Nuestro secreto Capítulo 25
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Capítulo 25

Al otro lado del cristal una mujer cogió con firmeza el telefonillo que nos mantendría en contacto. Respiró con dificultad antes de devolverme el saludo.

—Cuánto tiempo, dulce Violet.

—Hola Victoria.

Ella se quedó cruzada de brazos e intentó acomodarse en el respaldo de su silla.

—Me alegra ver que hice algo bien —miró mi mano, que seguía vendada.

Después de todo lo pasado, seguía siendo cruel.

Yo hice lo mismo al mirar la silla de ruedas en la que se encontraba. Su tono de diversión acabó rápidamente.

—Vengo a despedirme y a preguntarte, ¿por qué?

—¿Por fin saldrás de Lynchburg? —evitó mirarme directamente a los ojos.

—Exacto.

—¿Doug irá contigo?

Le iba a dar el último placer que le haría sonreír durante unas horas antes de que alguna enfermera de prisión le cambiara el pañal.

—No. Él se quedará aquí. ¿Por qué Victoria? ¿Por qué ese odio hacia mí?

—Dile que venga a verme.

Acepté con resignación que nunca obtendría respuesta por su parte. Tendría que aceptar que hay cosas que no tienen explicación.

—Adiós, Victoria. Espero que nunca olvides el daño que has hecho. Que el mismo te persiga toda la vida.

—¿Olvidar? No pienso olvidarte Violet. Ni a ti ni a Doug. ¡Díselo! Dile que venga a visitarme.

—Te odia. Mataste a su padre. Más vale que no vuelvas a encontrarte con él de frente.

—Sabes que del amor al odio hay un paso.

Me callé, podría decirle de todo, pero no tenía ningún sentido aquel ritual tan doloroso. Sentía que me ahogaba, no podía más. Di media vuelta y con mi maleta a cuestas, me alejé lo más rápido que pude de mi pasado.