Nuestro juego ganador Capítulo extra — Taylor #2
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Capítulo extra — Taylor #2

Antes de darme cuenta, estamos dentro del gran baño, completamente desnudos y lavándonos los cuerpos mutuamente, como parte de nuestros preliminares.

Hunter me besa con fuerza después de ayudarme a aclararme el pelo, y gimo contra su boca.

Su polla roza la mía y no puedo resistirme a deslizar la mano entre nosotros para acariciarnos a los dos a la vez.

Hunter gime y suelta mi boca para observar lo que hago, pero cuando las manos de Laila se unen al juego, gemimos al unísono.

Cuando ella se agacha y pasa la lengua justo donde se juntan nuestras dos pollas, estoy a punto de perder el control.

Por suerte, Hunter debe de sentir lo mismo, porque gruñe y se aparta bruscamente.

—Nadie se corre demasiado pronto —ordena, y luego cierra la ducha detrás de mí—. Ve a buscar el arnés, Jaan.

Podría jurar que las pupilas de nuestra chica se agrandan aún más ante la petición, y ella solo asiente, agarra una toalla y sale corriendo por la puerta.

No me da tiempo ni a reírme porque Hunter me agarra de nuevo, pero esta vez nos saca del baño. Cuando me presiona contra el lavabo y me muerde el labio con fuerza, suelto un gemido especialmente fuerte.

—¡Joder, qué sexy! —dice, y le dedico una sonrisa sucia—. Ve a esa cama ya antes de que te ponga de rodillas aquí mismo.

Da un paso atrás y me suelta. Ver sus abdominales marcados, sus muslos gruesos y perfectamente tonificados, sus brazos fuertes y su polla completamente dura es inmoral. Debería ser ilegal estar tan bueno.

—¡Taylor! —me llama cuando nota que me he quedado embobado, y me río antes de alejarme por fin e ir a la cama.

Las camas, en realidad, porque habíamos pedido que juntaran dos de matrimonio para que cupiéramos los tres.

Laila ya nos está esperando allí, arrodillada en el colchón, con el arnés y el juguete a su lado, y prácticamente vibrando de anticipación.

Esto iba a ser muy, muy interesante.

Me arrodillo a su lado y la beso profundamente, hasta que la siento derretirse en mis brazos, y por fin podemos empezar a divertirnos.

Hunter

Me quedo un momento contemplando a mi novio y mi novia besándose antes de unirme por fin, colocándome detrás de Laila. Ella gime cuando le agarro los pechos y la aprieto contra mi pecho. Mi polla se acomoda perfectamente entre las nalgas de ese culo increíble.

Le masajeo los pechos mientras le voy dejando besos y mordiscos por el cuello y el hombro. Sé el momento exacto en que Taylor le mete los dedos en el coño porque ella mueve las caderas automáticamente contra mi pelvis. Levanto la mirada hacia mi novio.

—¿Está mojada ya nuestra chica, mi amor? —pregunto.

—Empapada. Y apretándome los dedos dentro de ese coñito —dice Taylor sin dejar de moverlos. Laila ya está jadeando.

—Me pregunto si se merece correrse antes de follarte —digo, y me encanta la sonrisa diabólica que esboza el jugador. Se inclina y muerde uno de los pezones de Laila antes de responder.

—No lo sé, quizá necesite oír una vez más que es nuestra... —murmura contra sus labios, y gruño de satisfacción.

Llevo una mano a su garganta y aprieto como sé que le gusta. A estas alturas, mi novia ya se frota el trasero contra mí sin control alguno, gimiendo bajito.

—Soy toda vuestra. No paréis, por el amor de todos los dioses —suplica, y le dejo otro mordisco en el hombro izquierdo.

—¿Solo nuestra? ¿Nuestra para amar y admirar? ¿Nuestra para follárnosla duro hasta que te fallen las piernas? ¿Nuestra para hacerte gritar como la buena perra que eres? —pregunto, y se estremece. Taylor tiene uno de sus pechos en la boca, pero no me quita los ojos de encima, totalmente de acuerdo.

—S-sí —murmura, desesperada, pero dejo escapar un «tsk tsk» de desaprobación.

—Más alto —ordeno, y le doy una palmada fuerte en el trasero.

—¡Sí! ¡Sí! ¡Joder, eso! —repite, echando la cabeza sobre mi hombro. Taylor se ríe y le cubre la boca con la suya, y solo cuando la suelta murmura sobre sus labios:

—Entonces córrete para nosotros, preciosa —exige, y Laila gime y maldice.

No necesito ver para saber que ha intensificado el toque en su clítoris.

Le doy otra palmada en su delicioso trasero y nuestra novia por fin grita, mezclando nuestros nombres con todos los dioses y un montón de maldiciones.

Le acaricio el cuerpo y la dejo disfrutar hasta el último segundo de la montaña rusa del orgasmo.

Taylor hace lo mismo, pero también se inclina para besarme.

Cuando siento que sus piernas vuelven a estar firmes, la suelto, pero no la dejo alejarse.

—Quédate así. Taylor va a ponerte el arnés —le informo, y el jugador empieza en ese mismo instante.

—Y luego, mi amor, voy a prepararte el trasero para recibirme, y tú vas a hacer lo mismo con Tay. ¿Trato?

—S-sí —le muerdo el hombro en una reprimenda silenciosa que la hace completarlo—. Sí, señor.

Sonrío y beso el mismo lugar que mordí.

—Buena chica.

Me alejo un momento solo para coger el lubricante de la maleta. Cuando vuelvo, Laila ya lleva puesto el arnés y Taylor la está besando. Me coloco detrás de ella otra vez y me echo un poco de lubricante en los dedos antes de pasarle el bote.

—Levanta ese trasero más para mí, mi chica sucia —exijo, y obedece al instante.

—Y Tay, mi amor, ponte a cuatro patas.

El jugador me guiña un ojo y le da un pico a Laila antes de obedecer.

—Ahora, cariño, voy a usar solo un dedo para prepararte, como he hecho antes, pero tú puedes usar dos con Taylor, porque tu mano es más pequeña.

Y no escatimes con el lubricante —explico mientras deslizo un dedo hacia su trasero, que se contrae expectante.

Cuando consigo meter dos dedos dentro de ella, le doy una nueva instrucción:

—Ahora curva los dedos hacia abajo mientras entras y sales, como hizo él antes con tu coñito.

Sé que ha seguido mis instrucciones porque Taylor gime, y sonrío.

—Así sabes que has dado con la próstata. Tiene un efecto parecido a cuando te tocamos el clítoris —explico, y ella repite el movimiento. Taylor deja caer la cabeza hacia delante y se arquea más. No puedo resistirme y estiro el brazo lo suficiente para darle una buena palmada en el trasero.

—Este chico sucio ya está listo —digo, y la siento estremecerse—. Y tú también.

Cojo un poco más de lubricante y me lo extiendo por toda la polla, teniendo que controlarme para no empezar a pajearme porque la excitación está a punto de explotar. Hago que Laila lubrique también el pene de goma.

La veo acariciarle el trasero antes de darle un golpecito y preguntar:

—¿Puedo follarte?

No puedo evitar una risita, y Taylor tampoco, pero él gira la cabeza para mirarla.

—Puedes, Meri Rani. Soy todo tuyo —su respuesta hace que Laila se muerda el labio inferior y sonría.

Cuando empiezo a entrar en ella despacio, ella hace lo mismo con Taylor, y nos convertimos en una mezcla de suspiros y cierta tensión que viene de Laila. Es especialmente tortuoso para mí, porque cuanto más tensa está, más se aprieta alrededor de mi polla, y me está volviendo loco.

—Joder, qué bueno. Ya puedes moverte, mi amor —dice Taylor, y la chica por fin se relaja.

La dejo marcar el ritmo, y es jodidamente fascinante, porque mientras lo folla a él, también me folla a mí, y es simplemente demasiado bueno.

Pero no puedo aguantar esta tortura mucho tiempo, así que cuando veo que ya lo domina perfectamente, le aprieto el pecho derecho entre los dedos y le murmuro al oído:

—¿Lo estás disfrutando, mi amor? ¿Disfrutas sabiendo que el placer de Tay está completamente a tu merced?

—Joder, sí —me asegura, y sonrío. Pasa una mano por la espalda del hombre de piel oscura y lo araña con fuerza, arrancándole gemidos y dejando preciosos rastros blanquecinos. Taylor empuja el trasero hacia atrás con más fuerza contra su ingle.

Me río, orgulloso.

—Sabía que te gustaría. Pero ahora que te he enseñado, hagámoslo a mi manera, ¿vale? Túmbate sobre él.

Laila se muerde el labio y Taylor gruñe frustrado cuando el movimiento se detiene unos segundos, pero enseguida los dos están como los quiero: el jugador tumbado boca abajo en la cama, y Laila encima de él. Me relamo, maravillado ante la vista, y vuelvo a mi lugar dentro de Laila.

Los tres gemimos a la vez, y entonces por fin puedo hacer lo que quiero: follármelos duro.

Laila

Joder.

Joder.

Joder.

Van a volverme loca.

Hunter me folla a un ritmo enloquecedor, y perfecto, de fuerza y velocidad, que se replica en Taylor. De propina, el arnés también me roza el clítoris, y soy incapaz de quedarme callada. Gimo, jadeo y suelto pequeños gritos mientras un orgasmo muy potente va creciendo dentro de mí.

Clavo las uñas en los brazos de Taylor, como si eso pudiera contener la presión que crece en mi vientre. No funciona, pero sé que a él le encanta, así que no paro.

Hunter me da tres azotes que me arden en el trasero, que me hacen maldecirlo, pero me dejan aún más cerca del cielo.

—Joder, voy a correrme —advierte Taylor, y esbozo una sonrisa satisfecha.

—Córrete, mi amor. Córrete en mi polla mientras tu novio me folla hasta el fondo —no puedo resistirme a decirlo, y Taylor gruñe mientras Hunter se ríe detrás de mí.

—Eso es, córrete gritando nuestros nombres, ya que hoy eres nuestra pequeña zorra, Taylor Carter —añade el rubio, sin perder la fuerza de cada embestida contra mi culo.

Observo cómo Taylor entierra la cara en el colchón, a un instante de alcanzar el paraíso, pero no quiero perderme esta imagen, así que le agarro el pelo con fuerza y le hago girar el cuello para que me mire.

—Córrete mirándome, Taylor. Ahora —digo, y es suficiente para él. Nuestro novio gime y maldice, pero obedece la orden anterior y también grita nuestros nombres, dejándome extasiada.

Al minuto siguiente, Hunter ya me está atrayendo hacia él y deshaciendo las hebillas del arnés en mi cintura. También sale de mí y estoy lista para quejarme, especialmente cuando se baja de la cama y rodea hasta mi lado, llevándome con él.