Número Equivocado Capítulo 20 Ya eres parte de mi día
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Capítulo 20 Ya eres parte de mi día

Jueves, 31 de julio 19:54

Danna salió de la biblioteca con una mochila llena de apuntes y la cabeza completamente agotada.

Había pasado casi toda la tarde estudiando.

Miró el móvil.

Ninguna notificación.

Guardó el teléfono en el bolsillo y comenzó a caminar hacia casa.

Cinco pasos después volvió a sacarlo.

Nada. —Estoy perdiendo la cabeza... —murmuró entre risas.

En cuanto llegó a casa, dejó la mochila en el suelo y fue directa a su habitación.

Todavía nada.

Justo cuando iba a ponerse el pijama, el móvil vibró.

Una sonrisa apareció en su cara antes incluso de leer el mensaje.

Andrés: Perdón por tardar.

Danna: ¿Sabes la cantidad de veces que he mirado el móvil?

Andrés: Déjame adivinar…

Andrés: ¿Cincuenta?

Danna rió.

Danna: Más.

Andrés: Entonces tengo que pedirte perdón dos veces.

Danna: Puede ser.

Andrés: Hoy he ayudado a mi padre en la tienda y hemos terminado mucho más tarde de lo normal.

Ella sonrió.

Cada vez le gustaba más que Andrés le contara esas pequeñas cosas de su día.

Sentía que, aunque estuvieran lejos, formaba parte de él.

Después de un rato hablando, Andrés escribió:

Andrés: ¿Sabes qué he pensado hoy?

Danna: A ver…

Andrés: Que ya formas parte de mi rutina.

Danna sintió un pequeño vuelco en el pecho. Leyó el mensaje una segunda vez.

Danna: ¿Rutina?

Andrés: Sí. Andrés: Cuando me pasa algo, lo primero que pienso es en contártelo.

Danna apoyó el móvil sobre las piernas.

No sabía cómo responder.

Porque a ella le ocurría exactamente lo mismo.

Danna: Creo que a mí también me pasa.

Andrés tardó unos segundos.

Andrés: Entonces ya somos dos.

La conversación siguió entre bromas. Hablaron de cómo sería tener que explicarles a sus amigos que se habían conocido por un número equivocado.

Danna: No me creerían.

Andrés: A mí tampoco.

Danna: Pensarían que me lo estoy inventando.

Andrés: Pues es la mejor historia que tenemos.

Danna sonrió.

Danna: Eso sí.

Pasaron unos minutos.

Después Andrés envió una foto.

No era una foto suya.

Era una taza de chocolate caliente con un trozo de tarta. Andrés: Mira dónde estoy.

Danna: ¡Qué buena pinta!

Andrés: Lo mejor es que hay otra taza delante de mí.

Danna levantó una ceja.

Danna: ¿Y eso? Andrés: Porque, por un momento…

Imaginé que estabas aquí.

Danna sintió que el corazón se detenía un instante.

Miró la foto otra vez.

Se imaginó sentada frente a él.

Hablando.

Riéndose. Sin una pantalla de por medio.

Por primera vez, aquella idea no le dio miedo.

Le dio ilusión.

Antes de despedirse, Andrés escribió:

Andrés: Tengo muchas ganas de que llegue el día en que no tengamos que imaginar estas cosas.

Danna sonrió mientras escribía.

Danna: Llegará.

Andrés: ¿Lo prometes?

Ella respiró hondo.

Y respondió.

Danna: Lo prometo. Apagó la pantalla del móvil.

Miró por la ventana.

Y se dio cuenta de que ya no esperaba un mensaje por costumbre.

Lo esperaba porque, sin darse cuenta, Andrés se había convertido en una de las personas más importantes de su día.