Nueva Vida CAPÍTULO 27
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CAPÍTULO 27

Estaba comenzando a anochecer y, a través del balcón del apartamento, la brisa mediterránea entraba tímidamente y se deslizaba por todo el apartamento, con la sutileza y cautela de un gato cuando entra en una casa nueva, inspeccionando cada rincón sigilosamente, a la vez que impregnaba de un aroma salado y fresco aquel trozo de nuestro exilio.

Desconozco cuántos días pasé desconectado de todo aquel jaleo de gente en la playa, de familias escandalosas y de vida nocturna todavía más sonora e inagotable, que hacía que aquella pequeña localidad de la costa barcelonesa incrementara su número de habitantes de forma espectacular en verano.

Raquel estuvo todo el tiempo al margen, dejándome que asimilara lo acontecido poco a poco.

Y se lo agradeceré eternamente. Sabía que en cierto modo estaba actuando de una manera autista, cuando jamás había sido así y ella no tenía culpa alguna.

Pero necesitaba un silencio, tanto interno como de los demás hacia mí, para intentar dar un motivo a todos aquellos sucesos.

Le di muchas vueltas a todo, pero siempre llegaba a un punto en que me perdía, o me faltaban datos, o simplemente mi cabeza decía «basta» y quería volver a mi condición de humano, mortal, simple y sencillo, como siempre había creído que era.

Pero eso era ya algo imposible, así que, una vez había anochecido, mientras seguía absorto mirando a la luna llena delante de mí y su perfecto reflejo en el mar, decidí que lo mejor era no preguntarse por qué, sino solucionar aquella absurda situación de miedo a que nos encontraran, a buscar una estabilidad y un final a una historia que no podía continuar así.

Raquel se sentó a mi lado en la terraza, mirando ambos al horizonte, a aquella luna capaz de hipnotizar con tanta facilidad y que conseguía en ocasiones que olvidaras hasta quién eres, dónde estabas o qué día era.

Puso su mano sobre la mía. Con mucha suavidad y tacto primero, para después apretarla con firmeza, pero sin fuerza, mostrando su apoyo y comprensión dentro de un silencio perfecto.

Se giró para mirarme a la vez que me giré yo hacia su cara.

Apenas nos separaban unos centímetros y nuestros ojos se miraron fijamente.

–Esto debe terminar. No tiene ningún sentido escondernos y seguir así. Tarde o temprano nos encontrarán. ¿Y entonces qué? –Le dije.

–Precisamente de eso quería hablarte, Xavier –respondió ella.

Su cara reflejó cierta preocupación, aunque la voz seguía calmada. Intuía que algo había cambiado y en unos segundos se esclarecería ese misterio que acababa de entrar en juego.

–Tengo una amiga, Viliih. Ella también es una vampira como nosotros, Xavier.

También fue capturada por Remus hace muchos años, pero logró escapar ya que en aquellos tiempos la seguridad era mucho más precaria y ella es una persona muy astuta y tuvo la paciencia necesaria para poder llevar a cabo un plan para huir –su voz se paró, aunque sabía que la historia sólo acababa de comenzar.

–Te escucho –le dije, mientras cambiaba mi posición para estar de frente a ella.

–Viliih fue perseguida por Remus durante muchos años por toda Europa.

En aquel entonces, te hablo de hace casi doscientos años, el transporte no era ni por asomo como ahora, y la red de informadores de Remus era muy buena, ya que no estaban tan diezmados como actualmente.

Finalmente consiguió zafarse de sus perseguidores y ocultarse en una elena que pertenecía a la red de confianza de Edward.

Allí se ocultó y explicó su historia al párroco local.

Estaba en una pequeña localidad próxima a Lyon, y enseguida se pusieron en contacto con Edward para saber qué hacer.

A las dos semanas se presentaron tres hombres en aquella pequeña iglesia.

Eran Edward y dos de sus lacayos, también vampiros.

Teóricamente venían a recogerla para llevársela e interrogarla para saber qué había sucedido.

Pero Edward tuvo el gran error de infravalorar a Viliih.

Desconocía su capacidad de no sólo comunicarse telepáticamente sino también de entrar en la mente de la gente, vampiros incluidos, y adivinar qué pensaban.

Aquello fue fundamental para que Viliih pudiera salvar la vida, ya que pudo averiguar que Edward no había llegado para rescatarla sino para ejecutarla.

Existe un código interno, Xavier, como tú ya debes saber.

Son como una especie de leyes, de reglas entre vampiros.

Algunas son más permisivas que otras, pero las hay realmente absurdas y crueles.

Y una de ellas es que, si has sido capturada por los licántropos, dejas de pertenecer a la comunidad y, lo peor de todo, dejas de ser una persona de su confianza, perdiendo toda credibilidad.

Para ellos significa que puedes ser un espía, un traidor, y el castigo por regresar vivo de tal captura es la muerte. Sin excepción.

Creo que es importante que consideres esta información ya que, como tú sabes, no sólo nos estará buscando Remus y los Vahu, sino que también Edward y los suyos están ahora mismo intentando localizarnos. Eso no nos deja más que una salida posible.

–¿Sólo una salida? No te entiendo –le dije–.

Si no podemos regresar con ninguno de los dos bandos, sólo se me ocurren dos posibilidades.

Una es enfrentarnos, lo cual significa un suicidio y muerte segura, sea quien sea a quien nos entreguemos.

Otra es seguir ocultándonos. Y te aseguro que ninguna de las dos me es atractiva.

En caso de escoger, de hecho, prefiero la primera que no estar huyendo como ratas.

–Debes abrir más los ojos, Xavier. Viliih se ha puesto en contacto conmigo y me ha dado una información bastante valiosa.

Ella no es la única que ha sufrido así. De hecho, hay una pequeña comunidad al margen que creo que puede ser de tu interés, al menos conocerlos.

Además, esta ya no es una ciudad segura.

–¿Por qué no? Llevamos mucho tiempo tranquilos y parece un buen sitio para estar al menos unos meses más –respondí.

–¿Realmente conoces la historia de Edward? ¿Sabes quién fue, quién es? Me parece que o tu mente no es demasiado espabilada o quizás no quieras o entiendas todavía la magnitud de todo esto –replicó ella.

–Explícate entonces –le espeté.

–Recuerda tu sueño. Aquel que me contaste en el que viste a Edward en una localidad desértica, predicando ante tanta gente, el sacrificio, etcétera –dijo con cierto sarcasmo.

–Sí… –Mi intriga crecía, aunque algo comenzó a despertar en mi mente, quizás porque en cierto modo estaba adivinando lo que Raquel intentaba explicarme.

–Sólo tienes que analizar un poco la historia de la humanidad, los últimos dos mil años, Xavier.

Ata cabos. Puede ser rocambolesco y me cuesta creer que no hayas llegado a la conclusión tú sólo todavía, pero el caso es que de todas maneras lo sabrás tarde o temprano, y ahora es vital que conozcas ciertos aspectos de la sociedad humana y la relación que los vampiros han tenido con ella.

Es mucho, muchísimo más estrecha y rara de lo que te puedas pensar.

Dime. ¿Cuál crees que es la empresa más grande del mundo?

¿Quién crees que maneja la mayor cantidad de dinero o tiene más propiedades en todo el planeta?

¿Quién crees que domina a más gente de una manera total y aparentemente inocente?

¿Quién ha tenido durante muchos años en gran cantidad de países una inmunidad mayor incluso que los reyes?

Sólo hay una respuesta: la Iglesia. Y en especial la religión católica.

Es un gran negocio, amigo mío, redondo hasta hace bien poco.

Piensa en la cantidad de templos, de sacerdotes, de fanatismo que existe alrededor de «Dios».

El hombre, como animal racional, necesita unas creencias que la Iglesia le proporciona.

Y durante siglos los sacerdotes, obispos y demás han dominado el mundo. En todo el planeta.

Edward fue muy inteligente, y a su vez tuvo una gran suerte.

Consiguió lo que nadie imaginaría, ni el mejor director de cine fantástico.

Consiguió que la gente creyera en él, forjó un mito, creó una ideología.

Dio a la gente algo en que creer, una solución a la gran duda existencial, una religión a la que siguen millones de personas en todo el mundo.

Lo que tú soñaste es exactamente lo que pasó, Xavier.

Edward es Yoshua, el «hijo de Dios», según se autoproclamó.

Se dio cuenta de que la mente humana tenía esa carencia y necesidad y que así podría controlar a los humanos de una manera fácil.

Hizo construir templos dedicados a él mismo derramando sangre humana en ellos, muriendo infinidad de gente en aquellas construcciones monumentales.

Templos regentados inicialmente por vampiros, por subordinados suyos, mientras recaudaban cantidades inimaginables de dinero a costa de vidas humanas.

Todos estos siglos los humanos han estado siendo engañados por monstruos, han sufrido sus cóleras y exterminios masivos como, por ponerte un ejemplo, la famosa peste en la Edad Media.

No fue más que una época de descontrol de varios grupos de vampiros que tardó en solucionarse.

Piensa en ello, Xavier. ¿Quién se dedicaba a escribir la historia antiguamente?

Los sacerdotes, los clérigos y monjes escribanos.

Todos metidos en el mismo clan, en la misma mentira.

Sólo así podían pasar de generación a generación humana una misma ideología.

Sólo así podrían mantener su secreto a la vez que se exponían con total inmunidad ante sus propias víctimas.

Es el colmo de la hipocresía, lo sé. Es algo tan sumamente cruel y retorcido que incluso merece un elogio y un aplauso, pues sinceramente a mí no se me hubiera ocurrido por mucho que me esforzara.

Pero ahora mismo no podemos cambiar ese pasado. Es imposible que se pueda desvelar todo esto ahora, ¿o no?

Estamos en un siglo que ha cambiado tanto la mentalidad de la gente, que ha avanzado tanto en tecnología, que incluso vampiros y licántropos temen ya por su supervivencia.

Saben que les queda poco tiempo de reinado y se nota en sus acciones, se puede incluso oler ese temor a ser extinguidos, a que los humanos descubran todo y se rebelen.

Es algo poco probable, pero posible, Xavier.

Y Viliih es una de las personas capaces y deseosas de que todo ese movimiento comience lo antes posible.

Me quedé paralizado. No me esperaba la historia, aunque aquel sueño supe en su día que algo quería decir, no quise –supongo que inconscientemente– darle más vueltas y buscarle un significado más profundo, pues al fin y al cabo había sido un sueño.

Pero en cierto modo me reconfortaba el saber que estaba en lo cierto y que mi mentalidad, mi manera de pensar jamás había estado demasiado desviada de la realidad.

Siempre, desde bien pequeño, tuve una actitud un tanto repelente hacia la Iglesia.

Si bien es cierto que cuando uno llega a una edad adulta comienza a hacerse preguntas existenciales, es inevitable que surja el tema sobre un ser superior, y la gente débil se deja embaucar por las Iglesias y sus falsos dioses, pues los hay de todas las formas y colores, aunque ahora sabía que todos llegaban al mismo, a la misma persona: Yoshua. Edward.

Yo siempre tuve la convicción de que uno mismo es quien se forja su propio camino mediante las decisiones que se van tomando a lo largo de la vida, y que es imposible que alguien exista por encima de nosotros y decida nuestro destino.

Sí, sin embargo, creo en la suerte, en las casualidades, o mejor dicho causalidades.

Cada acto que realizamos, por pequeño que sea, siempre repercute en nuestro destino de una manera u otra, más temprano o más tarde.

Así pues, el conocer de aquella manera tan repentina e inesperada que toda la historia reciente de la humanidad que aprendí siendo niño era una gran mentira no llegó a decepcionarme tanto como quizás hubiera debido ser, aunque sí me cogió por sorpresa.

Es como cuando sueñas algo y luego se hace realidad.

Ya dicen que la realidad siempre supera a la ficción…

Aquel descubrimiento ponía de manifiesto que siempre que estuviéramos cerca de una iglesia, templo, ermita o cualquier edificio religioso, este podía estar vigilado por un vampiro que, camuflado entre la sociedad, hacía vida normal con el resto del pueblo o vecindario.

Un ser despiadado que no dudaba en mostrar su cara amable y dulce con los ancianos y niños, que prometía una vida eterna al lado de un Dios inexistente como tal, pero que en verdad era la peor de las pesadillas.

Y por ahí fue donde Raquel mostró la preocupación que descubrí en su rostro antes de que me explicara aquella dantesca historia.

–¿Crees que alguien nos ha delatado? –Le pregunté sin dilación.

–Es posible. Tengo una extraña sensación de que nos están acorralando y que debemos salir cuanto antes de aquí. Viliih me ha proporcionado una dirección segura donde podemos encontrarnos con ella y a partir de ahí actuar. –¿Actuar? –Pregunté, curiosamente sorprendido.

–Sí. Ha llegado el momento, Xavier. No estamos aquí ni somos lo que somos por mera casualidad. Todo tiene un motivo y un momento. Y este es el nuestro. Por fin llegó –dijo ella, con una sonrisa e ilusión como quien ve la solución a un problema eterno justo delante de sí mismo.

Raquel tenía todo recogido, lo esencialmente necesario.

Es decir, pasaportes, tarjetas de crédito y algo de ropa ligera.

Con una pequeña maleta era suficiente. Aquella misma noche abandonamos el apartamento, dejando una nota a los propietarios, agradeciéndoles su hospitalidad y el importe del alquiler por el total del contrato en un sobre cerrado.

La luna seguía llena y brillante como nunca, apenas unas finas nubes conseguían tapar su esplendor.

Al salir a la calle y sentir su luz y la brisa marina en mi rostro, experimenté una sensación de libertad y renovación total que despertó de nuevo mi espíritu de aventura y venganza por todo lo vivido.

Estaba listo y decidido. Ya nada podría pararme.