y energía para otra cosa que no sea seguir respirando.
—Hola —me saluda nada más verme.
Trato de fingir una sonrisa, pero no me sale del todo.
—¿Cómo te encuentras? —pregunto.
Camino hasta ella, y tras besarla en la frente, tomo asiento en el sillón que hay junto a la cama.
—Creo que mejor que tú. Tienes un aspecto horrible, hermano.
La observo en silencio y me trago el nudo que se ha formado en mi garganta al pensar que no podré hacer nada para salvarla. Por primera vez en toda mi vida me estoy rindiendo, y no sé si voy a lograr superarlo.
Carraspeo y aparto la mirada para que no pueda ver las lágrimas que se acumulan tras mis párpados.
—Ha sido un viaje largo —digo con una voz que ni siquiera reconozco en mí.
—Ya… ¿La has visto?
Exhalo. Claro que la he visto. También la he besado. La tuve entre mis brazos y por un instante me creí el hombre más afortunado del jodido universo, pero ese mismo universo se encargó de lanzarme un puñetazo al estómago, escupirme en la cara y reírse de mí.
—Sí, la he visto —susurro.
—No va a volver, ¿verdad?
Alzo la cabeza y busco su mirada. Soy incapaz de contener el llanto cuando niego con la cabeza.
—Lo siento —sollozo, sujetando sus manos entre las mías.
—No pasa nada, Tom.
—¡Sí que pasa! Iba a salvarte, pero… —Me quedo sin aliento y más lágrimas descienden por mis mejillas—. Walsh quiere a la bebé. La única forma de salvarte es entregársela.
—¿El bebé de Neva? —pregunta, abriendo mucho los ojos.
—Es una niña, se llama Everly.
—¿La has visto?
—No. Row no confía en mí como para dejar que me acerque a ella, pero existe, y esa niña es la clave para tu salvación.
Mi hermana me aprieta la mano y esboza una sonrisa triste.
—Hermanito, yo ya estoy muerta. Si aún no me he marchado es porque tú me retienes aquí, pero estoy lista.
Sacudo la cabeza de un lado a otro, y tras ponerme en pie, me seco las mejillas de un manotazo.
—¡No! Hablaré con Walsh. Tiene que haber otra manera. Le daré más dinero, contrataré a los mejores científicos, la tecnología más avanzada…
—Ni se te ocurra. —La firmeza con la que pronuncia esas palabras me hace mirarla con sorpresa. Inspira hondo por la nariz y niega con la cabeza—. Es suficiente, Tom. Lo has intentado. Hiciste todo lo posible y lo imposible para salvarme, hasta renunciar a tu propia felicidad con Row, pero se acabó.
—No puedo dejarte morir —susurro con un hilo de voz.
—Lo harás, porque la alternativa es seguir ayudando a esa maldita loca y no lo permitiré.
Esto se acaba aquí. A partir de este mismo instante, dejas de ser un peón en las manos de Walsh y el presidente McCain.
Vas a buscar a Row y a sus hermanas y les ofrecerás tu ayuda para destruir a esa mujer que tanto daño les ha hecho.
Resoplo con fuerza y me cubro el rostro con ambas manos. Sé que lo que me pide Mel es lo correcto, pero… ¡Dios santo! Duele demasiado. No puedo renunciar a mi hermana.
—Y si…
—¡No! —grita—. Ve a buscar a la mujer que amas y olvídate de mí. Te lo suplico, Thomas.
Frunzo el ceño. Ella nunca me llama por mi nombre completo.
Regreso a su lado, y tras volver a besar su frente más tiempo de lo que nunca lo he hecho, doy media vuelta y salgo de la habitación sin mirar atrás, pero con el corazón hecho pedazos. No sé qué va a ser de mí sin Mel. Hasta ahora, ella ha sido todo mi mundo.
Me encierro en mi dormitorio y no tardo en quitarme la ropa y meterme en la ducha. Solo cuando estoy desnudo, bajo el agua caliente, soy capaz de soltar todo el dolor y la rabia que llevo años acumulando en mi interior.
Paso horas en la ducha, y al salir, con solo una toalla rodeando mis caderas, me dejo caer sobre la cama, agotado. Escucho cómo mi teléfono vibra sobre la mesita de noche y hago un esfuerzo para alcanzarlo.
Abro mucho los ojos al ver que me ha llegado un correo electrónico a la dirección que le di a Row. Contraté a un experto para que me consiguiera una línea de conexión segura y solo ella tiene ese contacto.
Lo abro con manos temblorosas y empiezo a leer.
De : Rowan Smith
Para : Thomas Hutcher
Asunto : TAL VEZ TE ECHO DE MENOS
Mensaje:
Querido señor Hutcher:
Es posible que recibir este correo sea una sorpresa para usted, pero me veo en la obligación de enviarlo porque usted dijo, y cito textualmente: «Si me echas de menos, háblame».
Con cariño,
Su Desconocida.
Se me escapa una sonrisa y sacudo la cabeza de un lado a otro. Solo ella podría escribir algo así, tan cercano e impersonal a la vez. Inspiro hondo y empiezo a teclear una respuesta a toda prisa.
De : Thomas Hutcher
Para : Rowan Smith
Asunto : Re: TAL VEZ TE ECHO DE MENOS – Puede que yo a ti también
Mensaje :
Querida Desconocida:
Efectivamente, su correo me ha sorprendido, aunque admito que es agradable volver a saber de usted.
Lamento si me he explicado mal. Lo que quise decir fue: «Si echas de menos mi polla, háblame».
Con el mayor respeto y cariño,
Thomas Hutcher.
Le doy a enviar y mi corazón empieza a latir a toda velocidad mientras aguardo su respuesta, que, como ya esperaba, no tarda en llegar.
De: Rowan Smith
Para: Thomas Hutcher
Asunto: Re: Re: TAL VEZ TE ECHO DE MENOS – Puede que yo a ti también – ERES UN PUTO SINVERGÜENZA
Mensaje:
Querido señor Hutcher:
Le agradezco que haya aclarado el malentendido.
Lamento comunicarle, no obstante, que sigo sin compartir su extraordinaria capacidad para convertir cualquier conversación aparentemente inocente en una indecente.
Empiezo a sospechar que es un talento innato.
Reciba un cordial saludo,
Su Desconocida.
Esta vez casi se me escapa una carcajada. Al menos, en este momento, aunque Row esté en la otra punta del país, la siento muy cerca. Tanto que casi hace que olvide que estoy a punto de perder a mi hermana.
De : Thomas Hutcher
Para : Rowan Smith
Asunto : Re: Re: Re: TAL VEZ TE ECHO DE MENOS – Puede que yo a ti también – ERES UN PUTO SINVERGÜENZA – Tienes toda la razón
Mensaje :
Querida Desconocida:
Permítame discrepar en un único punto. Yo no convierto las conversaciones en algo indecente. Simplemente observo lo que usted intenta esconder entre líneas.
Y debo decir que escribe con una caligrafía emocional bastante evidente.
Con el mayor de los respetos,
Thomas Hutcher.
Pd. Es una falta de respeto y educación usar mayúsculas en los «Asuntos».
Esta vez su contestación tarda unos pocos minutos en llegar. Me la imagino encerrada en su dormitorio, devanándose los sesos para escribir una réplica ingeniosa. Con la melena oscura sobre un hombro, descalza y con esa sonrisa que me vuelve loco tirando de sus comisuras.
De : Rowan Smith
Para : Thomas Hutcher
Asunto : Re: Re: Re: Re: TAL VEZ TE ECHO DE MENOS – Puede que yo a ti también – ERES UN PUTO SINVERGÜENZA – Tienes toda la razón – ME ENCANTA CUANDO ME DAS LA RAZÓN
Mensaje :
Querido señor Hutcher:
Mi única intención al escribirle era mantener una conversación educada y cordial.
Que usted decida leer segundas intenciones donde no las hay, escapa por completo a mi responsabilidad.
Le recomendaría descansar un poco. Tengo entendido que la falta de sueño altera el juicio.
Con el mismo cariño de siempre,
Su Desconocida.
Pd. ¿Sabes por dónde me paso el respeto y la educación?
Row nunca decepciona. Me planteo si terminar de una vez con este jueguecito o seguir un rato más.
Me encantaría poder contarle lo que estoy sintiendo ahora mismo. Que he perdido toda esperanza por poder ayudar a Melissa y no seguiré ayudando a Walsh.
Al final, decido continuar porque lo estoy disfrutando demasiado. Ya tendré tiempo para hablar de cosas serias después.
De : Thomas Hutcher
Para : Rowan Smith